Nos encontramos en un mundo sacudido por fuerzas más allá de nuestro control que hace imposible cualquier atisbo de predictibilidad. No existen los parámetros que antaño utilizábamos para hacer planes a largo plazo y definir estrategias racionales. Los eventos se suceden con demasiada rapidez. La disrupción es constante, no solo ya tecnológica, sino financiera, social y, sobre todo, geopolítica. En un mundo en continua transformación, caótica y violenta, los riesgos se vuelven demasiado grandes como para adoptarlos sin miramientos. Para muestra, solo hace falta contemplar, en lo que aquí nos atañe, las circunstancias de la presente generación, que ya ha iniciado su sexto año de vida.
Una generación anómala
Empezó de la peor manera posible, con una pandemia que desbarajustó todas las cadenas de suministros y provocó una escasez que se prolongó durante años, extendiendo una transición intergeneracional hasta límites antes insospechados. Tras un repunte de las líneas de crédito impulsado por los confinamientos, la súbita retirada del capital ante el descenso de los datos de consumo y la constatación del tamaño desmedido de los procesos de producción, causó un torrente de despidos, cierres corporativos y cancelaciones de proyectos. Los retrasos han sido constantes, y aunque los pesos ligeros y medios han suplido con ciertas garantías la ausencia de los blockbusters first party, lo cierto es que ahora mismo, en el sexto año de vida, la sensación prevalente es que todavía no hemos visto desplegar a esta generación todo su arsenal. Que lo mejor todavía está por llegar.
La sensación prevalente es que todavía no hemos visto desplegar a esta generación todo su arsenal
Las tres primeras consolas de PlayStation salieron al mercado siguiendo una cadencia puntual de seis años. Con la cuarta iteración, el intervalo aumentó a siete años, plazo que se repitió también en la quinta. Los planes establecidos años atrás para PlayStation 6 apuntaban directamente a finales de 2027 para el lanzamiento. Es decir, el año que viene. Las conversaciones que su arquitecto principal, Mark Cerny, ha mantenido de cara al público parecen indicar ese calendario. Es más, el lanzamiento de PlayStation 5 Pro como refresco de mitad de generación ya nos ofrecía muchas pistas de cuáles iban a ser los derroteros por los que el futuro de PlayStation podían discurrir. Las cosas no han ido del todo bien con la implementación de PSSR (PlayStation Spectral Super Resolution), pero supuestamente en un meses debería aterrizar la versión de FSR de AMD para consolas, lo que debería ayudar bastante con las labores de reescalado.
Con un comienzo de generación tan accidentado, creo que la ventana de lanzamiento de otoño de 2027 ya de por sí tendría que haber sido descartada hace mucho tiempo, pero la escalada demencial de los precios de la memoria, algo que afecta prácticamente a todos los componentes principales de una consola, debería ser la razón definitiva para alterar los planes de la firma japonesa. La obsesión por el Santo Grial de la una verdadera inteligencia artificial general ha conferido a iniciativas como Open AI unas líneas de financiación descomunales y en su afán por crear su nuevo imperio de centros de datos masivos de la manera más rápida posible, ha llegado a copar el 40% de la producción mundial de RAM. Esta voracidad repentina, y su voluntad de no escatimar en precios, ha convencido a ciertas marcas de priorizar su cuota por encima de la de los consumidores anónimos. Algunas como Micron ya han anunciado que abandonan por completo el mercado por resultarles más rentable atender las demandas de las grandes.
No se sabe a ciencia cierta cuánto tiempo va a durar esta nueva fiebre del oro. No es la primera vez que ocurre
No se sabe a ciencia cierta cuánto tiempo va a durar esta nueva fiebre del oro. No es la primera vez que ocurre. Hace un lustro, el minado de las criptomonedas también distorsionó el mercado de manera cualitativa. Con el tiempo, las aguas volverán a su cauce, pero lo más factible es que la situación no esté equilibrada cuando Sony se vea obligada a iniciar la producción y el ensamblaje de su nueva consola a principios del año que viene si quiere cumplir con sus planes. ¿Qué precio están barajando para PlayStation 6? El modelo de negocio de las consolas pasa por subsidiar el hardware, sobre todo al principio, para compensar después por royalties de software y servicios online. Sin embargo, el alto precio con el que lanzaron al mercado PlayStation 5 ya nos indicó en 2024 que Sony estaba abonando el terreno para un incremento sustancial de cara a la nueva generación. Las razones entonces eran la crisis de inflación y el establecimiento de posibles aranceles, algo que se terminó consumando con la victoria de Donald Trump. Con estas cuestiones todavía vigentes, ahora tenemos que sumarles este repentino aumento de precios.
