Los más viejos del lugar recordarán que hubo un tiempo en el que Guy Ritchie molaba. Yo recuerdo salir del cine de ver Snatch o Rocknrolla y pensar que Ritchie era un tipo increíble. Luego vino lo de Madonna, que imagino que eso deja secuelas a cualquiera. A partir de ahí, bueno, un tipo cumplidor muy metido en su cine de acción, pirueta, tiroteo y explosión… y trabajos alimenticios como Aladdin. En serio, Aladdin. Durísimo aquello. El caso es que su versión cinematográfica de Sherlock Holmes sí me gustó, y mucho. Y eso me hace sentir mal porque soy muy fan del canon original del personaje (lo establecido por los relatos y novelas de Conan Doyle), y estas pelis le dan de patadas. También soy muy fan del Sherlock de Benedict Cumberbatch, que creo que es una actualización estupenda del personaje, mucho más medida y menos caricaturesca que lo que nos dejó Robert Downey Jr. En cualquier caso, mis expectativas con El Joven Sherlock eran ínfimas. Y os confieso que me he llevado una tremenda alegría, porque aunque Ritchie sigue dándole patadas al Holmes clásico, esta adaptación de las novelas de Andrew Lane me ha parecido divertidísima.
Oxford y conspiraciones globales
El Joven Sherlock es la nueva serie de Amazon Prime Video que explora los años formativos del detective más famoso del mundo. Dirigida y producida por Guy Ritchie, la historia nos presenta a un Sherlock de 19 años en la Universidad de Oxford, enfrentándose a su primer asesinato y a una conspiración global que amenaza su futuro y desvela secretos familiares. Basada libremente en las novelas de Andrew Lane, la serie combina la energía del cine de acción con las series de intriga clásicas tipo Cluedo. Lo que hace especialmente atractivo a este proyecto es la forma en que Ritchie mezcla su sello visual con el desarrollo de un Holmes inexperto, vulnerable y propenso a errores, muy alejado del calculador y frío detective que conocimos gracias a Sir Arthur Conan Doyle.
La grandeza de este nuevo Holmes no se mide en lógica deductiva, sino en capacidad de maniobrar en un mundo de privilegios, secretos y traiciones
Para entender el choque con el canon, primero hay que recordar que Conan Doyle fue deliberadamente escueto sobre la juventud de Holmes. Sus relatos ofrecen fragmentos dispersos sobre su pasado, dejando un vacío que la crítica holmesiana ha intentado rellenar con deducciones (claro): Holmes nació alrededor de 1854, según El Último saludo (His Last Bow), y su primer caso canónico se da en La corbeta "Gloria Scott" (The Adventure of the Gloria Scott), cuando todavía era estudiante. Allí se nos muestra un joven intensamente reflexivo, solitario, con intereses en química y con un método deductivo en ciernes. Por contraste, la serie de Ritchie nos presenta un Holmes impulsivo, emocionalmente reactivo, que se mete en problemas con facilidad pero cuya vida social es ya prácticamente inexistente.
Esta divergencia no es anecdótica: el Sherlock de Doyle es un adolescente introspectivo y metódico, mientras que el de Ritchie es un rebelde con causa, que resuelve crímenes a la vez que navega por un entramado familiar y social mucho más detallado de lo que el canon contemplaba. La premisa de que su primer caso implique una conspiración global rompe con la tradición de Doyle, donde los misterios eran más íntimos, episódicos y, en el fondo anecdóticos, centrados en un entorno local o doméstico de Londres.
La elección de Oxford como escenario académico es una de las decisiones más llamativas de la serie. Mientras el canon se limita a mencionar que Holmes estudió en la universidad, académicos como William S. Baring-Gould y Dorothy L. Sayers han debatido durante décadas sobre Oxford o Cambridge como sede de su formación. Ritchie opta por Oxford, no solo por estética, sino para explorar un entorno aristocrático contra el que se rebela el joven Holmes: empieza como portero en la universidad, puesto que su hermano Mycroft le impone tras salir de la prisión de Newgate. Este Oxford de Ritchie es un hervidero de tensiones sociales y políticas, con asesinatos y conspiraciones que expanden el alcance de la narrativa desde lo local hasta lo global. Se trata de un enfoque más visual y cinematográfico que literario, donde la grandeza de este nuevo Holmes no se mide en lógica deductiva, sino en capacidad de maniobrar en un mundo de privilegios, secretos y traiciones. La verdad es que resulta un enfoque muy interesante.
James Moriarty: "ja, je, ji, jo, ju, Holmes"
La reinvención de James Moriarty es quizá el cambio más polémico de la serie, y la verdad es que para mí ha supuesto un disgusto. ¿Qué necesidad hay de encajar piezas que no necesitan ser encajadas?. En el canon, Moriarty es un villano maduro, un genio criminal que Holmes apenas conoce antes de su enfrentamiento final, un digno rival. En El Joven Sherlock, interpretado por Dónal Finn, Moriarty es un estudiante de Oxford y mejor amigo de Sherlock. Ambos comparten origen social marginal y una visión del mundo ajena a al de resto de adinerados estudiantes. La serie humaniza al villano futuro, convirtiendo su enemistad con Holmes en algo cargado de emoción y nostalgia: lo que en los libros es un enfrentamiento intelectual se transforma en un vínculo profundo que presagia tragedia. Y no era necesario, la verdad. Pero bueno, entiendo que para el gran público no exista un Holmen sin Moriarty, aunque ya se me hace muy difícil entender que ninguna producción se anime a retratar al personaje tras el maravilloso trabajo que hizo el tremendísimo Andrew Scott.
