Desde su estreno en 2014, Interstellar se ha considerado no solo una de las grandes obras maestras de Christopher Nolan sino una de las representaciones más realistas del viaje espacial en el cine. El viaje desesperado de la humanidad en busca de un nuevo hogar viene acompañado de elementos fascinantes como sus certeros agujeros de gusano. Esto no quiere decir que por otro lado no tenga otros errores tanto científicos como de guion que se llevan debatiendo desde entonces.
Quizás el mayor problema que han señalado tanto fans entusiastas del viaje espacial como los propios científicos tiene que ver con el planeta de Miller. Esta devastadora secuencia a mitad de película acaba con los protagonistas perdiendo 23 años en la Tierra por un fallo de cálculo. La culpa la tiene la dilatación temporal. Una ley física que sigue la relatividad de Einstein y que se establece pronto, tras la cual cada hora que se pasa en el planeta suponen siete años en la Tierra debido a la gran cercanía con un agujero negro apodado como Gargantúa.
Ciencia a la desesperada
¿Merece la pena siquiera entrar en esta trampa temporal? Esto es algo que los científicos se cuestionan, especialmente porque los otros planetas están a meses de distancia y aquí hablamos de años. Al final acaban siendo convencidos por un plan maestro de Cooper (el protagonista de la película interpretado por Matthew McConaughey). Este consiste en llegar con la Endurance a una órbita lo suficientemente alejada de Gargantúa como para que se libren del tirón temporal, pero al mismo tiempo lo suficientemente cerca del planeta para hacer un viaje de "entrar y salir". El cálculo estimado es un máximo de dos años.
Es aquí donde hay un error sustancial humano por parte de los científicos, pero también en el guion de la película. Es algo que admite el propio Kip Thorne, físico Premio Nobel que asistió estrechamente al desarrollo de la película y además escribió un libro sobre la ciencia detrás de ella. Aquí cuenta que la maniobra acabó simplificada de sobremanera en la ficción. En la cinta no hay una sola mención a lo costoso que sería entrar y salir del planeta con la nave Ranger. Los cálculos de Thorne son tan altos (por la distancia y la enorme asistencia gravitatoria que necesitaría la nave) que la única solución viable que le pudo proponer a Nolan era un segundo agujero negro de tamaño mediano que usar "de tirachinas". Nolan, sin embargo, no quería confundir a la audiencia con otro agujero negro, así que la única justificación que se da en la película, de pasada, es Cooper mencionando algo sobre impulsarse con una estrella de neutrinos. Algo que en el libro Thorne aclara que no sería suficiente.
Es un error científico que no solo parece difícil de justificar que los astronautas pasaran por alto sino que imposibilitaría el viaje por completo. A nivel narrativo, es una complicación derivada del plan que Nolan "enciende y apaga" a conveniencia. En la cinta vemos a la Ranger entrar en órbita del mismo modo que un avión realiza un aterrizaje forzoso, y la subida se la saltan por completo en una elipsis. Sin embargo, el tiempo que se pasarían en esas entradas y salidas sí se acaba teniendo de algún modo en cuenta en la película para hacer el cómputo final de los 23 años.
Estas inconsistencias y omisiones se deben a una única demanda de Nolan. Como también explica Thorne en su libro, el cineasta le dijo que en un momento dado necesitaba de una dilatación temporal de exactamente una hora por siete años y que esa conversión era "innegociable" por el efecto dramático, algo que a Thorne le pareció inicialmente imposible. El físico acabó dando con un apaño, una solución teóricamente correcta pero cuestionada por otros científicos. Un planeta tan cerca del agujero negro que se justifica la extrema dilatación temporal pero que al mismo tiempo no es desintegrado. Esto es porque Gargantúa gira tan rápido que el planeta puede estar en su horizonte sin perder su estructura. En una carambola física, es esta influencia estable la que causa las enormes olas que suceden de forma periódica.
Interstellar desde luego supone una colaboración insólita entre cine y ciencia. Una película tan enamorada de lo científico como para querer poder ser justificada en todo momento, pero no hasta el punto de sacrificar su argumento. Esto se ve en una labor estupenda por parte de Kip Thorne comprometida por las demandas creativas. Está llena de elementos teóricamente certeros unidos en un conjunto que no termina de poder llamarse "realista" ni plausible, incluso quitando las partes más obvias de ciencia ficción. Irónicamente, es aquí donde a los hermanos Nolan les viene bien que a nivel temático la película vaya sobre sentimientos muy humanos como la desesperación o la esperanza frente a la implacable lógica. Es la única manera de justificar que científicos de la NASA pasen tantas cosas por alto como no explorar mejor la señal de Miller, tener el buen juicio de no mandarla a ese planeta para empezar o, por parte del equipo de Cooper, no elegir entre las tres opciones de viaje como primera precisamente la que tiene una dilatación temporal tan agresiva.
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