PlayStation siempre ha sido una compañía que no ha tenido miedo a la hora de hablar con su comunidad con discursos con un toque canallita, sobre todo cuando eso suponía un golpe a la competencia. Aquel "¡299!" con el que PlayStation ganó el E3 de 1995 frente a su competencia; la forma en la que Adam Boyes y Shuhei Yoshida respondieron al abusivo DRM de 24 horas de Microsoft que impedía compartir juegos de Xbox One; o, desde el lado más negativo, el "deberían querer trabajar más horas para poder permitirse una" de Ken Kutaragi, hablando del precio de salida de PS3. Sin embargo, los japoneses llevan años ejerciendo otra forma de influencia mediática: el silencio absoluto mientras agachan la cabeza a la espera de que todo pase, lo que se conoce como el efecto avestruz; y la última polémica con el DRM en juegos digitales lo deja claro.
Si habéis echado un ojo a las redes sociales estos días, seguro que os habréis dado cuenta de que PlayStation y polémica son dos palabras que se leen muy cercanas la una a la otra. Pero, si no sabes de qué va, déjame que te dé un ejemplo. Imagínate que compras un libro, lo pones en tu estantería y, de repente, la editorial toca a tu puerta cada mes para comprobar que sigues teniéndolo o, de lo contrario, te pone un candado en las páginas. Trasladado al videojuego, según rumores no confirmados ni desmentidos por los japoneses, la compañía buscaría implementar un DRM en sus juegos digitales por el que si no te conectas cada 30 días para validar su estado, no podrás jugar; aunque no es una prohibición por los siglos de los siglos, pues la licencia se restaura cuando inicies sesión a PlayStation Network nuevamente.
Qué es el efecto avestruz y por qué PlayStation debería evitarlo
El debate es obvio: ¿somos dueños de lo que compramos? Sin embargo, lejos de hablar desde una perspectiva moral, es más importante hablar del silencio sepulcral de Sony. PlayStation se encuentra ahora mismo en una posición de dominio absoluto. Xbox ha pasado los últimos años buscando su identidad entre la consola tradicional, el PC y la nube, ahora con una dirección más clara gracias a Asha Sharma. Mientras tanto, con Nintendo operando en su parcela comercial, las ventas de PS5 rompiendo récords con el anuncio de su subida de precio y en las oficinas de Japón, parecen haber adoptado una estrategia psicológica muy concreta: el efecto avestruz. Una tendencia que consiste en ignorar deliberadamente una situación negativa, esperando que, al no afrontarla, acabe desapareciendo por sí sola.
Los nipones saben que tienen la sartén por el mango. Piensan que cuando eres el líder indiscutible del mercado, puedes permitirte el lujo de no confirmar ni desmentir absolutamente nada. Al no dar una respuesta clara sobre este DRM de 30 días (por ahora, se especula con que sea un error), la compañía evita el desgaste de una justificación impopular. Es la política de "dejar que el ruido pase". Saben que el ciclo de noticias es efímero y que el usuario medio terminará aceptando este control digital como un mal menor. Prueba de ello es pagar por jugar online, Denuvo en PC o las conexiones always online: polémicas, sí, pero solo hay que ver a Battlefield 6; un DRM always online (incluso para su modo campaña) no le impidió sumar 7 millones de copias vendidas en tres días.
Aquí entra en juego otro factor psicológico: el sesgo de normalidad. Está en nuestra psique: tendemos a creer que las cosas siempre funcionarán como hasta ahora y subestimamos la posibilidad de un cambio drástico. Es lógico pensar "Bueno, siempre tengo internet, no me afecta", pero ese es el peligro. Al normalizar que una consola requiera un "permiso" mensual para ejecutar cualquier software que ya has pagado, estamos cediendo terreno, simplemente porque el cambio es gradual y no drástico. Quiero decir, Denuvo en Steam exige una verificación online con cada actualización del juego —y, a día de hoy, con lanzamientos a medio cocinar, estas se suceden en demasía durante las primeras semanas—, pero lo hemos interiorizado aunque nos pese porque los grandes del mercado confían en este DRM por mucho que se sepa que afecta al rendimiento y daña al consumidor legítimo.
