La gobernadora Kathy Hochul ha retirado una propuesta para permitir robotaxis comerciales fuera de Nueva York como consecuencia directa de la falta de apoyo suficiente en la legislatura estatal. Waymo, una de las empresas con mayor interés en este factor, ha sido la mayor damnificada del movimiento, ya que su sueño de "expandir su flota por el resto del estado" se ha visto truncado por la negativa de una de las ciudades más grandes del mundo.
En Nueva York, Waymo puede probar con conductor de seguridad, pero no puede cobrar por viajes sin conductor y su permiso de pruebas expira el 31 de marzo si no se renueve. Así, para entender el tamaño del negocio solo hace falta ver una cifra: Waymo realiza 400.000 rutas semanales sin conductor en otras ciudades. De esta forma, hablamos de una cifra que ejerce presión política por sí sola.
El futuro de la conducción autónoma
Como de costumbre, el freno de mano está relacionado de forma directa con la seguridad y la confianza pública. De hecho, algunos incidentes recientes han reavivado el debate, ya que muchas personas están a favor de una sentencia simple que lo resume todo: "Sí, pero todavía no". Waymo, por su parte, se declara decepcionada con la situación e insiste en que seguirá trabajando con legisladores, ya que confía en Nueva York como escaparate perfecto para vender futuro.
Hasta hoy, la compañía ha invertido más de 1.500 millones de euros en un sector que no termina de despegar y sigue con las puertas bloqueadas. De hecho, el debate va más allá de la inversión gigantesca en taxis autónomos por el ruido de los sindicatos y los trabajadores que temen perder su trabajo. Al mismo tiempo, los defensores prometen nuevos roles y menos accidentes, pero es difícil comprobar la veracidad de esto si no se realizan las pruebas pertinentes.
Como de costumbre, la historia de los coches autónomos se repite: no se caen por la falta de sensores, sino por la ausencia de reglas y ciudades tolerantes al riesgo. Así, cuando la tecnología avanza a pasos agigantados, la propia sociedad es quién decide el límite. Nueva York, de momento, seguirá siendo una zona de pruebas, pero aún no tiene intención de dar luz verde al negocio de los taxis autónomos.
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