Faltan exactamente siete días para que The Mandalorian & Grogu aterrice en las salas y, mientras escribo esto, no puedo evitar pensar que pocas veces una película de Star Wars había llegado al cine en unas circunstancias tan extrañas. No es solo el primer largometraje de la saga desde El ascenso de Skywalker en 2019, lo que ya es un dato interesante para cualquiera que creció considerando que un estreno de Star Wars era casi un acontecimiento religioso. Es que además llega con la responsabilidad de demostrar que la franquicia todavía puede llenar los cines y no solo reforzar el catálogo en streaming de Disney+. Llega con la responsabilidad de consagrar a los personajes que, probablemente, mejor han sostenido la mitología de Star Wars durante la última década. Y llega, además, esa sospecha persistente entre los fans de que lo que vamos a ver no es tanto una película como un evento televisivo venido a más.
Los compañeros de Sensacine tuvieron la oportunidad de sentarse cara a cara con Jon Favreau, director de la película hace unos días y, como son la mar de majos, pudieron trasladarle una pregunta que llevaba tiempo rondándome la cabeza, una que va al corazón mismo de lo que esta película representa para Lucasfilm en este momento histórico. La pregunta era qué les diría hoy a los fans de Star Wars que se han sentido más decepcionados con la franquicia en los últimos años, y la respuesta condensa la estrategia completa que Disney ha decidido seguir con la propiedad intelectual más mitificada del cine moderno. Favreau no escurrió el bulto con la diplomacia corporativa que uno podría esperar, sino que entró directamente al tema con una honestidad que me sorprendió viniendo de alguien que está promocionando un estreno tan importante.
Existía una cuarta temporada escrita de The Mandalorian
Aquí viene una de las confesiones más jugosas de toda la entrevista de Sensacine que clarifica el debate que recorre a la comunidad desde hace meses. Jon Favreau explicó que inicialmente tenían planeada una cuarta temporada de la serie, e incluso llegó a escribirla, pero el salto al cine obligó a replantear el enfoque. Según comenta, una película de Star Wars debe funcionar tanto para los seguidores veteranos como para nuevas generaciones que quizá nunca hayan vivido la experiencia de ver la saga en pantalla grande. Por ello, decidieron crear una historia completamente nueva que sirviera como puerta de entrada accesible para cualquier espectador, aprovechando además la enorme popularidad que personajes como Grogu y el Mandaloriano han alcanzado gracias a las redes sociales. Favreau considera que Disney vio en estos personajes la oportunidad perfecta para devolver Star Wars a los cines tras años centrada exclusivamente en la televisión.
La respuesta de Favreau a los fans decepcionados
Cuando los compañeros de Sensacine le trasladaron mi pregunta sobre qué les diría a quienes se han sentido más decepcionados con Star Wars en los últimos años, Favreau hizo una defensa apasionada del trabajo creativo que se está haciendo en Lucasfilm bajo la nueva dirección de Dave Filoni y Carrie Beck. Subrayó que Filoni ha sido fan desde niño, que tuvo el privilegio de trabajar al lado de George Lucas en los proyectos de animación, y que todo el equipo creativo está formado por personas que son fans ellos mismos y que se preocupan profundamente por el legado que tienen entre manos. No se trataba, vino a decir, de imponer sus propias ideas sino de hacer cosas que mantuvieran la saga viva y la ayudaran a crecer.
Decidieron crear una historia completamente nueva que sirviera como puerta de entrada accesible para cualquier espectador
Lo más interesante de la respuesta es la verdadera filosofía estratégica que guía a Lucasfilm hoy en día. Favreau señaló que la saga ha sabido llamar a cada generación a través de formatos distintos, ya sea con animación, con series, con precuelas o con secuelas, y que cada espectador se conecta con la franquicia a una edad concreta y se queda con esa versión de Star Wars para siempre. Este planteamiento conecta directamente con cómo funcionan las grandes tradiciones mitológicas a lo largo de la historia, porque las epopeyas homéricas, el ciclo artúrico o las leyendas del Mahabharata sobrevivieron siglos exactamente por esa razón. Cada generación encontró su manera de contárselas a la siguiente, adaptándolas sin traicionar el núcleo simbólico que las mantenía vivas. Lo que Favreau está articulando no es solo una estrategia comercial sino un acto consciente de relevo generacional, y eso explica por qué Mando y su pequeño compañero verde son los elegidos para esta responsabilidad tan delicada: son, sencillamente, los únicos personajes nuevos de Star Wars que han conseguido calar la cultura pop más allá del nicho duro de la saga.
