Alemania ha publicado un borrador de ley para aplicar la directiva europea del derecho a reparar. Según indican varios medios teutones, debe estar lista antes del 31 de julio, razón por la que las entidades del país alemán trabajan a contrarreloj para cumplir los plazos. Así, la idea es tan sencilla como actual: si algo se puede reparar, mejor arreglarlo que tirarlo.
La postura de Alemania con la reparación
Desde hace años, la Unión Europea lucha porque reparar se convierta en la "norma", pero lo jugoso del borrador de Alemania es que meten la reparabilidad como una parte de la calidad esperable de un producto. Si no se puede reparar, por tanto, podría considerarse defectuoso. De esta forma, la propuesta incluye premio para animar a los compradores a reparar: si optas por esta opción, tus derechos durarán más tiempo.
De momento, el país habla de una extensión de un año para el plazo de reclamación si te acoges a esta medida. Además, la norma también obliga a que los vendedores expliquen esta condición sin trampa: puedes elegir entre reparar o sustituir, pero reparar es la única opción que extiende tu garantía. Por ello, ya hablan del nacimiento del "derecho a reparar" fuera de la garantía normal de productos como móviles o grandes electrodomésticos.
En estos casos, el fabricante debe ofrecer la reparación dentro de un marco de tiempo y precio razonable. La UE y el borrador alemán, como era de esperar, han levantado ampollas entre algunas empresas al apuntar a lo que más cabrea: bloquear los arreglos con excusas. Así, quieren evitar las trabas relacionadas con software, hardware o, en el peor de los casos, cláusulas raras.
Aquí, también entra el kit de supervivencia de los talleres de reparación: piezas, herramientas e información de reparación, todo ello accesible a precios razonables para que arreglar no sea un lujo. Eso sí, no cubre todo lo que tienes en casa, ya que vehículos y muchos aparatos pequeños quedan fuera del rango. De hecho, en los portátiles solo se cubren las pantallas.
Aún así, el trasfondo de esta historia es gigante: según los cálculos de la Unión Europea, sustituir en lugar de reparar cuesta a los consumidores 12.000 millones de euros al año, pero este no es el único problema. Al gasto masivo hay que sumarle la generación continua de residuos, razón por la que el Viejo Continente busca poner freno a estas prácticas incentivando las reparaciones.
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