En Regreso al futuro vivimos un constante ir y venir de actores entre las diferentes entregas de la saga. Ya durante la producción de la cinta original se sustituyó al protagonista; es de sobra conocido que Michael J. Fox reemplazó a Eric Stoltz como Marty McFly tras más de un mes de rodaje, un cambio que provocó, a su vez, el despido de otra integrante del reparto. Sin embargo, puede que ninguna salida fuera tan sonada ni causara un terremoto legal tan relevante —el cual volvió a estar de actualidad hace poco— como la marcha de Crispin Glover, el actor que interpretaba a George McFly.
Los motivos de su ausencia fluctuaron entre lo económico y lo creativo, tal como recuerdan en Mental Floss. Por un lado, se dice que Glover exigió un salario de un millón de dólares; por otro, es sabido que el actor arremetió duramente contra el final de la cinta original al considerar que el desenlace era muy materialista. Para Glover, el hecho de que la felicidad de la familia McFly se viera recompensada con un coche nuevo y riqueza económica enviaba un mensaje moralmente cuestionable. Fuese por el motivo que fuese, no aceptó volver y Regreso al futuro continuó sin él, sin él, pero sin renunciar a que su personaje, padre del protagonista, saliera en varias escenas de la secuela.
Mucho más que un cambio de actor, un "deepfake" analógico
Es algo que puede ocurrir, ¡y más en un papel secundario! Sin embargo, el verdadero conflicto surgió cuando Robert Zemeckis, Steven Spielberg y Universal Pictures no se conformaron con buscar a un actor parecido, sino que intentaron "clonar" a Crispin Glover. Para que me entendáis: hicieron un deepfake analógico. Utilizaron moldes faciales que Glover se había realizado para la primera entrega y aplicaron prótesis de látex sobre el rostro de otro intérprete, Jeffrey Weissman, al que además se le pidió que imitara los gestos del actor original. El objetivo no era otro que evitar que nosotros, como espectadores, percibiéramos que era una persona distinta quien encarnaba a George. Como os podéis imaginar, esto a Glover le sentó como un puñetazo en el estomago.
"Por supuesto, no es algo cómodo de vivir. Que la gente crea que estás haciendo algo que no estás haciendo y te lo atribuyan a ti es un robo. (…) No me gusta meterme en un pleito, pero no podía dejar que todos creyeran que yo estaba en la película. (…) Hubiera preferido mucho más que simplemente hubieran contratado a otro actor. (…) Yo sería muy feliz hoy y seguiría teniendo muy buenos sentimientos sobre la primera película. Pero, al engañar a la gente haciéndoles creer que yo estaba en esa segunda película con mis rasgos faciales, e incluso partes de mí, sigue siendo inquietante. Es lamentable queestopasara, pero ¿qué puedes hacer? Tienes que hacer algo al respecto. Preferiría mil veces que nunca hubiera ocurrido". (Vía INFLUX Magazine)
El caso se resolvió fuera de los tribunales con un pago estimado de 760.000 dólares a favor del actor. Sin embargo, fue tal la controversia que el Sindicato de Actores (SAG) empezó a introducir cláusulas estrictas que prohíben a los estudios recrear la apariencia física de un actor sin su consentimiento expreso, unas reglas que sirvieron de base 30 años después, como decíamos, de las exigencias contra la irrupción de la IA en Hollywood que tanto preocupan no solo a actores pocos conocidos, sino a estrellas como Nicolas Cage.
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