No hace falta ver las películas americanas, sino hablar con tus abuelos, padres o incluso amigos para conocer historias sobre los trabajos de verano pensados para adolescentes. Reponer estanterías, servir comida rápida o hacer repartos siempre han estado ligados a los jóvenes que quieren conseguir algo de dinero mientras se forman o disfrutan de sus vacaciones. Sin embargo, la automatización de los robots y los adultos precarizados están acabando con esta vía de ingresos para los adolescentes.
La tecnología y la precariedad acaba con el sueño de los jóvenes
La automatización en tiendas y restauración avanza a pasos agigantados y, por ello, países como Japón ya cuentan con robots reponiendo estanterías, una situación que podría llegar a ampliarse y llegar a otros países. De hecho, regiones como Estados Unidos han visto como la participación laboral adolescente ha caído en los últimos 25 años: en agosto del 2000, estos ocupaban un 52,3% de este tipo de trabajos; ahora, según datos de agosto de 2025, apenas llegan al 34,8%.
Esto, dicho con otras palabras, implica que estamos viviendo una retirada masiva de los jóvenes del mercado de trabajo. En lo relativo al consumidor este apenas nota diferencia, ya que la robotización de servicios básicos no va ligada a una mejora en la calidad. Así, por ejemplo, una hamburguesa no será mejor ni tampoco más barata, sino todo lo contrario: una caída tecnológica podría llegar a provocar una paralización del servicio.
Según los economistas, la automatización mueve el dinero hacia el beneficio empresarial, ya que implica una reducción en el número de nóminas y, a su vez, un mayor margen de ganancias para los dueños de la tecnología y el capital. Por desgracia, la pérdida de este tipo de empleos no solo merma los ingresos de la Generación Z, sino también les priva de mayor experiencia laboral al mismo tiempo que reduce sus habilidades sociales y su educación financiera básica.
La automatización, por tanto, ya no solo provoca pérdidas de trabajo entre los adultos, sino que obliga a estos a desplazarse hacia sectores relacionados con los jóvenes. En países como Estados Unidos, por ejemplo, servicios como el reparto a domicilio han crecido hasta los 38,7 años, muy por encima de los 29,3 años de media de 2015. De hecho, muchas empresas ya optan por vetar el acceso a menores de 21 años o, en el peor de los casos, utilizan robots autónomos que realizan las entregas.
El resultado final, por tanto, es un círculo vicioso que lleva a los adolescentes a competir contra los adultos precarizados por un número decreciente de empleos con escasa remuneración, todo ello mientras la industria entrena máquinas para eliminar estos puestos de trabajo. Así, aunque algunos defiendan que la evolución tecnológica salvará empleos, esta está condenando tanto a la Generación Z como a los jóvenes del futuro.
Imagen principal hecha con inteligencia artificial (3DJuegos)
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