Hace una semanas terminé de leer el interesante libro de mi compañero Adrián Suárez dedicado a la saga Metal Gear Solid, donde Adri habla de las influencias culturales que llevaron a Hideo Kojima a desarrollar este universo de ciencia ficción. El libro no tiene desperdicio, pero uno de los elementos que más me llamó la atención fue la figura del padre de Kojima, un hombre atrapado entre el rechazo y la fascinación por la cultura pop norteamericana, en concreto por su cine, que tras la Segunda Guerra Mundial trataba de infiltrarse con insistencia en territorio nipón. Esto me hizo reflexionar una vez más sobre un fenómeno curioso: la cultura popular occidental no termina de cuajar dentro de Japón. ¿Por qué los superhéroes de Marvel no vuelven locos a los fans japoneses como ocurre aquí? ¿Por qué Star Wars, a pesar de compartir muchos elementos con la cultura japonesa, no es allí el fenómeno cultural que es en Occidente? No se trata de que los japoneses desconozcan a Superman o a Mickey, sino de que siguen prefiriendo a sus propios iconos, como Astro Boy.
Los secretos de Shadow Moses: Más allá de "Metal Gear": 4 (LunwerGG)
Siempre que tengo dudas sobre un tema, mi primer recurso es acudir a los expertos, porque pocas cosas hay más valiosas que escuchar a quien entiende de verdad lo que cuenta. Por eso, para este artículo he recurrido a Adrián Suárez, cuya perspectiva sobre la influencia cultural en Metal Gear Solid ha sido prácticamente la columna vertebral de este texto y culpable de verme yo en este brete; a Raquel Cervantes, nuestra experta en cultura nipona en 3DJuegos, que aporta contexto y matices que serían imposibles de captar sin su conocimiento; y a Kenny Ruiz, mangaka profesional que ha trabajado tanto con personajes de Tezuka como con los de Star Wars, actuando como un puente cultural imprescindible entre Japón y Occidente.
Hiroshima tras el bombardeo atómico
Heridas históricas
El rechazo a ciertas producciones americanas en Japón no puede entenderse sin mirar al pasado. Como explica Adrián Suárez, "la primera razón es este rechazo a cierto patriotismo americano, justamente por la idea de revanchismo tras la Segunda Guerra Mundial. Uno podría pensar que ya ha pasado mucho tiempo, pero no hay que olvidar que incluso hoy se envían robots a la central nuclear de Fukushima que mueren por la radiación. Es decir, es una herida todavía muy reciente". La memoria colectiva japonesa conserva el trauma de Hiroshima y Nagasaki, de ahí que Godzilla también siga siendo un fenómeno, así como la sensación de haber sido un país derrotado y posteriormente ocupado. Esta experiencia dejó una marca cultural que todavía afecta la percepción de Estados Unidos y de sus productos culturales.
Según Suárez, incluso en videojuegos actuales como Code Vein 2, la narrativa refleja cómo las bombas nucleares siguen siendo un tema recurrente. La creación cultural japonesa incorpora la historia de la derrota y la ocupación, no como un mero recuerdo, sino como una influencia activa en la forma de contar historias. Esta sensibilidad histórica hace que muchas producciones occidentales, aunque conocidas y respetadas, no lleguen a resonar de manera profunda. Es un rechazo que no es consciente, sino que surge de una mezcla de memoria histórica y códigos culturales profundamente arraigados.
Portada del manga Star Wars: Path of the Lightsaber de Kenny Ruiz
Diferencias narrativas y estéticas: la complejidad japonesa
Otro factor crucial está en los ritmos narrativos y estéticos. Suárez subraya que "no hay que olvidar que el ojo japonés tiene unos gustos muy diferentes a los americanos. Después de la Segunda Guerra Mundial, y debido a la pobreza en medios de producción cinematográficos, ellos se fijaron en Disney con Osamu Tezuka, pero no podían ofrecer animaciones como Blancanieves. Por eso se centraron en primerísimos planos, gran introspección de personajes y narrativas complejas". Este enfoque llevó a la creación de historias densas, introspectivas y con un fatalismo propio que caracteriza buena parte de la narrativa japonesa contemporánea.
Su concepto de superhéroe no es Superman, que lucha en ciudades que ellos no entienden, con valores capitalistas que además en cierto modo desprecian
Kenny Ruiz complementa y actualiza esta idea al señalar que "en Japón ya tienen héroes muy localizados, como Ultraman o Kamen Rider. Su concepto de superhéroe no es Superman, que lucha en ciudades que ellos no entienden, con valores capitalistas que además en cierto modo desprecian. Cuando Ultraman desaparece de su oficina de defensa para convertirse en héroe, eso tiene tanto peso como la propia lucha contra los monstruos. Es un súper profesional, un salaryman ejemplar". La narrativa japonesa está profundamente ligada a su realidad social y cultural, lo que hace que los héroes extranjeros no resuenen con la misma fuerza emocional. Mientras nosotros vemos a Peter Parker o a Han Solo como modelos aspiracionales, los japoneses priorizan el honor, la disciplina y la colectividad en sus protagonistas. ¿Qué es eso de escaquearse en horario de trabajo para ir a salvar el mundo?
