Tras la oleada de entusiasmo inicial con el lanzamiento de Silksong, la comunidad ha empezado a ver asperezas aquí y allá que, aunque lo mantienen como uno de los juegos con mejor puntuación del año, ha llevado al Team Cherry a lanzar un parche reajustando el equilibrio de alguno de los elementos que más se le estaban atragantando a los jugadores.
Más allá de los picos de dificultad que la mayoría dábamos por hecho, y de cómo viajar de un punto a otro del mapa se ha convertido en un reto casi tan complejo como el de lidiar con la mayoría de sus jefes por lo duro que es el entorno, sin duda lo más criticado ha resultado ser cómo la montaña de Hollow Knight: Silksong se convierte en un sacacuartos cada vez más carero conforme avanzas en su escalada.
El desesperanzador sistema de rosarios de Silksong
Desde el Team Cherry ya han afirmado que uno de los principales cambios del primer parche de Silksong retocará el flujo de rosarios que obtienes, la moneda que sirve para casi todo lo que merece la pena en el juego, y que minimizará los precios de algunos de los bancos en los que puedes detenerte en forma de checkpoint para guardar la partida, reponer vida, y no tener que lidiar con el mismo camino que acabas de realizar.
El punto culminante de la aventura es escalar la montaña que da vida al escenario del metroidvania como una suerte de peregrinación. Empezamos en lo más bajo, y tenemos que llegar a lo más alto. Un viaje hacia una cima que deja paso a la Ciudadela en la que poco a poco vamos encontrando peregrinos que, por la locura que supone llegar hasta la meta final, han perdido completamente la cabeza. Ellos y sus ofrendas a la montaña son, de hecho, la principal fuente de rosarios que obtenemos.
Pero nadie mentiría si dijese que ganarlos puede ser fácil, pero mantenerlos es extremadamente complicado. En Silksong es desesperanzador haber superado una zona especialmente compleja y, al llegar a uno de sus valiosos bancos, ver que para poder desbloquearlo tienes que soltar una cantidad desmesurada de rosarios que, para mayor enfado, no llevas encima porque el tramo anterior te ha hecho perder buena parte de ellos.
Sin embargo, pese a que todos en mayor o menor medida hemos sufrido esa molestia en alguna ocasión, a menudo con precios que escalan de forma alarmante conforme te acercas al final del juego, hay un sector de la comunidad de jugadores a la que la idea no sólo no le ha sorprendido lo más mínimo, sino que además la encuentra perfectamente coherente con su estructura: los aficionados al montañismo.
La coherencia de la inflación por altitud
Con comentarios que apuntan la frustración de haberse gastado 150 rosarios en fragmentos de mapa para luego toparse con un banco que cuesta 80, la dinámica de Silksong ha terminado conociéndose como algo de sobras conocido por los montañistas: la inflación por altitud. Si el diseño de ese reto económico es coherente, pese a la frustración, es porque es exactamente igual al que se vive en el mundo real.
El ejemplo del Himalaya, en Nepal, es el más representativo de esa mecánica. Pagar por una comida local en el pueblo de Lukla, el inicio de la escalada al Everest a unos 2.860 metros, cuesta alrededor de unas 600 rupias nepalíes (unos 3,64 euros al cambio). Si sigues adelante y llegas hasta Namche Bazaar, a 3.440 metros, el precio salta hasta las 750 NPR (4,55 euros). Y para cuando llegues a Gorak Shep, a 5.140 metros, para comer tendrás que soltar unas 1.400 NPR (8,49 euros).
A mayor altitud, mayor dificultad para llevar hasta allí materiales y suministros, lo que encarece el precio y hace que absolutamente todo, desde la comida hasta los refugios, cueste cada vez más. Que los sherpas cobren distintas tarifas por hitos, incluso con bonos especiales por escalar hasta la cumbre, es otro ejemplo más de cómo funciona la inflación por altitud en países como Nepal, pero también en otras regiones montañosas como los Alpes o incluso los Pirineos.
Lo que está viviendo Hornet en Silksong es el mismo peaje por altitud con el que tienen que lidiar los aficionados al montañismo por una mera cuestión de coherencia económica. Una lógica que, por molesta que resulte, tanto en la vida real como en el juego, impone sus propias reglas por una mera cuestión económica. Cuando entiendes que los bichos del juego deben trabajar contra su voluntad y cobran una miseria que no les da ni para sentarse en un banco, de repente ese precio que te quieren sangrar cada dos por tres cobra una importancia narrativa mucho más especial.
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