Es difícil afirmar cuál es la mejor película de Quentin Tarantino. Si bien en webs de reseñas como FilmAffinity el nombre de Pulp Fiction saldrá rápidamente a colación, mi pasión por el western me lleva en no pocas ocasiones a quedarme con esa obra maestra que es Los Odiosos Ocho. En cualquier caso, y creo que aquí coincidiréis conmigo, cualquier trabajo del director estadounidense tiene al menos una escena o secuencia totalmente memorable. Ya sea por un ingenioso diálogo, un giro inesperado, una acción trepidante o por generar un suspense de infarto como en los primeros minutos de Malditos Bastardos, estrenada hace ya más de 15 años.
Más de 10 minutos se mantener la respiración
No hace falta que profundicemos mucho en la historia del largometraje, pero para poneros en contexto diremos que Malditos Bastardos narra dos historias: por un lado, tenemos a un grupo de soldados judíos-estadounidenses con la misión de infundir terror entre las filas nazis y, si es posible, descabezar al enemigo; por otro, está una joven superviviente de una masacre alemana que busca venganza en París. Si la obtendrá o no, tendrás que ver la película para saberlo. Nosotros, como os hemos contado antes, queremos quedarnos solo con su comienzo, con la visita del coronel de las SS Hans Landa (Christoph Waltz) a una granja lechera propiedad de Perrier LaPadite (Denis Ménochet) y el casimonólogo que mantiene con él para sonsacarle el paradero de una familia judía.
Es una larga secuencia de algo más de diez minutos de metraje donde apenas tenemos dos personajes, y solo uno de ellos puede decirse que abre la boca, una mesa con sus respectivas sillas y, como digo en el titular, un secreto que uno de ellos quiere descubrir. No hay más. Solo un director haciendo su trabajo y un par de actores metiéndonos de lleno en la escena. Con una calma y cortesía amenazantes, como recuerda la compañera Andrea Zamora en un artículo de Sensacine, Landa consigue poco a poco doblegar a su interrogado. Pero para que el espectador sienta el peligro, Tarantino nos muestra un plano vertical que desciende sobre el suelo y nos confirma, en efecto, lo que hay en juego en todo ese rato, haciéndonos zambullirnos en una angustia palpable, similar a la que se siente al ver la famosa escena de la bomba de Sabotaje, firmada por Hitchcock.
Malditos Bastardos no empezó con una secuencia de acción que podría haber encajado perfectamente con el tono de la película, sino con una "cacería" verbal tan bien ejecutada que la quietud de una granja se volvió terrorífica a cada segundo que pasaba. Para ello, claro, Tarantino tenía grandes referencias. Por un lado, el cine de Sergio Leone, del que es un conocido fan, siendo toda esta secuencia un poco un duelo a vida o muerte en el Lejano Oeste como en el final de El bueno, el feo y el malo (que suenen en la película varios temas de Ennio Morricone ayuda a esto). Y por otro, la filmografía de Alfred Hitchcock, un maestro del suspense, al que ya mencionamos varias líneas arriba.
Solo por esos 20 minutos, entre que se presentan los personajes y se termina la escena, Malditos Bastardos merece que le vuelvas a dar otro visionado. Lo puedes hacer reproduciéndola en el catálogo de Prime Video, aunque he de admitir que la vuelven a emitir por televisión con bastante frecuencia. De hecho, este sábado, 6 de septiembre, ha sido programada por AXN en la TV de pago. En cuanto a Tarantino, el director sigue jugando al suspense, precisamente, con la que debería ser su última película. Solo podemos confirmar que no será una historia de Star Trek para inmenso dolor de mi amor por la saga.
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