La compra de Electronic Arts por parte del fondo soberano saudí PIF sorprendió a jugadores y analistas. Fue una operación que superó los 55.000 millones de dólares, cifra que convierte a EA en una compañía privada y la coloca bajo el control directo de Arabia Saudí. Aunque todavía queda un tiempo para que la operación se cierre, las preocupaciones en torno a la adquisición aumentan son reales y van en aumento, tan solo hay que ver lo que está pasando en Estados Unidos.
El hecho de que Electronic Arts sea adquirida por Arabia Saudí ha vuelto a agitar el debate político en Estados Unidos. Según cuenta Wccftech, un grupo de 46 miembros del Congreso ha enviado una carta al regulador americano (FTC) para expresar "serias preocupaciones" sobre la adquisición de EA y piden una revisión "exhaustiva" antes de dar luz verde al acuerdo. El escrito ha sido firmado por 46 demócratas de la Cámara y dirigida al presidente de la FTC, Andrew Ferguson.
Los riesgos de la compra de EA por Arabia Saudí
El mandamás de la Comisión Federal de Comercio (FTC) debe evaluar su impacto en el mercado laboral y la estabilidad del sector. En concreto, los congresistas citan el contexto de despidos masivos en la industria del videojuego y recuerdan que EA también ha sido partícipe de dicha dinámica, además de señalar la enorme brecha salarial entre la dirección y el desarrollador, que es al final quien crea los videojuegos. El punto crítico del acuerdo es que EA acumula unos 20.000 millones de dólares de deuda, y eso podría generar problemas.
Para solventar la deuda acumulada, es posible que los nuevos dueños de EA realicen nuevas oleadas de recortes, reestructuraciones o cierres de estudios para cuadrar cuentas tras la compra. Los congresistas también avisan de que esta compra podría afectar a la competencia en el sector, pues temen que, al controlar muchos estudios y numerosas licencias deportivas, el nuevo dueño de EA influya demasiado en cómo se negocian los acuerdos, algo que podría perjudicar tanto a los trabajadores como al propio mercado.
Si bien los accionistas ya han dado su aprobación, el acuerdo todavía necesita el visto bueno de organismos como la FTC. Por eso, los legislados piden que se investigue a fondo si esta operación podría provocar más despidos, empeorar las condiciones laborales o dar a EA demasiado poder para decidir salarios. Ahora la decisión está en manos de los organismos reguladores, y esta presión política podría hacer que examinen el acuerdo de forma más rigurosa.
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