Si todo va bien, la próxima primavera estaremos jugando a The Expanse: Osiris Reborn, un RPG al estilo de Mass Effect, que invita a la audiencia a sumergirse en un universo muy familiar para los seguidores de la mejor serie de ciencia ficción de Prime Video. Se trata de un saga ambientada en un futuro donde la humanidad ha colonizado todo el sistema solar, lo que incluye crear hábitats en mundos tan inhóspitos como Ceres. Unas condiciones de habitabilidad que, en realidad, la NASA sugiere que esta roca pudo haber tenido de forma natural en su día.
Según leemos en GameStar, haciéndose eco de una investigación liderada por Samuel W. Courville —basada fundamentalmente en datos recopilados por la misión Dawn de la NASA—, y publicada en Science Advances— la clave de ese pasado habitable reside en el metamorfismo del núcleo de Ceres, un proceso térmico que habría permitido al planeta enano mantener un entorno más propicio para la vida en su remoto pasado. En esencia, el calor generado por sus propios procesos internos, especialmente la deshidratación de las rocas del núcleo, habría actuado como un motor térmico capaz de sostener un mundo oceánico dinámico. Gracias a ello, Ceres no se convirtió de inmediato en un bloque de hielo inerte, sino que conservó durante millones de años la energía necesaria para mantener un interior activo y potencialmente habitable durante un tiempo.
Cumplía los tres pilares de la habitabilidad
En otras palabras, todas estas dinámicas internas habrían generado en Ceres, durante un periodo de 2.500 millones de años (específicamente entre hace 2.000 y 4.500 millones de años), un entorno capaz de sostener los tres pilares fundamentales de la habitabilidad: agua líquida, disponibilidad de carbono y una fuente estable de energía química. Este cóctel geológico habría dado lugar a un ecosistema subterráneo limitado pero viable, sustentado por reacciones hidrotermales y protegido de las condiciones hostiles de la superficie. En un escenario así —y sin caer en el exceso de optimismo— los candidatos más plausibles para prosperar habrían sido microbios quimiótrofos, organismos primitivos que obtienen su energía de compuestos inorgánicos y que representan la forma de vida más realista en estos y otros mundos oceánicos helados.
La ilustración muestra la estructura de Ceres. (Fuente de la imagen: NASAJPL-Caltech).
Sin embargo, hace unos 2.500 millones de años Ceres empezó a perder su impulso térmico: los isótopos radiactivos que calentaban su interior se desintegraron y la fuente de calor se agotó, provocando un enfriamiento gradual que terminó por extinguir cualquier entorno habitable. Este escenario fue confirmado mediante un modelo informático que simuló la evolución térmica y química del planeta enano, mostrando cómo los procesos de metamorfismo que en su origen generaron un océano subterráneo acabaron cesando y llevando a Ceres al estado frío e inerte que presenta hoy. En definitiva, un cementerio.
A pesar de que los días de esplendor de Ceres como cuerpo geológicamente activo terminaron terminaron hace mucho tiempo, recuerdan en Gamestar, sin duda el planeta enano se ha convertido en un caso modelo invaluable para la ciencia. Este estudio demuestra que pueden llegar a existir clases de hábitats completamente nuevos en el universo que hasta ahora no habían estado en nuestro radar. Gracias a hallazgos como este, cuerpos celestes que parecen simples fragmentos de roca estéril son ahora mucho más interesantes.
Habitado por casi siete millones de personas
El estudio enlazada es mucho más interesante de lo que aquí os hemos contado, por lo que os invito a echar un vistazo y leerlo en profundidad a poco que os guste este tipo de historias. Y si no, aprovecho para invitaros a ir a Prime Video tan pronto como esta noche y empezar a ver The Expanse, donde Ceres, decíamos al comienzo, es un mundo atiborrado de vida. Y es que la roca, su estación, es el puerto más grande e importante de todo el Cinturón de Asteroides, hogar de seis millones de cinturianos —así se denomina a los habitantes de esta región del sistema solar— frente a los interianos, que engloban a terrestres y marcianos, además de cientos de miles de viajeros de paso hacia el resto de mundos.
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