El estilo estético también influye. "En Japón no gusta el realismo excesivo. Prefieren que la fantasía esté claramente separada de la vida real. Por eso los robots de Pacific Rim no les interesan tanto como los de Gundam, que son coloridos y fantásticos", explica Kenny. La distancia entre realidad y ficción es un código cultural que las producciones occidentales a menudo ignoran, lo que contribuye a la falta de conexión con el público japonés.
Imagen de Bioman
Cool Japan y la respuesta cultural
Tras la ocupación, Japón desarrolló estrategias conscientes para proteger y exportar su cultura. Suárez apunta: "Japón hizo un contraataque a la inserción cultural obligatoria que América intentó con el movimiento Cool Japan, que exportó la cultura japonesa al mundo para que otras producciones se empaparan de anime y manga". Pero esto no significa que el mismo proceso funcione a la inversa, porque sus códigos siguen siendo muy diferentes. El resultado es que mientras nosotros adoptamos y admiramos el anime y el manga, los japoneses permanecen fieles a sus tradiciones narrativas y estéticas.
Este contraste explica por qué obras como Evangelion o Nier tienen una recepción emocional más profunda en Japón que cualquier superproducción occidental. Los japoneses buscan una introspección, complejidad y códigos morales específicos que no se encuentran en los héroes americanos. La narrativa de Marvel, basada en conflictos individuales y heroísmo falible, se percibe como algo muy caótico frente a la liturgia de las historias locales, donde la cooperación y la disciplina son fundamentales. Esto me costaba entenderlo al principio, pero lo he visto claro cuando me lo han comparado con los deportes de equipo.
Imagen de Los Vengadores
El béisbol: la excepción americana
Curiosamente, no todo lo americano es rechazado. Raquel Cervantes destaca: "cuando me has hablado del rechazo japonés a la cultura norteamericana, lo primero que pensé es: pero el béisbol les flipa. Es casi deporte nacional." ¿Por qué el béisbol sí que es súperyanki y Star Wars no? Pues hay una explicación y es perfecta para entender todo este asunto. El béisbol se instauró en Japón durante la ocupación estadounidense, pero a diferencia de la cultura pop, se integró en la sociedad a través de un concepto de equipo que coincide con los valores japoneses: cooperación estricta y respeto a la jerarquía.
La idea de equipo de 'todos brillamos por igual pero cada uno siendo nosotros mismos' es casi anticultural para ello
Kenny Ruiz explica de maravilla cómo esto afecta la percepción cultural: "El concepto de equipo en Japón es opuesto al nuestro. Al final de la peli de Los Vengadores, cada superhéroe actúa individualmente, cada uno haciendo lo que mejor se le da según sus habilidades y luego combinan fuerzas. En cambio, en Japón, cuando quieren potenciar un equipo, todos hacen lo mismo. Que es el concepto de los Power Ranger invocando al cañón láser o al Megazord: todos se mimetizan en una sola en una sola cosa. Y eso es lo que les funciona bien a ellos. Es su concepto de equipo. O todos hacen exactamente lo mismo, o todos potencian a uno. ¿Cuándo has visto tú una pelea de equipo en la que todos peleen todos contra todos, y van pegando juntos a uno o a otro? No, no, en Dragon Ball todos miran mientras que Goku pelea". Claro, Kenny exagera, pero entiendo lo que quiere decir.
Imagen de Dragon Ball Z
"Porque la idea de equipo de 'todos brillamos por igual pero cada uno siendo nosotros mismos' es casi anticultural para ellos. No es que no les parezca bien, es que les parece contraproducente. Entonces yo me imagino que todas estas escenas de superhéroes, tanto en el cine como en los cómics, en las que cada uno va por su lado y hacen un poco lo que quieren y cada uno hace su jugada y tal, ellos lo consideran muy desordenadas. No creo que ellos piensen: 'Buah, qué guay, cómo se coordinan, qué bien trabajan, qué subidón', como nosotros podríamos sentir. Ellos piensan: 'Esta panda, ¿qué está haciendo?'. Pues igual que nosotros cuando los vemos haciendo posturitas a los Power Rangers y decimos: '¿Por qué hacen todos lo mismo? ¿Qué mierda están haciendo?'. Claro, ellos están ahí potenciando la idea de que todos están tan unidos que son capaces de hacer el mismo movimiento coordinado.
