España quiere sacar a los menores de redes sociales y la historia ya habla del "efecto rebote"

Prohibir las plataformas digitales a menores suena fácil, pero siempre hay trucos para saltarse las restricciones

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Abelardo González

Editor - Tech

España está estudiando la posibilidad de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, una opción que daría pie a sistemas de verificación de edad obligatorios para utilizar algunas plataformas digitales. El plan, anunciado por el presidente Pedro Sánchez, se presenta como respuesta a "un Salvaje Oeste digital", pero también llega para paliar riesgos como el contenido ilegal, la manipulación o los daños en el bienestar mental de los usuarios sin la mayoría de edad.

Al mismo tiempo, también alude de forma directa a polémicas relacionadas con deepfakes o abusos, dos riesgos potenciados por la IA en los últimos meses. Así, el foco no solo está puesto en la edad de los usuarios, sino que también se ha hablado de responsabilizar a los directivos al mismo tiempo que se persigue la amplificación algorítmica de contenido ilegal. En resumidas cuentas, la posición del gobierno español apunta a un choque político serio.

¿Qué podría pasar a nivel digital en España?

Aquí, a la vista de lo que podría suceder en este escenario, entra en juego un concepto que ha ganado peso en la opinión pública desde que se anunció la noticia: prohibir no borra el deseo, sino que lo redirige. En internet, esto significa que los "afectados" buscarán una puerta lateral para seguir accediendo al contenido y, por tanto, no descartarán de inmediato la posibilidad de dejar de utilizar las redes sociales.

Un ejemplo de ello llega de la mano de los exigentes controles de edad de Reino Unido relacionados con el consumo de pornografía, ya que el debate sobre los atajos y la privacidad sigue vivo. De hecho, la propia Ofcom admite que lo importante es saber hasta qué punto limitas el control que ejerces en la web, ya que si el muro está mal puesto la gente se sigue colando. Por tanto, no es tan fácil como "limitar el acceso y ya", sino que hay que tener una estrategia.

Aún con un "muro", aparecen formas de sortearlo y las redes VPN se han convertido en un atajo frecuente. No son una solución definitiva ni perfecta, pero sí una forma de sortear restricciones que ha ayudado, por ejemplo, a los menores de edad australianos a seguir utilizando las redes sociales. De hecho, en Reino Unido también han optado por formas curiosas de sortear las restricciones y Death Stranding 2 fue el protagonista de una.

Desde el pasado 16 de diciembre, Australia ya aplica restricciones similares y el peso cae en las plataformas, llegando a amenazar con sanciones máximas que rondan los 30 millones de euros. En España, es probable que el efecto rebote lleve a situaciones como cuentas prestadas de adultos, edades falsas, aplicaciones clon o migración a mensajería privada, campos en los que la supervisión es más difícil.

En resumidas cuentas, la clave no será la implementación. Si el control termina siendo invasivo, habrá un rechazo generalizado entre la población; si es flojo y no es muy restrictivo, muchos lo verán como un teatro. Por ello, más allá de la propuesta del gobierno español, en Europa ya se habla de un modelo de verificación privada que podría apoyar este tipo de decisiones y ser una buena forma de controlar los accesos.

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