Es el cartel más famoso que nos ha dado una serie de ciencia ficción, en realidad es una foto robada a un granjero suizo manco

Es el cartel más famoso que nos ha dado una serie de ciencia ficción, en realidad es una foto robada a un granjero suizo manco

Hay un Fox Mulder atento de cada noticia OVNI que se viraliza, y todos miran el mismo póster antes de irse a dormir

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Expediente X I Want To Belive Poster 01
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

El Pentágono ha vuelto a abrir el cajón de los secretos: La Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios, ese trabalenguas burocrático que en realidad se llama AARO, publicó hace poco más de un año un informe con 757 nuevos casos de fenómenos aéreos no identificados, y este 2026 ha empezado a liberar la primera tanda de archivos históricos ordenada por el Congreso, con la frase oficial de que ahora los ciudadanos podrán "decidir por sí mismos". Claro, tampoco se van a mojar mucho en el asunto, como era de esperar. El caso es que cada vez que aparece un titular así, cada vez que alguien graba con el móvil una luz extraña sobre Alabama y el vídeo se vuelve viral, en algún rincón del mundo hay un tipo de cuarenta y muchos años que abre sus redes sociales, suspira, mira hacia la pared de enfrente y vuelve a encontrarse con el mismo cartel que lleva ahí desde hace treinta años. Yo soy uno de esos tipos. Y sospecho que tú, que has llegado hasta aquí, probablemente también.

El cartel del que estamos hablando es uno de los grandes iconos de la cultura pop, y su historia es bastante más rara que la mayoría de los capítulos de la serie que lo hizo famoso: Expediente X. Es un OVNI metalizado, ligeramente achatado, sobrevolando una hilera de coníferas, con un borde blanco y una tipografía limpia que dice cuatro palabras: I Want To Believe. Está colgado encima del escritorio de Fox Mulder en el sótano del FBI, lo tiene ahí colgado colgado desde 1993, y se ha convertido por derecho propio en uno de los objetos más reconocibles de la historia de la televisión. Lo curioso es que casi nadie sabe que esa fotografía es real, que su autor es un granjero suizo manco que dijo haber tomado el té con extraterrestres del cúmulo de las Pléyades, y que Chris Carter la usó sin pedirle permiso a nadie hasta que un día le llegó una (esperable) demanda. 

I Want To Belive Cartel El famoso poster de Mulder en su versión de la primera temporada (izq.) y la versión modificada posterios (der.), que tambien tendría otra versión extra muy parecida

Quiero creer

Dentro del universo de la serie, el origen del cartel es casi una nota a pie de página, pero está canonizada. En el episodio titulado Chinga, de la quinta temporada, Mulder le explica a Scully que lo compró en un head shop (una tienda especializada en la venta de accesorios y parafernalia para el consumo de tabaco y cannabis) de M. Street, esa calle de Washington D.C. donde a principios de los noventa todavía se podían encontrar tiendas con incienso, pipas de agua y carteles psicodélicos. Fuera del universo de la serie, la verdad es bastante menos romántica. Chris Carter había decidido que el despacho de su protagonista necesitaba un objeto definitorio y, según contó él mismo en una entrevista a Smithsonian Magazine, pensó en hacer algo a la manera de Ed Ruscha, ese pintor pop que lleva décadas poniendo frases lapidarias encima de imágenes. La idea era cazar una fotografía de un platillo volante y plantarle encima cuatro palabras. Y ahí empieza el problema.

Casi nadie sabe que esa fotografía es real, que su autor es un granjero suizo manco que dijo haber tomado el té con extraterrestres del cúmulo de las Pléyades

La fotografía elegida procedía de un señor llamado Eduard Albert Meier, conocido como Billy Meier, un granjero suizo nacido en Bülach en 1937 que en los años setenta llenó medio Zúrich rural con sus instantáneas de naves espaciales. Meier, que perdió un brazo en un accidente de autobús en Turquía y se convirtió en una de las figuras más controvertidas de la ufología clásica, aseguraba mantener contacto telepático con seres procedentes del sistema Plejaren desde los cinco años. La comunidad escéptica ha desmontado sus fotos en mil ocasiones, pero da igual, porque las imágenes son hipnóticas. La que aparece en el cartel de Mulder muestra una de esas "naves rayo", como Meier las llamaba, planeando sobre un paisaje boscoso. Carter la adaptó, la encajó en una composición ruschaiana, y se olvidó de pedir permiso. El abogado de Meier no se olvidó de recordárselo: din din din din din.

