Lo dijo un usuario cualquiera en los comentarios del primer tráiler de Wildwood, la nueva película de LAIKA, y la frase ha rebotado por medio internet como si fuera un mantra colectivo."Este es, sin duda, uno de los mejores tráileres que he visto en mi vida." No es la opinión de un crítico encumbrado ni la nota de un publicista pagado para vendernos una historia, sino la opinión sincera (y entusiasta) de alguien que acaba de ver dos minutos de pura creatividad y buen hacer artesanal y se ha quedado con la boca abierta.
Lo bonito del comentario es que no admite discusión seria: cualquier aficionado a la animación, sea fan del stop-motion o no, sabe que lo que acaba de mostrar LAIKA pertenece a un tipo de cine que casi nadie quiere jugar ya porque cuesta demasiado dinero y demasiado tiempo. El avance, dirigido por Travis Knight y musicado con "My Tears are Becoming a Sea" de M83, transmite esa sensación rarísima de estar viendo algo hecho con manos humanas, fotograma a fotograma, en una era donde casi todo nace renderizado en una granja de servidores. Es lo que hace especial esta película, y sin embargo, ese es exactamente su mayor problema.
Porque Wildwood llega como la primera película de LAIKA en siete años, desde aquella divertida Mr. Link (2019) que pasó por los cines con más pena que gloria. Porque el estudio fundado por Phil Knight sigue arrastrando una historia comercial frustrante pese a tener en su haber cinco nominaciones consecutivas al Óscar a Mejor Película de Animación. La maravilla técnica es un hecho; la maravilla taquillera, no tanto. El tráiler, presentado en Cannes y aplaudido luego en festival de cine de animación de Annecy, ha generado una ola de entusiasmo que recuerda peligrosamente a las anteriores olas de entusiasmo que precedieron a los anteriores estrenos del estudio. Y todos sabemos cómo terminaron aquellas historias. Hay algo profundamente injusto en celebrar tanto un tráiler sabiendo que el destino comercial de la película probablemente ya esté escrito en Hollywood. Pero el aficionado anónimo del que os hablaba tiene razón, y conviene decirlo alto antes de que llegue el baño de realidad.
Un público que no termina de sintonizar con LAIKA
Hay un eco evidente a Dentro del laberinto, el clásico del cine fantástico de Jim Henson que en 1986 también tropezó en taquilla, y eso debería ponernos en guardia. A más de un espectador, Wildwood, le habrá disparado un déjà vu específico: una adolescente de carácter fuerte, un hermano bebé secuestrado por fantásticas, un bosque encantado que es a la vez puerta de entrada a un mundo paralelo, un viaje iniciático en el que la heroína descubre quién es realmente… Sí, suena exactamente igual que Dentro del laberinto. El parecido argumental no es casualidad ni plagio: ambas obras beben de la misma tradición de cuento iniciático femenino que conecta con Alicia en el país de las maravillas, El mago de Oz y, sobre todo, con Al otro lado, de Maurice Sendak, el libro que casi mete a Henson en un lío legal por sus similitudes. Wildwood parece consciente de ese linaje y lo abraza con una textura visual que dialoga directamente con los muñecos de Jareth, el Rey de los Duendes (interpretado por el mítico, legendario e imprescindible David Bowie) y con los paisajes imposibles diseñados por Brian Froud.
LAIKA sigue arrastrando una historia comercial frustrante pese a tener en su haber cinco nominaciones consecutivas al Óscar a Mejor Película de Animació
El problema, claro, es que ese paralelismo no es solo estético, sino también potencialmente profético. Dentro del laberinto costó 25 millones de dólares y recaudó apenas 12,7 millones en Estados Unidos, una cifra tan dolorosa que Jim Henson decidió no volver a dirigir nunca más y murió cuatro años después sin llegar a ver cómo el VHS y luego el DVD convertían su película en uno de los clásicos de culto más venerados del cine fantástico contemporáneo. Hubo que esperar a que una generación entera la descubriera en su salón, lejos del veredicto sumarísimo de la taquilla de 1986, para que el mundo aceptara lo que ya era evidente: estábamos ante una obra maestra disfrazada de fracaso. Pero volvamos a LAIKA: la pregunta que me hago al ver el avance de Wildwood es si la historia va a repetirse, si dentro de veinte años hablaremos de la película de Travis Knight como hoy hablamos de la de Henson, con esa mezcla agridulce de cariño y resignación.
Imagen de producción de Willwood. Foto: LAIKA
LAIKA hace prodigios artesanales y el mercado nunca ha sabido recompensarlos
Es una pena, pero el estudio de Hillsboro, Oregón, lleva quince años produciendo algunas de las películas de animación más arriesgadas y formalmente excepcionales del cine contemporáneo, y el mercado nunca ha sabido qué hacer con ellas. Coraline (2009) fue su mayor éxito y aun así quedó lejos de las cifras de cualquier Pixar menor. El alucinante mundo de Norman, Los Boxtrolls, mi querida Kubo y las dos cuerdas mágicas y Mr. Link han sido todas certificadas fresh en Rotten Tomatoes, nominadas al Óscar y pero han resultado comercialmente discretas, en algunos casos directamente decepcionantes. El detalle más revelador del estreno de Wildwood lo cuenta Deadline: la distribución correrá a cargo de Fathom Entertainment, una compañía especializada en reestrenos y eventos puntuales, no en estrenos masivos al uso. Que LAIKA acabe lanzando su película más ambiciosa con un distribuidor de nicho es síntoma de dónde se sitúa el estudio en el ecosistema actual de Hollywood.
Coraline (2009) fue su mayor éxito y aun así quedó lejos de las cifras de cualquier Pixar menor
Es difícil no leer este escenario sin un poco de pena. LAIKA y la británica Aardman son, a estas alturas, las dos últimas trincheras industriales del stop-motion de gran formato, un arte hecho a mano que consume años de trabajo para producir noventa minutos de pantalla que el espectador medio consume mientras mira el móvil. Frente al diluvio de animación CGI hiperproducida y los sistemas generativos que prometen abaratar la creación visual hasta extremos delirantes, lo que LAIKA defiende es algo poético: la idea de que sigue mereciendo la pena que decenas de artistas pasen meses moviendo marionetas un milímetro cada vez.
El tráiler de Wildwood es la prueba de que esa apuesta produce arte verdadero. Ojalá la película tenga más suerte que sus predecesoras, ojalá rompa la maldición del estudio y ojalá Travis Knight pueda celebrar un auténtico éxito popular. Porque la realidad, viendo el tráiler, es que el aficionado anónimo no exageraba: este es, sin duda, un avance maravilloso.
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