África lo tiene claro: el futuro de su industria nuclear pasa por Rosatom, la corporación nuclear estatal rusa. La empresa de la región eurasiática no solo aparece como aliada tecnológica, financiera y de ejecución en los planes de Níger, sino que también lo hace en la hoja de ruta de Etiopía. Para muchos, esto podría ser una coincidencia, pero la realidad es que Rosatom (y, por consiguiente, Rusia) estaría buscando la forma de entrar en el mercado energético africano. ¿Lo más sorprendente? Sin saberlo, acabaría dando alas a Google Microsoft, Meta y otros gigantes tecnológicos.
A raíz del aumento de la demanda energética, la industria nuclear se ha presentado como un instrumento capaz de cubrir nuevas carencias. Esto, no solo ha llevado a los gigantes más grandes del sector tecnológico a apostar por acuerdos multimillonarios para comprar plantas nucleares, sino que ha provocado un crecimiento del interés en torno a un sector que no atraviesa sus mejores años. Por ello, aunque la fijación de Rusia en África puede llegar a resultar sorprendente, no sería descabellada si atendemos a los acontecimientos.
Níger y Etiopía, los dos países que conforman el eje central de los planes rusos, no tienen la intención de ser parches, sino que buscan convertirse en la sede de centrales nucleares que reconfigure su seguridad energética y, a la postre, les dé la oportunidad de habilitar una industrialización sostenida. Rosatom, la filial rusa que estaría llevando a cabo las negociaciones, actuaría como socio y utilizaría su experiencia para diseñar, construir, transferir conocimientos e, incluso, financiar una parte del proyecto. Así, esta hoja de ruta explicaría por qué ambos países han elegido al mismo interlocutor.
¿Qué planea Rusia en África?
A pesar de que Rosatom está involucrada en ambos proyectos, sus planes para Níger y Etiopía tienen ligeras diferencias. En el primer país, por ejemplo, buscan construir dos reactores de 2.000 MW cada uno, pero también tienen la intención de asociarse con Rusia para desarrollar sus reservas de uranio. De esta forma, buscan sacar partido a las sinergias económicas y estratégicas para favorecer a ambos países. Etiopía, por su parte, no se centra tanto en la potencia, sino en la metodología.
Según reveló un documento relacionado con el acuerdo, Rusia y Etiopía están buscando una alianza que les ayude a potenciar una planificación cimentada sobre aspectos técnicos y económicos. Como consecuencia directa de ello, se prevé que alcancen un acuerdo intergubernamental que no solo priorizaría la formación de personal, sino que también buscaría sentar las bases para operar con autonomía en el futuro. De esta forma, ambos países sirven a Rusia como escenario de interés y, al mismo tiempo, buscan sacar rédito del acuerdo.
Así, la proliferación del sector nuclear no es sorpresiva en África: Sudáfrica, por ejemplo, cuenta con una central activa, mientras que Egipto ya ha comenzado obras para hacer lo propio. De esta forma, los actos de los países africanos evidencian una curva de aprendizaje regional en el sector nuclear, ya que cada vez más actores se suman a la adopción de esta tecnología. Por ello, tanto Rusia como los dirigentes de Níger y Etiopía confían en que la alianza que están buscando no caiga en saco roto y acabe convirtiéndose en un sinfín de promesas sin cumplir.
Para ello, ambos países han asegurado que su intención es formar personal y, al mismo tiempo, construir instituciones. Sin ello, consideran que el plan no tiene sostenibilidad, ya que la apuesta debe incluir universidades, entes reguladores y la creación de una cultura de seguridad operacional a décadas vista. Así, Níger busca dar un salto mayúsculo en capacidad con el que aprovechar su posición como productor de uranio (el octavo más grande del mundo), mientras que Etiopía quiere aprovechar un plan que apunte a una central que podría cambiar su matriz eléctrica.
¿Dónde entran las grandes tecnológicas?
El avance de Níger y Etiopía podría llegar a catalizar a Ghana, Argelia, Kenia, Marruecos, Nigeria, Ruanda o Sudán, ya que estos países han mostrado interés en realizar operaciones nucleares similares. Esto, a su vez, daría pie a un portfolio africano centrado en este sector, una situación que provocaría la existencia de economías en crecimiento y estándares compartidos entre regiones. Así, los responsables detrás de este proyecto buscan energía fiable para fábricas, hospitales y hogares.
Dicho esto: ¿cuál es el papel de Google, Amazon, Microsoft, Meta u otras grandes tecnológicas? A bote pronto, África es una de las regiones más interesantes para sus intereses, un aspecto que han demostrado con sus apuestas económicas en los últimos años. Por desgracia, la falta de materialización económica de dichas apuestas también ha dado pie a que cientos de millones de euros dejen de llegar al continente, una situación que cambiaría si África consigue despuntar en el terreno nuclear.
Desde hace varios meses, firmas de la talla de Google o Microsoft están estudiando las posibilidades de la energía nuclear, ya que creen que utilizar las virtudes de esta les permitirá sacar partido a la inteligencia artificial de una forma más eficiente. A raíz del auge de la IA, el consumo energético se ha multiplicado y, por ello, el uso de centrales nucleares como alternativas de apoyo se ha convertido en una posibilidad cada vez más real. Por ello, si el plan de Rusia en África termina siendo próspero, es muy probable que veamos un interés repentino de las grandes tecnológicas en este continente.
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