Billy Meier Ovni Una de las fotografías originales de la serie de Billy Meier de su presento avistamiento

La trampa legal que cambió el despacho más famoso del FBI en plena cuarta temporada

La demanda llegó pocas temporadas después y obligó a la productora de Expediente X a fabricar un póster nuevo. La diferencia es sutil pero está ahí. El OVNI de la segunda versión es más plano, está más cerca de la línea de árboles, y la composición pierde parte de aquel aura ligeramente onírica que tenía la foto original. Vamos, que no es la imagen de Meier, aunque se parezca una barbaridad. La sustitución se produjo a partir de la cuarta temporada, aunque la imagen original siguió apareciendo en algunos materiales promocionales por inercia, y la propia serie acabó incorporando el cambio de manera elegante dentro del lore: en el final de la quinta temporada, titulado The End, el Fumador prendía fuego al despacho de Mulder y el cartel ardía con él, lo que permitió que Mulder se comprase un sustituto en la sexta temporada sin necesidad de explicar a nadie por qué el OVNI era ligeramente distinto. Una contabilidad creativa con maquillaje narrativo, en su versión más elegante.

El destino final del cartel todavía es más bonito si se mira con cariño. En The Truth, episodio que cierra la temporada nueve y que durante mucho tiempo fue considerado el final de la serie original, el despacho de los Expedientes X aparece desmantelado, con todo el material guardado en cajas, y solo el cartel sigue en el suelo, enrollado y olvidado. El agente Doggett lo recoge y se lo lleva. Ese gesto, tan pequeño que casi nadie reparó en él, decía exactamente lo que Chris Carter quería decir: que la fe no se desmonta con el resto del mobiliario, que sobrevive a sus dueños, y que mientras quede alguien que esté dispuesto a recogerla del suelo, los expedientes X nunca se cierran del todo. ¿Hay forma más elegante de despedirse de una serie que cosiendo su tesis al objeto más banal del decorado? Yo creo que no, y si hace falta un argumento más, ahí está el descanso final de Clyde Bruckman para confirmar que esta serie sabía jugar con sus propia mitología como pocas.

Encuentros En La Tercera Fase Truffaut en Encuentos en la Tercera Fase

Antes de Mulder hubo una constelación de creyentes poniendo nombre a lo inexplicable

El cartel no nace de la nada. Antes de Mulder, antes de Carter, antes incluso de que existiera la palabra OVNI tal y como hoy la usamos (bueno, ahora se llaman FANI, Fenómenos Anómalos no Identificados), hubo una larga genealogía de gente seria, con currículum académico y ganas de buscar la verdad ahí fuera sin que les llamasen locos. El primero de todos fue Charles Fort, un neoyorquino nacido en 1874 que se pasó la vida coleccionando anomalías y publicando libros como El libro de los condenados, donde catalogaba lluvias de ranas, apariciones inexplicables y luces extrañas en el cielo mucho antes de que nadie hablase de platillos volantes. De su apellido viene la palabra "forteano", que es exactamente el modelo que inspiró a Mulder: un detective de las explicaciones descartadas.

La comunidad escéptica ha desmontado sus fotos en mil ocasiones, pero da igual, porque las imágenes son hipnóticas

Luego llegó 1947, llegó Roswell, llegó la Guerra Fría, los globos meteorológicos, las bengalas, y llegó el Pentágono pidiendo ayuda a un astrónomo de la Universidad de Chicago llamado J. Allen Hynek para desmontar oficialmente cualquier histeria popular. Hynek aceptó el encargo, se metió en Proyecto Sign, en Proyecto Grudge y en Proyecto Libro Azul convencido de que aquello era un trabajo sucio pero necesario, y veinte años después salió del Pentágono convertido en el padre involuntario de la ufología moderna y autor de la famosa escala de encuentros cercanos que Steven Spielberg tomó prestada para titular su película de 1977, Encuentros en la Tercera Fase