La estrategia de Lucasfilm tiene nombre y apellidos y se llama capital simbólico
Conviene mirar las cifras sin sentimentalismos antes de seguir hablando de este estreno. The Mandalorian & Grogu llega a los cines con unas previsiones de taquilla que oscilan entre los 80 y los 100 millones de dólares para su fin de semana de estreno en Estados Unidos. Para cualquier otra franquicia esto sería motivo de champán y celebraciones en la oficina, pero para Star Wars supone potencialmente el peor arranque de la era Disney, por debajo incluso del fracaso que supuso Han Solo: una historia de Star Wars en 2018. La diferencia es que esta vez el presupuesto es considerablemente más bajo, algo que se nota al ver el metraje de The Mandalorian & Grodu que ha hecho público Lucasfilm. La cifra oficial dada por la California Film Commission sitúa el coste en 166 millones de dólares, frente a los más de 270 que costó Solo en su día. Disney no quiere riesgos y ha decidido que el regreso de Star Wars al cine sea de lo más cauteloso.
Cada espectador se conecta con la franquicia a una edad concreta y se queda con esa versión de Star Wars para siempre
Pero centrarse solo en la taquilla sería perderse lo verdaderamente interesante de esta apuesta. Lucasfilm no está sacando a Mando y Grogu al ruedo cinematográfico para ganar dinero a corto plazo, está invirtiendo en asentar definitivamente a sus dos nuevos pilares mitológicos. Hay que ser honesto y decir que esto es exactamente lo que es: una operación de transferencia de capital simbólico desde los activos antiguos de la propiedad intelectual hacia los activos nuevos, porque los antiguos ya están exprimidos y los nuevos todavía tienen jugo que dar.
Grogu no es solo un personaje adorable que vende muñecos a cholón, es probablemente el primer icono de la saga creado en el siglo XXI que ha conseguido lo que ningún Episodio VII, VIII o IX logró del todo, atravesar la barrera del real fan y convertirse en algo culturalmente reconocible incluso para personas que no sabrían distinguir entre un Sith y un Jedi. A Disney le da igual que lo llames Baby Yoda, y no Grogu, mientras compres el muñeco de turno. Y Din Djarin, gracias al trabajo paciente de la serie durante tres temporadas, se ha convertido en un protagonista que arrastra una mitología propia, con códigos de honor, conflictos religiosos internos del credo mandaloriano y una paternidad adoptiva que ha hecho llorar a una generación entera de adultos, aunque hayan tenido que tirar de un cameo inolvidable de Luke Skywalker para ello (dejando, de paso, uno de los momentos más inolvidables de la saga Star Wars para el fandom).
Pedro Pascal, Lateef Crowder y Brendan Wayne forman un solo Mandaloriano
Hay otro detalle de la entrevista que merece ser destacado porque toca de lleno la mitología práctica del personaje, y porque es de justicia. Cuando Sensacine le preguntó por la reducida presencia física de Pedro Pascal en los rodajes recientes, Favreau aclaró con naturalidad que el rol del Mandaloriano siempre ha sido un trabajo compartido entre tres intérpretes principales desde el primer día de la serie. Pedro Pascal pone la voz y el rostro cuando el casco se retira, Lateef Crowder se encarga del combate cuerpo a cuerpo gracias a su experiencia en artes marciales y capoeira, y Brendan Wayne aporta el grueso del trabajo físico con el traje completo. El propio director hizo la comparación inevitable con Darth Vader, donde James Earl Jones ponía la voz mientras otras personas se enfundaban el traje según las exigencias de cada escena. Es un modelo coral perfectamente legítimo que sin embargo dice algo muy interesante sobre cómo se construye un icono moderno en la era del streaming.
Grogu es probablemente el primer icono de la saga en el siglo XXI que ha conseguido lo que ningún Episodio VII, VIII o IX
Esta forma de articular a su personaje protagonista también nos cuenta algo sobre la flexibilidad operativa que Lucasfilm necesita para sostener a Mando como pilar de la franquicia durante la próxima década. Si Pedro Pascal está cada vez más ocupado con la Marvel y otros proyectos paralelos, contar con un sistema coral consolidado desde 2019 garantiza que el personaje pueda seguir apareciendo sin convertirse en rehén de una agenda imposible. Favreau, además, defendió que esta vez los tres intérpretes recibirán crédito formal en la película, lo cual es un gesto de justicia profesional que en los pases previos realizados con fans ha sido muy aplaudido, doy fe de ello. Lo que en otras franquicias podría sonar a problema logístico, aquí se convierte en una declaración tácita sobre cómo Lucasfilm planea mantener vivos a sus iconos sin depender en exclusiva de la disponibilidad de una sola estrella. ¿Se aplicará eso también a otros personajes clásicos? Lo hemos visto con Luke Skywalker, ¿dejará esto de ser una anécdota y pasará a ser un recurso? En el fondo, es otra pieza más del mismo tablero estratégico que conduce a esta película y al relevo generacional, de personajes y de fans.
