Si voy más rápido llego antes. Si funcionaba en los exámenes de matemáticas en los que calcular cuánto tardaba en llegar un tren, la lógica nos indica que en los viajes espaciales debería ocurrir igual. Dicho de otro modo, mejor viajar a mil veces la velocidad de la luz que a casi la velocidad de la luz, ¿no? Pues resulta que no.
Con la intención de que entendáis esta paradoja sin tener que acudir a un ibuprofeno después de leer, vamos a intentar aterrizar este concepto lo máximo posible para que, incluso aquellos que optasteis por latín en vez de por las matemáticas, consigáis comprender cómo es posible que, lo que a todas luces parece un sinsentido, en realidad sí lo tenga.
En el espacio, más velocidad no significa más rápido
Lo primero que debemos tener en cuenta es que, según las leyes de la física, el universo está en constante expansión. Si estás en una cinta de correr del gimnasio, el equivalente sería una cinta infinita cuyo final nunca puede alcanzarse. Por mucho que te pongas una de esas zapatillas que llevan los runners ahora, con una placa de carbono que mejora la propulsión como si fuera un resorte (otro tema para otro día), la expansión de la cinta siempre será mayor que la velocidad alcanzada.
Como el universo se expande más rápido que cualquier velocidad imaginable, incluso la velocidad más descerebrada de una nave de ciencia ficción que puedas inventar nunca será suficiente. Da igual que vayas más rápido que la velocidad de la luz multiplicando por 1.000 tu aceleración, las leyes de la física impiden esa posibilidad.
Justo aquí es donde la cosa se pone interesante. Si el enfoque es completamente el opuesto, la teoría de la relatividad de Einstein dicta que sí hay una forma de alcanzar ese objetivo y, además, hacerlo en mucho menos tiempo. La clave está en alcanzar una aceleración constante que se quede casi a la velocidad de la luz.
El truco está en que, al alcanzar esa velocidad controlada no sólo te mueves en el espacio, sino que también cambia la percepción del tiempo. Mientras que desde la Tierra te verían cómo te alejas en un viaje que tarda millones de años, para ti el tiempo se ralentiza y tu marco de referencia cambia. Lo que postula la ciencia, y ha sido comprobado llevando partículas subatómicas a alcanzar esas velocidades, es que en cierto sentido el espacio también se comprime en consonancia.
El truco de Einstein y la relatividad
Como tu reloj va más lento y se crea una dilatación temporal y espacial, lo que desde fuera es un viaje de millones de años, para ti se limita a unas décadas. En cierto sentido, es como si el universo se comprimiera como un acordeón, permitiéndote recorrerlo en "menos tiempo". El truco de casi frenar el tiempo te permite llegar hasta el final aunque la cinta infinita siga creciendo.
Llegados a este punto estaréis pensando: "joroba, pero si el universo siempre crece al mismo ritmo independientemente de mi velocidad, y viajando a más de la velocidad de la luz voy más rápido, lo mismo debería ocurrir con el otro planteamiento". No te falta razón, pero justo aquí es donde entra la teoría de Einstein que tira por tierra esa lógica.
Digamos que al meterle más potencia al cohete para llegar más rápido superando por 1.000 la velocidad de la luz estás jugando con términos absolutos, y ahí juegas con las reglas de la expansión del universo y pierdes. Como la teoría de la relatividad no funciona con esas velocidades, sino con las que quedan por debajo de la velocidad de la luz, esa distorsión del tiempo no se produce.
El fenómeno de ralentizar el tiempo y reducir el espacio ocurre en fórmulas en las que se trabaja con velocidades cercanas a la velocidad de la luz, pero sólo por debajo. Si lo intentas con números que lo sobrepasen, las fórmulas dejan de tener sentido y se convierten en resultados absurdos para la relatividad. La única forma de no jugar con las reglas del universo está en romperlas, y por eso se tarda más en viajar a las galaxias más lejanas a mil veces la velocidad de la luz que a casi la velocidad de la luz.
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