Estados Unidos ha podido estrechar el cerco sobre una de las maniobras más inteligentes de Corea del Norte: infiltrar a sus empleados en compañías estadounidenses. Desde hace años, los norteamericanos están controlando este tipo de movimientos, ya que no solo estaban ligados a un flujo de dinero que iba directamente a las arcas de Corea del Norte, sino que también implicaba a ciudadanos norteamericanos que colaboran con el régimen de Kim Jong-un. Ahora, tras la declaraciones de cinco personas que se han declarado culpables, han conseguido arrojar algo de luz al asunto.
La táctica más elaborada de Corea del Norte
Durante su declaración de responsabilidad, los cinco estadounidenses implicados en la trama reconocieron que ayudaron a hackers norcoreanos a engañar a empresas estadounidenses para infiltrarse. Para ello, prestaban sus identidades reales o proporcionaban algunas falsas que podían provenir de más de una docena de ciudadanos norteamericanos. Así, los hackers podían superar procesos de selección y verificación, pero la operación iba más allá.
Los responsables no solo se limitaban a ofrecer acceso a identidades. Además de lo citado, alojaban en sus casas los portátiles corporativos que, conectados por acceso remoto, permitían simular que los trabajadores se encontraban físicamente en Estados Unidos y no en el extranjero. Como consecuencia directa de estas prácticas, 136 compañías estadounidenses se vieron afectadas al contribuir con 2 millones de euros en ingresos al régimen norcoreano.
Audricus Phagnasy, Jason Salazar o Alexander Paul Travis son tres de los cinco nombres que se declararon culpables de conspiración para cometer fraude electrónico por facilitar empleo a estos falsos trabajadores. El caso más significativo es el de Travis, dado que realizó estas operaciones mientras era un miembro activo del ejército estadounidense. Gracias a ello, obtuvo 46.000 euros por su colaboración con los norcoreanos, una cifra muy superior a los 4.100 y 3.200 euros de Salazar y Phagnasy respectivamente.
En concepto de salarios, las empresas estadounidenses pagaron 1,18 millones de euros a los hackers norcoreanos, dinero que terminó llegando al régimen de Kim Jong-un. Erick Ntekereze Prince, dueño de Tagcar, también fue otro de los implicados, pero su caso es un poco más complejo que los tres anteriores, ya que suministró certificados profesionales falsos que permitieron a los hackers operar fuera del país. Así, tras alojar varios portátiles en diferentes residencias, se embolsó 82.000 euros.
Oleksander Didenko, el quinto en cuestión, vendía identidades de ciudadanos estadounidenses para obtener empleo en más de 40 empresas. Gracias a su operativa, Didenko obtuvo cientos de miles de euros y, por ello, aceptó la devolución de 1,29 millones de euros. Además, la investigación llevó al Departamento de Justicia a incautar más de 14 millones de euros en criptomonedas robadas desde 2023. Sin duda, el ejército de hackers de Corea del Norte es, por esta y otras maniobras similares, uno de los más peligrosos de la actualidad.
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