Hace 57 años, unos arqueólogos que excavaban al sureste de Kazajistán se encontraron con una tumba completamente inusual. En su interior estaban los restos de un joven guerrero de alrededor de 17 años, pero a diferencia de cualquier otra tumba del estilo, el hombre estaba completamente cubierto de oro. Por todas las piezas con motivos de animales que lo protegían, pasó a conocerse como el Guerrero Dorado.
Incluso aunque buena parte de la cámara inicial que guardaba la tumba había sido saqueada en algún punto de la antigüedad, la tumba del Hombre de Oro guardaba más de 4.000 piezas de oro y otros objetos reservados a las tumbas de la élite, entre ellos espejos de bronce, armas y un pequeño cuenco de plata que terminó guardando un misterio aún mayor que el propio guerrero.
El misterio del Guerrero Dorado
Colocado cerca de la cabeza del guerrero, el cuento contaba con un pequeño texto de 25 caracteres completamente indescifrable. Durante medio siglo, lingüistas, historiadores y arqueólogos se han acercado a él con la intención de descubrir qué más podían adivinar del Guerrero de Oro, pero nadie ha sido capaz de descubrir qué se dice en él.
Durante las últimas décadas los expertos apuntaban a una razón u otra. Había quienes lo reconocían como un prototurco, otros como un iranio oriental, otros como un dialecto… Y por el camino iban sumando hipótesis sobre qué se decía en él, desde el vino y la comida que se había colocado en el cuenco para el difunto hasta algo relacionado con el nombre del enigmático guerrero.
El último estudio, perteneciente a 2023, reflejaba que estábamos ante una "escritura kushana desconocida" y que en las runas había algo relacionado con el Rey de Reyes, pero que conseguir traducir qué más ponía resultaría imposible. En plena era de la IA, cuando estamos leyendo papiros quemados por el Vesubio gracias a la tecnología, el misterio del Guerrero Dorado sigue sin resolverse.
La clave está en que la IA no tiene a qué agarrarse. No hay una Piedra Roseta que le sirva de guía, así que la escritura kushana, que ya de por sí cuenta con buena parte de sus caracteres sin una traducción en firme apoyada por los expertos, no ofrece suficientes migas de pan para seguir el rastro hasta la resolución del enigma. Hasta que no encontremos ese diccionario, no habrá IA que consiga cambiar eso.
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