La presencia de Martin Scorsese y Sigourney Weaver en el reparto merece también algo de atención porque encaja perfectamente con la estrategia general que Lucasfilm está desplegando con esta película. Favreau explicó que la colaboración con Scorsese fue breve pero muy productiva, que el realizador italoamericano estaba en su lista de deseos personal, y que fue Kathleen Kennedy quien le tendió el puente porque lo conocía desde hace décadas. Grabaron en vídeo su interpretación de voz, los animadores y diseñadores de criaturas analizaron sus actuaciones con detalle, y el resultado final es para el director una de sus partes favoritas de la película. Sobre Sigourney Weaver, Favreau afirmó que cuando tienes solo dos horas para contar una historia y aparece en pantalla alguien con su reputación interpretando a la oficial al mando, el espectador entiende de inmediato quién es ese personaje y qué peso tiene en la historia.
El rol del Mandaloriano siempre ha sido un trabajo compartido entre tres intérpretes principales desde el primer día de la serie
Ese argumento es, en el fondo, un interesante ejemplo sobre la economía de los símbolos en pantalla grande. Donde una serie tiene horas para construir un personaje desde cero, una película tiene que ahorrar tiempo narrativo apoyándose en la mitología previa que cada actor arrastra consigo. Sigourney Weaver no aparece solo como Coronel Ward, aparece cargando con Ellen Ripley, o con la Doctora Grace Augustine de Avatar, con décadas de personajes duros frente a alienígenas que han educado al espectador sobre cómo leer su mera presencia en pantalla. Lo mismo ocurre con la incorporación de Jeremy Allen White como voz de Rotta el Hutt, otra apuesta que aprovecha la popularidad del actor de The Bear para añadir capital simbólico inmediato, y en este caso, también cierto reclamo comercial. Son decisiones de casting profundamente bien pensadas que delatan las limitaciones temporales que impone el formato cinematográfico frente al lujo narrativo de la televisión. También hay que recordar que alguien de Lucasfilm decidió darles dos papeles de cierta importancia a Lizzo y Jack Black en la serie de The Mandalorian.
Star Wars vuelve al cine como ritual colectivo y eso es lo único que importa
Más allá de cifras y de sospechas industriales, hay algo que Favreau articula en sus entrevistas con una emoción contagiosa. El director defendió ante Sensacine que presentar una película antigua que amas a alguien que nunca la ha visto es lo segundo mejor después de verla por primera vez tú mismo, y que Star Wars pertenece exactamente a esa categoría de obras que se viven mejor cuando se comparten. Los que tengáis hijos y hayáis visto con ellos Star Wars por primera vez seguramente lo entenderéis perfectamente. Recordó haberla visto en un cine de niño y haber sentido esa energía colectiva que solo ocurre en una sala oscura llena de extraños riendo y emocionándose al mismo tiempo. Sus palabras conectan con algo que cualquiera que haya pisado un cine entre 1977 y los primeros 2000 reconoce de inmediato, esa sensación de que ciertas películas merecen ser vistas en el cine porque el rito comunitario forma parte del significado mismo de la obra.
El cine como ritual colectivo es, en términos antropológicos, uno de los últimos grandes espacios profanos donde una sociedad fragmentada todavía comparte una experiencia simultánea
El cine como ritual colectivo es, en términos antropológicos, uno de los últimos grandes espacios profanos donde una sociedad fragmentada todavía comparte una experiencia simultánea. Estudiosos como James George Frazer y, más cerca de nuestro tiempo, Joseph Campbell señalaron que las grandes mitologías necesitan espacios rituales para mantenerse vivas, y durante el siglo XX ese espacio fue precisamente la sala de cine. Cuando uno escucha a Favreau hablar de querer que el público joven sienta hoy algo parecido a lo que vivió él en 1977, no está vendiendo nostalgia barata, sino reivindicando algo bastante más profundo que merece atención. Está defendiendo la idea de que ciertas historias necesitan ser experimentadas en comunidad para alcanzar su pleno significado mitológico.
Es lo que mi querida Carrie Fisher, nuestra Princesa Leia, llamaba "hacer Star Wars", haciendo de la saga una actividad participativa, familiar, generacional y social. Y Fisher sabía de lo que hablaba. Que Din Djarin y Grogu, los dos personajes que Favreau ayudó a crear, merecen ahora ser consagrados como mitos completos en la pantalla grande, parece lógico. Si lo consiguen, las cifras de taquilla terminarán siendo lo de menos. Si fracasan, al menos habremos asistido a un intento honesto de devolver Star Wars al lugar donde nació hace casi cincuenta años, una sala oscura llena de niños mirando hacia arriba con la boca abierta. Pero como diría el Maestro Yoda, "hay otro"...
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