Su discípulo francés, Jacques Vallée (que inspiraría al personaje de Claude Lacombe interpretado por François Truffaut en la peli de Spielberg), fue todavía más lejos: tras escribir con él La frontera de la realidad, defendió en Confrontations que las naves quizá no venían del espacio sino de otra dimensión, una idea que un periodista llamado John Keel ya había desarrollado en Operación: Caballo de Troya y en Las profecías del Mothman a base de comparar los avistamientos modernos con las apariciones de hadas y demonios de la vieja Europa. Y por encima de todos ellos, ya en los noventa y al filo del estreno de Expediente X, apareció Bob Lazar, aquel tipo que en 1989 se sentó delante de las cámaras de KLAS-TV en Las Vegas y dijo que había trabajado en una instalación llamada S-4, cerca del Área 51, haciendo ingeniería inversa sobre nueve platillos extraterrestres alimentados por un elemento desconocido de la tabla periódica al que llamó "115". 

Tres décadas después, ese elemento existe en la tabla periódica con el nombre de moscovio, aunque sus propiedades no se parezcan en nada a las que Lazar describía. Pero eso es solo un detalle que os dejo para que se lo contéis a vuestros colegas cuando esteis tomando algo y quedéis como unos cracks. El actual ecosistema de redes sociales y paltaforma de video a ayudado a que todo tipo de efólogos e investigadores de los paranomal tengan su propia nave del misterio desde la que desentrañar los misterios del universo y comunlgar con nuestros hermanos de las estrellas. Evidentemente, no te puedes creer todo lo que encuentres por ahí. Pero casualidad o no, esa es exactamente la clase de filosofía que justifica el póster en la pared del despacho de Mulder.

Expediente X

¿Es real todo esto? Probablemente no

La inmensa mayoría de los casos cerrados por el AARO en su último informe se quedaron en globos fugados, drones, pájaros, satélites y aviones convencionales, y la oficina ha repetido en varias ocasiones que no ha encontrado evidencia verificable de tecnología extraterrestre. Las fotografías de Billy Meier llevan décadas siendo descartadas por la mayoría de los ufólogos serios, y las credenciales académicas de Bob Lazar han sido cuestionadas hasta el agotamiento. Si me preguntas hoy si creo que los extraterrestres están aparcando platillos en Nevada, te diría que no con bastante seguridad. Si me preguntas si creo que hay algo en el cielo que todavía no sabemos explicar del todo, te diría que probablemente sí, aunque la explicación acabe siendo menos espectacular de lo que querríamos. De momento, yo todavía no estoy seguro de qué narices es lo que se ve en el famoso vídeo del Caso Campeche, y ahí no hay duda sobre la procedencia del metraje. La verdad es que las grandes preguntas suelen tener respuestas decepcionantes, y por eso es tan importante guardar bien las preguntas, como bien recuerda el documental The Age of Disclosure que ya está en Prime Video.

¿Hay forma más elegante de despedirse de una serie que cosiendo su tesis al objeto más banal del decorado?

Y volvemos al cartel. Porque al final lo que ese OVNI suspendido sobre los árboles significa no tiene tanto que ver con los pleyadianos, ni con el Área 51, ni con lo que el Pentágono tenga guardado en sus cajas todavía sin desclasificar. Tiene que ver con la disposición mental de mirar hacia arriba y preguntarse cosas. Mulder no era un crédulo. Mulder era un tipo que había perdido a su hermana y había decidido seguir creyendo en algo, por increíble que fuera. Es esa actitud, y esa mitología cientificista moderna, lo que ese cartel sostiene cada vez que un nuevo informe se descalifica, o se viraliza algún video de extrañas luces en el horizonte. Yo lo tengo colgado en casa desde hace muchos años, y aunque ya no espero que ningún día baje una nave a recogerme para llevarme a Felizonia, sigo necesitando que esté ahí. Probablemente porque, sea lo que sea lo que pase allí arriba, todavía hay un Fox Mulder dentro de mí que quiere creer. Y sospecho que dentro de ti, también. Recordad: "¡Vigilad los cielos!"

¿Y tú qué opinas? No te voy a preguntar si crees en los platillos volantes pero, ¿conocías la historia del famoso póster de I Want to Believe? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.

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