Este giro ha generado debate entre los puristas. La relación temprana con Holmes altera la percepción clásica de Moriarty como "Napoleón del Crimen", reemplazando su aura de amenaza fría por una dinámica emocional que sirve a la narrativa televisiva, pero que contradice la cronología y la psicología original de Doyle.
Otro cambio significativo es la construcción del entorno familiar. Mientras que en el canon Holmes apenas habla de sus padres, Ritchie introduce a Silas (Joseph Fiennes), Cordelia (Natascha McElhone) y la hermana fallecida Beatrice. Este núcleo familiar proporciona motivaciones emocionales a un Holmes que, según Doyle, vivía casi exclusivamente para su mente. Cordelia institucionalizada tras la muerte de Beatrice explica parte de la vulnerabilidad del detective joven. Mycroft (Max Irons) también se aleja del modelo original, pasando de cerebro en la sombra a agente activo que rescata y guía a Sherlock, reduciendo la distancia intelectual entre ambos y adaptando la relación para el drama televisivo. Bueno, con todo, le da mil vueltas a Enola Holmes.
Quizá lo que más llame la atención a los espectadores es la ausencia de John Watson. Aquí la serie sí se fija al canon, ya que Holmes y Watson se conocen de adultos, cuando el buen Doctor regresa a Londres tras su participación en la guerra de Afganistán y busca un nuevo compañero de piso en Londres. La serie reemplaza la función de narrador y acompañante con un trío formado por Sherlock, Moriarty y la Princesa Shou'an (Zine Tseng), quien actúa como contrapunto intelectual y físico. La falta de Watson obliga a la serie a mostrar la mente de Sherlock mediante "imaginación", un espacio visual donde puede interactuar con pistas y recuerdos de manera tangible, su conocido Palacio Mental. Esto sustituye la frialdad racional del canon por un detective emocional y vulnerable, aunque mantiene intacta su capacidad deductiva. Con todo, no creo que la serie sea capaz de resistirse a mostrar en algún momento a este joven Holmen con a un joven Watson, y lo mismo vale para Irene Adler.
Los puntos de choque más críticos con el canon oficial
Ritchie aplica su lenguaje visual característico a la era victoriana: montajes rápidos, acción coreografiada y humor irreverente. Oxford y Londres se representan sucias, vibrantes y llenas de humo industrial, alejándose del clasicismo gótico que uno esperaría del personaje. En general la serie tiene una factura claramente televisiva y un nivel de producción acorde. La música de rock moderno, la visualización dinámica de la mente de Sherlock y la transformación de la deducción en táctica física son elementos que recuerdan más a un thriller contemporáneo que a un relato de misterio victoriano. Su vinculación con las dos películas del personaje interpretado por Downey Jr. es evidente. Sin embargo, esto convierte a la serie en una experiencia fresca y entretenida para el público menos exigente con la mitología del personaje. Si eres de los últimos, y logras desconectar, la verdad es que resulta de lo más entretenida.
Si algo deja claro esta serie es el estatus casi mítico de Holmes, capaz de regenerarse una y mil veces
Como os decía al principio, la serie adapta las novelas de Andrew Lane, donde Holmes empieza a formarse desde los 14 años y desarrolla sus habilidades bajo mentores como Amyus Crowe y Rufus Stone. Lane respetaba la cronología y no introducía a Moriarty ni a Watson prematuramente. Ritchie, sin embargo, prioriza el espectáculo televisivo y adelanta personajes icónicos, creando un híbrido entre fidelidad al espíritu de las novelas y necesidades de entretenimiento audiovisual.
El Joven Sherlock demuestra la relevancia atemporal de Conan Doyle y la tensión entre fidelidad literaria y necesidades del mercado audiovisual, y si algo deja claro es el estatus casi mítico de Holmes, capaz de regenerarse una y mil veces. La serie transforma a Holmes en un adolescente vulnerable, coloca a Moriarty como amigo y amplía la escala de los casos a nivel global, pero mantiene vivo el interés por el personaje. Funciona casi como "fac fiction", explorando conflictos de clase, trauma y geopolítica victoriana, y garantiza que el juego siga en marcha, aunque las reglas hayan cambiado.
Como fan del canon puedo criticar las libertades extremas de Ritchie, pero como espectador, no puedo esperar a la segunda temporada. La serie ofrece un Sherlock reconocible en esencia, aunque reinventado, y un universo que promete aventuras aún más intrigantes y peligrosas. En definitiva, El Joven Sherlock es la prueba de que el detective de Baker Street sigue siendo capaz de sorprender y fascinar, incluso cuando se aparta de su esencia original. No queda otra que marcar el calendario: el estreno de El Joven Sherlock en Prime Video es el próximo 4 de marzo.
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