Al final, esta falta de comunicación genera en el jugador lo que se conoce como bloqueo decisional, donde, ante la ausencia de una voz oficial, el usuario no sabe si alarmarse, y de hacerlo, no sabe en qué grado: ¿vender la consola o solo cargar contra la compañía en redes sociales? Hay tanta información, mucha de ella sin confirmar su veracidad, y tan poca transparencia que el jugador acaba por no hacer nada, que es precisamente lo que le conviene a la marca. Eso sí, que sea "lo normal" no exonera a Sony, ni mucho menos. La consecuencia más directa es la simple erosión de la confianza: si PlayStation busca vender una idea —"no necesito darte explicaciones" o "las explicaciones llegarán cuando yo lo vea oportuno"—, el jugador acaba harto de la marca comercial. Es el síntoma clásico de una competencia inexistente. Cuando no sientes al rival cerca, dejas de esforzarte por ser "el que cuida al usuario".
Sony lleva años agachando la cabeza y viendo sus cifras de ventas en positivo
Pero ojo, porque el 'efecto avestruz' puede funcionar a corto plazo, pero crea un precedente, y Sony lleva cultivando ese precedente desde hace tiempo. Hablamos de una generación que ha sido descuidada por ambas partes, empezando tarde y con problemas, pero en el caso del "líder" de la tabla, estar en lo alto, sin apenas competencia, no debe ser algo para celebrar, sino servir para mejorar. Y son varios los ejemplos en los que Sony ha agachado la cabeza este lustro. Tenemos el "drama de la pila CMOS", donde se dijo que, si la pila interna de PS4 o PS5 moría y no había conexión con los servidores de Sony, la consola se convertía en un pisapapeles. ¿Qué ocurrió? Las especulaciones comenzaron en abril de 2021 y no se dio una confirmación semi-oficial hasta noviembre del mismo año.
Metal Líquido de PS5
Y no es la única situación así. ¿Recordáis la "crisis del metal líquido"? Sony incluyó una refrigeración mejor para PS5 —al menos mejor que en PS4— e incorporó metal líquido en lugar de la clásica pasta térmica para su procesador. Pero en 2023 saltó la liebre: si tenías la consola en vertical durante mucho tiempo, el metal se desparramaba, goteando sobre el resto de componentes. En este caso, Sony ni siquiera habló de forma directa; simplemente siguió mostrando sus PS5 en vertical en materiales promocionales, mientras expertos en hardware le hacían "el trabajo sucio" desmintiendo o, al menos, quitando hierro al asunto.
A nivel de marca, los japoneses llevan jugando con fuego años, y a largo plazo es un problema. Los consumidores no olvidan, en parte porque es su dinero el que está en juego y, además, porque llevamos años viendo estrategias anticonsumidor en casi cualquier producto de entretenimiento. Sea el cine con el auge de la IA, la subida de precios de los servicios de streaming o los precios imposibles del hardware, el contexto invita a pensar que la siguiente generación rozará o alcanzará los 1.000 euros. En este caso, si la percepción general termina siendo que PlayStation es una plataforma donde "el juego no es tuyo", en cuanto la competencia ofrezca una alternativa real —y Xbox ya ha puesto en marcha sus motores para ofrecerla tras años a medio gas—, el jugador no perdonará.
Si miramos de cerca la situación, el DRM de 30 días no es tan exagerado en la práctica. Al final, todos estamos conectados a Internet —mirad, hasta yo caigo en esa parsimonia— y no es la primera vez que la gestión de derechos digitales nos pone la zancadilla. El problema es que Sony sienta que no nos debe una explicación. Estamos hartos de estas estrategias, y este es un ejemplo de muchos que hay, y de muchos que vendrán.
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