Hasta hace unos años hablar de ingeniería arrojaba un protagonista absoluto a la mente. Por una cuestión de sueldos y proyección de su mercado laboral, automáticamente nos venía a la cabeza la ingeniería informática. Pero si algo nos han demostrado los últimos años, especialmente durante el pasado 2025, es que los tiempos cambian, y la mejor muestra de ello es cómo un trabajo considerado en decadencia está tomando la delantera. De la mano del interés creciente sobre las tierras raras, la ingeniería de minas está devolviendo a los jóvenes a la universidad.
Lo de sentarse a programar en un mundo en el que la tecnología parece correr más que nosotros ha empujado a buena parte de la población a buscar cuál es la siguiente gallina de los huevos de oro. Parecen haberla encontrado en una necesidad en la que, frente a una fuerza laboral minera que empieza a acercarse a su jubilación -creando con ello una brecha de talento-, los sueldos han subido como la espuma para intentar atraer jóvenes novatos.
Los sueldos de la fiebre por las tierras raras
Mediante sueldos similares a los que hasta hace no mucho parecían relegados a la informática, con salarios que rozan los 90.000 euros anuales en España, lo que busca la industria minera no es sólo cubrir esos huecos que más pronto que tarde empezarán a surgir, sino también integrar sangre nueva entre sus filas que sean capaces de acercarse a un enfoque 2.0.
La implementación de la inteligencia artificial y la robótica en procesos, el uso de drones para los análisis topográficos, el control de maquinaria pesada de forma remota desde un centro de control a kilómetros de la mina, e incluso la economía que arrastra el reciclaje de residuos, dejan muy lejos la idea que teníamos hasta ahora de la industria minera.
Sumemos ahí un factor de necesidad que ha revolucionado una industria que nos huele a algo del pasado. La transición energética en forma de paneles solares y turbinas eólicas, pero sobre todo el empuje de la tecnología que demanda cada vez más tierras raras para la creación de baterías, nos ha colocado en una situación crítica en la que el grueso de esos minerales promete multiplicarse durante los próximos años. Para el litio, sin ir más lejos, se pronostica una demanda de hasta 40 veces más.
Pese a que el índice de graduados en ingeniería de minas había caído hasta un 39% durante la última década, la competitividad salarial ha conseguido que los jóvenes vuelvan a mirar a esta industria con buenos ojos, y ya hay universidades en el extranjero que reconocen haber experimentado un notable crecimiento en el interés de la carrera que sólo acaba de empezar.
Imagen | Reliamag
Ver 0 comentarios