Las bombas que cayeron en Hiroshima y Nagasaki en 1945 no fueron las causantes de los únicos desastres nucleares que vivió Japón. En 2011, el terremoto de Tōhoku se cobró casi 16.000 vidas y destrozó la central nuclear de Fukushima. En abril de ese mismo año, la agencia de seguridad nuclear e industrial catalogó de 7 el nivel de gravedad de sus reactores 1, 2 y 3, el mismo con el que está catalogada la central de Chernobyl tras el accidente de 1986. El nivel de radiación sigue siendo tan alto en la actualidad que se plantea un problema de difícil solución: ¿cómo se pueden limpiar los residuos nucleares si ningún humano puede acceder todavía a la instalación? La respuesta fue mandar a robots, pero tampoco fue una solución del todo efectiva.
"El interior de la central de Fukushima es un misterio porque los robots mueren al entrar", rezaba un titular en marzo de 2017. La radiación gamma sigue siendo tan alta que no hay empresa capaz de fabricar un robot que sobreviva a sus efectos, por lo que "los pasillos y las salas de la central de Fukushima se están llenando de cadáveres de robots que no pudieron terminar la misión". ¿Os imagináis la escena? ¿No os resulta muy cercana a las sensaciones de videojuegos como Limbo o Inside? Porque si nos imaginamos que esos robots son como el Wall-E de Pixar, ¿no es como pensar en muchos robotitos monos con espíritu de niño olvidados, muertos y sometidos por el terror nuclear?
"La idea de Node: El último favor de los Antarii viene de una idea que tuvo Alfonso. Leyó una noticia que decía que había robots muriendo por nosotros en Fukushima, y esto le impactó, la idea de que cuando el ser humano no logra algo, manda robots por ti, para salvarte la vida", me cuenta Ramón López, game designer de Lapsus Games, el estudio que ha creado Node. "Traspasamos eso al juego. Va de un robot que se ha de sacrificar por la gente, pero no queríamos que al jugador le diera igual. Diseñamos conscientemente el robot de una forma muy mona y cuqui, mira a la pantalla y reacciona para que el jugador conecte con él y no le dé igual si muere o no muere en esos pasillos".
Tú no manejas directamente al robot, sino que le das órdenes prefijadas
Tanto Ramón López como Alfonso Caparrini, saben bien cómo darle emociones a un personaje al que, a priori, es tan difícil otorgarle emociones. Ramón López ha trabajado durante 5 años como senior modeler para Illumination Studios Paris, el estudio que ha creado películas como Los Minions. Alfonso Caparrini lleva 15 años trabajando para Pixar Animation Studios como Lighting Principal Artist y Lighting Technical Director. Así que lo de mencionar antes a Wall-E no fue porque sí.
Node ha sido creado por artistas de Pixar e Illumination
Node es un videojuego que recuerda a Inside. También nos desplazamos hacia los lados, el tono de la aventura es absolutamente lúgubre, gran parte de la historia se cuenta a través de lo que vemos y es fácil olerse que la cosa no va a salir bien en la central en la que se interna el robot, pero cuenta con una gran diferencia con respecto al videojuego de Playdead: "Yo estaba rejugando a Shadow of the Colossus. Estaba en el boss final y yo ya sabía lo que tenía que hacer de antemano. Sabía que tenía que correr por el brazo, saltar en un momento determinado y repetir un patrón que ya conocía, y ahí tuve la idea". La idea a la que se refiere Ramón es la base de la jugabilidad de Node. Tú no manejas directamente al robot, sino que le das órdenes prefijadas, las mismas órdenes que tú cerebro le manda a tus manos para luego realizar las acciones que hacen falta para trepar por el coloso de Fumito Ueda.
Esta decisión es la que hace de Node un juego tan único y tan conectado a lo que ocurre en Fukushima. Tener que decidir de manera anticipada una sucesión de órdenes que luego el robot ejecutará conlleva mucho error humano, a que el robot se estrelle y haya que regresar a la casilla de salida. Y esto es justo lo que sucede en la central de Fukushima. Sus pasillos están repletos de cadáveres de robots que han muerto debido al fallo humano, a lo que no somos capaces de hacer bien. Es así cómo idea original y jugabilidad se dan la mano. De todos modos, no os preocupéis. Node no es un juego de ensayo y error tan duro cómo parece. Podemos rebobinar nuestras acciones, alterar los tiempos de cada acción que queremos que el robot haga y corregir lo que hemos decidido hacer. Así se consigue transmitir que tú no eres el robot, sino el que lo controla mientras el robot te mira sin esperanza porque sabe que va a morir… por tu ineptitud.
Node: El último favor de los Antarii es un juego curiosísimo por su tema, por la relación que nos hace generar con su personaje protagonista, y también por su inusitada oscuridad teniendo en cuenta que sus creadores están acostumbrados a participar en proyectos animados de humor. Es fascinante comprender que no hay límite en los videojuegos a la hora de contar las historias que sean. Son tan infinitos los temas a tratar como los misterios que esconde los reactores de Fukushima. Si sientes curiosidad por el juego, lo tienes disponible en PC, Xbox Series y PS5.
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