Además, como Kenny sabe de todo me explica que el béisbol también se asocia a la historia de la reconstrucción: los norteamericanos instalaron campos de béisbol incluso antes que hospitales, buscando implantar una actividad social que facilitara la aceptación del ocupante y la educación en valores colectivos. Con el tiempo, este deporte se naturalizó porque estaba en cada barrio y en cada instituto, integrándose con los códigos japoneses y convirtiéndose en una excepción a la regla del rechazo hacia la cultura pop americana.
Imagen de El Imperio Contraataca
Conflictos internos y códigos de honor
Otra diferencia crucial es cómo se representan los conflictos internos. Kenny señala que "en Occidente nos gusta el héroe falible, con conflictos internos evidentes. En Japón, los conflictos se trabajan de manera distinta: los personajes son honorables, con un código férreo. Consideran que nosotros somos maleducados porque expresamos abiertamente nuestras emociones. Situaciones que para nosotros son ideales, como la tensión entre Han Solo y Leia en El Imperio Contraataca discutiendo en un pasillo lleno de gente, a ellos les parecen incómodas e inapropiadas".
El que tiene el conflicto emocional es Mifune y es el que al final tiene un gran desarrollo, y es el que nos gusta a los occidentales. Pero para los orientales, el protagonista es el samurái honorable que busca a los demás
"Para ellos Han Solo probablemente sea un tío muy maleducado y muy hostil. Cuando hay un personaje que tiene ese carácter en en el manga o en el anime o en el cine japonés, suele ser un personaje bastante deleznable. Esto si lo comparas con Los Siete Samuráis, que están como todas las personalidades de los arquetipos japoneses representadas, verás que el prota, que es Toshiro Mifune, que es como el campesino muy maleducado, muy despreciable, que los otros samuráis lo tratan fatal, no es realmente el que lleva la trama. El que lleva la trama es el samurái honorable. El que tiene el conflicto emocional es Mifune y es el que al final tiene un gran desarrollo, y es el que nos gusta a los occidentales. Pero para los orientales, el protagonista es el samurái honorable que busca a los demás. Esa diferencia de valores hace que, aunque estén interesados por lo que hacemos nosotros, nunca les toque tanto como les tocan sus propias obras, porque es que también hablan entre ellos, con su código, de ellos, de su cultura, de sus conflictos.
Ese es un importante factor a considerar: la saturación de contenido local. Kenny Ruiz apunta que "la cantidad de material japonés hecho para ellos deja poco espacio para que nuestro material conquiste sus corazones. Si les gusta Gundam y Mazinger, no hay espacio para Star Wars. Pueden verlo y decir 'qué chulo', pero no lo sienten como propio". Japón cuenta con un flujo constante de anime, manga y series desde generaciones, lo que hace que las producciones occidentales sean percibidas como curiosidades más que fenómenos culturales.
Imagen de Evangelion
Divergencias culturales
Todos estos motivos culturales también tienen su componente económico. El interés japonés por la ciencia ficción se ha centrado históricamente en la robótica, que es una tecnología por la que su industrial y su modelo económico, apostó muy fuerte tras la Segunda Guerra Mundial, no en naves espaciales o aventuras intergalácticas. Kenny Ruiz explica: "Nosotros estábamos obsesionados con los aviones por lo que significaron para nuestra historia, símbolo de libertad. Ellos siempre han estado pensando en el autómata y la representación del hombre. Por eso tienen Gundam, Mazinger y otras franquicias que ocupan su imaginación desde la infancia".
Y por eso su versión de Pinocho más famosa es Astroboy, que es un niño, no de manera, sino un niño androide. Las batallas espaciales de Star Wars, aunque visualmente impactantes, no sustituyen la tradición local de robots gigantes, héroes honorables y tramas colectivas. De ahí que ellos disfruten más con epopeyas como Macross que con la fantasía galáctica de Lucas, por mucho que Lucas bebiera directamente de la cultura japonesa para darle forma.
Manga y anime no solo sobreviven, sino que dominan la imaginación colectiva japonesa
Todo esto explica, muy superficialmente, pero de manera muy panorámica, por qué la cultura pop occidental no termina de triunfar en Japón. La narrativa y la estética funcionan en consonancia con sus valores culturales, mientras que el cine y el cómic estadounidense intenta mezclar realismo con fantasía, provocando una desconexión. En definitiva, la recepción de la cultura occidental en Japón no es un simple asunto de tiempo o exposición: es una cuestión de historia, estética, moral y adaptación cultural. Japón sigue fiel a sus propios héroes, sus propios códigos y su propia manera de entender la fantasía. Manga y anime no solo sobreviven, sino que dominan la imaginación colectiva japonesa, mientras ellos consumen nuestras historias como una curiosidad, nosotros seguimos maravillándonos con las suyas. A lo mejor tengo que escribir otro artículo sobre eso.
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