En la tercera y última temporada de Vikings: Valhalla, el spin-off del querido drama histórico de Michael Hirst ponía todas sus cartas sobre la mesa. Tras el viaje a Constantinopla en la segunda temporada, la serie hacía una elipsis para mostrarnos años más tarde a Harald como poderoso general bizantino. Acabaría siendo una etapa clave de su vida, y probablemente la trama más importante de la serie antes de que fuese cancelada abruptamente.
Pese a que tanto Vikings como Valhalla siempre se movieron entre el mito y la historia, este es un arco de la serie que sorprendentemente es cierto. En el siglo XI, Harald Hardrada (identidad que la serie solo revelaría hasta más adelante) fue además de un guerrero nórdico un importante general bizantino que ayudó al ejército a recuperar Sicilia entre 1038 y 1040. No solo eso, muchos otros nórdicos intervinieron en la guerra, consiguiendo establecer la guardia varega como una fuerza de élite legendaria y principales guardaespaldas del Imperio Bizantino.
El último gran vikingo
Es una de las razones por las que elegir a Harald Sigurdsson como protagonista fue una elección acertada para Valhalla. El hombre fue una de las figuras históricas nórdicas más importantes y a menudo apodado como "el último gran vikingo". Otros elementos que nos muestran de él en la serie, como que sirviera a Yaroslav el sabio o que se acabaría convirtiendo en rey de Noruega, también son ciertos.
Hay peros, eso sí. Para empezar, la serie hace con la cronología un poco lo que le apetece. Romanos III, interpretado en la serie por el actor Nikolai Kinski, no debería ser emperador en ese momento en la ficción ya que la campaña de Sicilia le pilló realmente a los bizantinos con el imperio de Miguel IV. No es la única vez que la que la serie hace eso, juntando a personajes que nunca coincidieron temporalmente. Leif y Harald por ejemplo tampoco llegaron a coincidir en vida, con Leif muerto mucho antes.
A nivel de personajes, todo lo que vemos deberíamos también aceptar con reservas. No hay recuento histórico de la gran enemistad que se muestra entre Harald y el general Jorge Maniakes, que seguramente se introdujese aquí como elemento puramente dramático. Del mismo modo, hay secundarios recurrentes que también son inventados para la trama, como Eleana, personaje extranjero que luego se revela como la emperatriz Zoe en un extraño pastiche entre realidad y ficción.
Para los más puntillosos está también el tema del vestuario. Ha sido tradicionalmente una de las grandes quejas con Vikings desde el principio. Visualmente luce bien y no se aleja del imaginario popular a la vez que trata de no caer en tropos, pero eso no significa que sea históricamente fiel, teniendo en ocasiones más en común con el vestuario de Juego de Tronos que lo que veríamos reflejado en un libro de historia. El caso de los ropajes bizantinos es otra muestra flagrante de esto, con cascos dorados y corazas encima de túnicas rojas, que no concuerdan con ninguna de las descripciones históricas de estos soldados.
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