La solución a El problema de los tres cuerpos nos la dio Jurassic Park hace más de 30 años. Así es la ciencia detrás de la ciencia ficción de Netflix

La solución a El problema de los tres cuerpos nos la dio Jurassic Park hace más de 30 años. Así es la ciencia detrás de la ciencia ficción de Netflix

  • La teoría del caos relaciona la película de Steven Spielberg con la serie de Eiza González

  • La solución al problema de los tres cuerpos no está en la segunda temporada

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El problema de los tres cuerpos

Tras hacer lo propio en el mundo de los libros, El problema de los tres cuerpos se ha convertido también en un fenómeno en su llegada a Netflix con una primera temporada que no está exenta de controversia. Sin embargo, más allá de su historia, uno de sus mayores logros es el acercamiento que hace a la ciencia desde su óptica de ciencia ficción.

Aunque El problema de los tres cuerpos arroja distintos conceptos de física y astronomía difíciles de entender para quienes no estamos acostumbrados a las ciencias avanzadas, en realidad los simplifica lo suficiente para conseguir que sean comprensibles y, de hecho, ha conseguido que lectores y espectadores de la serie de Netflix se interesen por conceptos que nos resultaban ajenos.

Sin embargo no es el primer ejemplo de ello y, aunque toca irse casi 30 años atrás, hay otra obra de ciencia ficción que nos explicó la solución a El problema de los tres cuerpos: la teoría del caos que el doctor Ian Malcolm nos aterrizó con la imprevisibilidad de una gota de agua en Jurassic Park.

La solución a el problema de los tres cuerpos

El primer choque con el problema de los n cuerpos (siendo n tres o más) del que tenemos constancia se le atribuye a Amerigo Vespucci que, intentando establecer las ecuaciones necesarias para calcular el movimiento de la Tierra y la Luna respecto al Sol, se topó con un desafío que, al menos aparentemente, no tenía solución.

A la misma conclusión llegaron otros como Galileo o Copérnico antes de que, cientos de años después, la ley de la gravedad de Newton terminase por demostrar que, frente a la solución que ofrecía un problema de dos cuerpos, si se añadían tres o más cuerpos resultaba imposible predecir una solución con exactitud.

El dilema establece que, con tres cuerpos interactuando gravitacionalmente entre sí, no existe una ecuación simple capaz de describir cómo se comportarán en el futuro a largo plazo porque cualquier pequeño cambio puede ser importantísimo al modificar su movimiento.

De entre las muchas posibles soluciones que se han planteado hasta el momento, la única que se ha acercado a ese término es la del matemático finlandés Karl Fritiof Sundman, que pese a no ser una solución definitiva, sí es la muestra más cercana a una predicción a largo plazo que nos ha dado la ciencia.

Lo que Jurassic Park nos enseñó sobre la teoría del caos

De entre todos aquellos cálculos que echaban en falta Galileo, Copérnico, Kepler o Newton, en 1903 el matemático francés Henri Poincaré conseguía demostrar lo que muchos otros ya daban por hecho, no había una fórmula capaz de controlar el problema de los tres cuerpos.

Según Poincaré aquello no era culpa del azar. Si unas pequeñas perturbaciones iniciales pueden llevar a destinos completamente opuestos a los predecidos, un sistema de tres cuerpos como el que se muestra en la serie de Netflix, o el que nos toca a nosotros de cerca entre el Sol, la Luna y nuestra Tierra, sólo puede considerarse como un sistema caótico.

Casi 50 años antes de que se formulase para intentar comprender sistemas complejos, desde el clima hasta el tráfico de nuestras ciudades, el problema de los tres cuerpos ya nos había introducido la teoría del caos. Y tal y como ocurre ahora con el dilema de tres soles aterrizado por la serie de Netflix, la película de Jurassic Park de 1993 hizo lo propio con la teoría del caos de la mano del doctor Ian Malcolm.

En ella, valiéndose de una gota de agua, nos explica que la teoría del caos nos habla de sistemas impredecibles. Es como cuando un gota de agua se desliza por la piel de tu mano. En un principio sigue un camino predecible, pero luego, en algún punto, se bifurca. A partir de ahí no puedes predecir exactamente hacia dónde irá porque el vello, los vasos sanguíneos o el aire pueden modificar su dirección. Eso es lo que hace que los sistemas complejos sean tan interesantes. Pequeñas variaciones pueden tener grandes consecuencias.

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