Quizás hoy en día los nombres de BioWare o de Dragon Age no tengan el mismo poder que tuvieron a principios de este siglo. La compañía canadiense estaba viviendo un momento dulce durante la séptima generación de consolas, comenzando su verdadera conquista del mercado doméstico a través de Xbox 360 y PS3. Ya se les conocía por obras como Baldur's Gate, Star Wars Knights of the Old Republic o Jade Empire. Pero querían crear más sagas propias, y en el terreno de la fantasía oscura crearon uno de los pilares del RPG Occidental.
Dragon Age: Origins fue uno de los nombres más poderosos dentro del género y a día de hoy lo sigue siendo, aunque su último juego haya tenido una recepción bastante más tibia de la habitual. No obstante, si hace tiempo que no juegas a los "clásicos" de esta saga, la edición definitiva de la primera parte de esta memorable saga es la Super Oferta Diaria que te recomendamos en este cierre del periodo vacacional. ¿Por qué? Porque no se pueden entender muchos juegos del género de hoy en día sin haberlo probado primero.
Un RPG en un mundo gris y realista
Para entender bien por qué este RPG es un "must play" dentro del género, hay que introducirse tanto en su trama como en su sistema. Nos encontramos en el continente ficticio de Thedas, azotado por conflictos políticos, tensiones raciales y una amenaza cíclica conocida como la Ruina. Cada cierto tiempo, hordas de engendros tenebrosos emergen del subsuelo para arrasar el mundo, y solo una orden casi extinta, los Guardias Grises, es capaz de detenerlos.
Comenzando como uno de los seis arquetipos, aquí ya hay una primera diferencia con muchos juegos del momento -aunque hoy en día es moneda corriente-: en función de a quién eligiésemos, el prólogo de la aventura sería completamente distinto, y ya desde esos primeros compases veíamos el tono general del juego. No hay profecías luminosas ni héroes predestinados. Hay sacrificio, decisiones incómodas y un mundo que no siempre responde con gratitud a nuestros actos.
Precisamente gracias a ese enfoque, el famoso sistema de moralidad -marca de la casa de BioWare- encontró en este juego su mejor versión. Nuestro protagonista debía elegir en las conocidas conversaciones cinemáticas del juego sus respuestas, pero no estaba claro si estas eran "buenas" o "malas". Todas eran moralmente grises. Eso le daba un punto de rejugabilidad a su trama y al juego, que si somos minuciosos podía acercarse al centenar de horas.
Pero detalles de jugabilidad narrativa e inmersión aparte, lo que diferenció a este título de BioWare de sus hermanos y de otros títulos con los que compartió ventana de lanzamiento fue el hecho de que tenía una justificada fama de "duro" que hizo que muchos se echaran para atrás. Admito que yo fui uno de ellos, pero quizás era porque no tenía suficiente paciencia en aquel momento para prestarle la atención y el cuidado que se merece.
La paciencia es lo que más se recompensa en este juego
En líneas generales, estamos ante un RPG de corte clásico, con combates en tiempo real con pausa táctica, gestión de grupo y una cantidad considerable de sistemas que aprender. El ritmo es pausado, especialmente en las primeras horas, y el juego no hace demasiados esfuerzos por llevarte de la mano, algo que irónicamente, hoy es el gran pecado de muchos juegos de cualquier género. Entender cómo funcionan las habilidades, las sinergias entre personajes o la importancia de la colocación en combate requiere tiempo y cierta predisposición.
Si bien ya habíamos visto esa formula de combate pausado en juegos como KOTOR o Jade Empire -y aunque pudiéramos jugar en tiempo real- la pausa táctica era casi imprescindible en dificultades medias y altas. Posicionar a los tanques, proteger a los magos, controlar masas de enemigos y gestionar correctamente los tiempos de reutilización de habilidades es lo que marca la diferencia entre una victoria limpia y una derrota frustrante. Para quienes vengan de RPG más modernos y directos, este planteamiento puede resultar áspero; para otros, es precisamente donde reside su encanto.
A esto se suma un sistema de progresión profundo, con árboles de habilidades extensos y especializaciones que definen claramente el rol de cada personaje. No es un juego que premie la improvisación constante, sino la planificación a medio y largo plazo. Elegir mal ciertas habilidades puede hacer que una build se sienta poco eficaz durante muchas horas, algo que hoy resulta menos habitual, pero que en su momento era parte del ADN del género.
Por supuesto, el gran atractivo de Origins era el elenco que nos acompañaba en la aventura, con nombres tan reverenciados y recordados con cariño entre los fans como Alistair, Morrigan, Leliana, Sten, Wynne o Zevran. Sin ellos, el juego perdería mucho peso narrativo, amén de las virtudes que ofrecían en combate. Tanto las conversaciones -y romances, otro punto por la que BioWare se hizo famosa entre los roleros- y sus comentarios durante las misiones eran el encanto del título: hacernos sentir parte de un grupo no predestinado a la gloria o al éxito como exigen los tropos de los héroes, sino un eslabón en un grupo de aventureros con sus fricciones y camaradería. Es algo que conseguía mucho más peso que la trama principal.
Paralelo al sistema de moralidad, estaba el de afinidad, la verdadera novedad introducida por la saga. Nuestras decisiones, regalos y respuestas influyen en cómo nos perciben los compañeros, pudiendo desbloquear misiones personales, romances o, en casos extremos, provocar que abandonen el grupo. Y no era fácil, ya que en referencia a su planteamiento gris y realista, agradar a alguno podía perfectamente provocar la ira de otro. Es en ese desarrollo donde está la "chicha" de la experiencia, y aunque cueste llegar al principio, una vez alcanzas es punto en el que ya tienes a tu grupo y lo puedes configurar para el combate pero también has de vigilar su afinidad cuando empieza a brillar como RPG de corte duro.
Técnicamente hablando, hay poco que salvar aquí, no en vano estamos hablando de un juego de hace 20 años. Si bien no se puede echar toda la culpa a los gráficos (bastante planos, no le habría venido mal una remasterización), su interfaz es algo tosca y poco intuitiva, y muchas mazmorras se alargan demasiado o tienen demasiados combates para dar sensación de que son más grandes de lo que en realidad son.
Son pequeños fallos que no representan un mal diseño por parte de BioWare, sino una necesidad impuesta por las limitaciones de la época para el género para hacer que el juego no se sintiera demasiado corto. Aunque ese fue uno de los puntos en los que muchos coincidirán con un servidor en que se pasó de frenada. Aún así, y volviendo al presente, es de agradecer que Dragon Age: Origins sea como es; una experiencia no guiada, que respeta al jugador desafiando su inteligencia y conocimiento del género -por poco que sea- y en el que cada avance que realizas se siente un logro.
Dragon Age: Origins - Ultimate Edition en Steam
Su narrativa ramificada, sus profundas opciones en el combate o los dilemas en las tomas de decisiones a lo largo del juego lo hacen único, y aunque no sea un juego para todo el mundo, es la mejor experiencia de RPG clásico antes de que este evolucionara hacia juegos que combinaban más estos elementos con el concepto de mundo abierto que permea a casi todo título del género que sale hoy en día. Si os atraen estas premisas, no os lo penséis demasiado. Quedan pocas horas para que las rebajas de invierno de Steam finalicen, pero creo que no hay apuesta más segura para los amantes del rol o de la saga (si os perdisteis el primer juego por la razón que sea) para revisitarlo y descubrir la edición que lo trae todo: juego base, más todo su contenido, por unos míseros tres euros; casi un robo a mano armada.
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