Decisiones imposibles
Es lógico pensar que Sony estaba barajando un precio de 799 euros para Playstation 6. Sin embargo, con los precios de los componentes como están, para mantener márgenes de beneficios similares lo lógico es que trasladaran los incrementos a los consumidores y se decantaran por un precio de venta de 999 euros, con la unidad óptica de discos aparte. ¿Existe un mercado para una PlayStation 6 a ese precio? Por supuesto que hay numerosos entusiastas del hardware sin problemas de liquidez dispuestos a hacer cola para hacerse con una cuanto antes. La cuestión es, ¿existen 50 millones de ellos para hacerse cargo de la oferta durante los primeros dos años, que es el tiempo que calculo que tardaría la situación en estabilizarse? Mi conclusión es que no. Ni de broma. Ha costado Dios y ayuda convencer al gran público de dejar su PlayStation 4 de lado y adoptar su sucesora. En la próxima ocasión, y con estos precios, la proposición se antoja imposible.
Grandes referentes como Santa Monica, Naughty Dog o CD Projekt RED todavía no se han estrenado en esta generación
A todo esto hay que sumarle los títulos que están por venir. Todavía faltan diez meses para Grand Theft Auto VI y, visto lo visto, no es descartable un nuevo retraso. Grandes referentes como Santa Monica, Naughty Dog o CD Projekt RED todavía no se han estrenado en esta generación (al menos no de la forma que esperamos). From Software sigue firmemente amarrado a sus motores antediluvianos y no parecen muy interesados en renovar sus herramientas. El periodo de transición intergeneracional ha sido tan largo, los grandes títulos exclusivos han llegado tan a cuentagotas y las mejoras visuales han sido tan sobrias que se ha instalado en el inconsciente colectivo la idea de que todavía no hemos empezado de verdad, que esta es la generación más decepcionante de la historia. Si esta idea se sustenta sobre datos reales es lo de menos. Si vamos a pedir al personal que desembolsen una cantidad abultada de dinero otra vez, casi todo se reduce a lo emocional.
Por otro lado, PlayStation tiene un serio problema en su casa. El mercado japonés parece haber dicho basta. Han reducido el precio de PlayStation 5 a 55000 yenes (unos 300 euros al cambio) para intentar revertir la situación, pero una vez pasó la novedad, los números de ventas se han vuelto a desplomar, evidenciando una falta de interés del consumidor japonés que va más allá del precio. Durante décadas, Japón fue el mercado principal para PlayStation. Ahora parece una rémora de otro tiempo. La mayoría de los estudios japoneses están más centrados en vender sus títulos lejos de sus costas porque la demanda interna les es del todo insuficiente. Y la gran mayoría siguen contando con la PlayStation 4 para sus lanzamientos incluso en su decimotercer año. Solo puedo especular, pero preveo que si Sony se aviniera a lanzar la PlayStation 6 el año que viene allí a precio de mercado, el fracaso sería histórico.
Si dependiera de mí, no habría PlayStation 6 hasta 2030
En cualquier caso, soy muy consciente de que hay otros factores en liza. PlayStation tiene el mandato imperativo de seguir vendiendo consolas. No pretendo enmendar la plana a sus analistas financieros. Todas las consolas tienen un ciclo de vida, con una tendencia ascendente durante los primeros tres años, luego una cumbre en el cuarto y más adelante un descenso paulatino. Si observamos los gráficos de ventas, podemos darnos cuenta de que el descenso ya se ha iniciado después de alcanzar el pico en el año fiscal 2023 con 20,9 millones de unidades. Todavía nos hacen falta los datos globales del año fiscal 2025 para decirlo con rotundidad, pero es muy probable que PlayStation 5 tenga un mercado potencial máximo de 120 millones de consolas y que no venda más aunque no exista una sucesora en el mercado. Sony no puede permitirse tener un dispositivo en los escaparates durante años que apenas venda.
Si dependiera de mí, no habría PlayStation 6 hasta 2030. Creo que es la única forma de rentabilizar desarrollos tan largos y un comienzo de generación tan accidentado, además de hacer todo lo posible para sortear la crisis actual de la memoria. Con una Xbox muy disminuida en hardware, no existe una presión externa mayúscula que los obligue. Pero sí existe una presión interna. La extensión de la vida útil de PlayStation 5 probablemente no se traduzca en un dramático incremento de ventas. Y Sony necesita vender consolas, necesita respetar los ciclos de sus generaciones para mantener el impulso. Desde un punto de vista realista, creo que a lo máximo que podemos aspirar es a un retraso puntual a 2028 que no será suficiente para evitarnos un precio demencial. Para nada envidio a los responsables de tomar semejante decisión.
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