Tendemos a creer que la cultura popular que nos rodea es una invención muy reciente de la que sentirnos orgullosos cuando, en realidad, llevamos siglos agarrándonos a las mismas historias de siempre. La de Resident Evil, por ejemplo, no está muy alejada de la que rodeaba a las maldiciones del Imperio Romano. La gran diferencia es que, mientras que ahora los llamamos zombis e infectados, en aquella época los conocían como Lemures y Larvae.
Lejos de pensar en ello como una mera habladuría o un cuento con el que asustar a los críos, los zombis de la Antigua Roma son la razón por la que los romanos enterraban a sus seres queridos fuera de la ciudad, se esforzaban por identificar a sus soldados caídos, y más de 2.000 años después seguimos celebrando el día de Todos los Santos.
Los zombis del Imperio Romano
De la misma forma que los zombis de Resident Evil no eran un castigo divino, sino un problema generado por la negligencia humana detrás de los responsables de Umbrella Corporation, los Lemures y Larvae del Imperio Romano tenían un origen similar. Virus-T a un lado, sus muertos que volvían a la vida en forma de espectros y esqueletos también eran culpa de otros humanos. En concreto, de los que habían olvidado cuidar tanto a sus muertos como a los que algún día serían eso mismo.
Entre sus tradiciones, si en vida te cuidaban, tras perderla debía ocurrir exactamente lo mismo. Había que enterrar bien a las personas y recordarlas mediante tributos, de lo contrario volverían convertidas en otra cosa para atormentar a los vivos en forma de maldiciones. Si los Lemures eran sus zombis más comunes, los Larvae quedaban relegados a los peores retornos posibles, los de criminales y fallecidos rodeados de crueldad.
A sabiendas de cómo ya en aquella época nuestra civilización era capaz de lo mejor y lo peor, los días 9, 11 y 13 de mayo, los romanos celebraban la Lemuria, una festividad en la que los templos se cerraban y la sociedad se centraba en intentar sacar Lemures y Larvae de sus casas con rituales que implicaban andar a oscuras por casa y escupir habas negras por encima del hombro para que sus particulares zombis se entretuviesen recogiéndolas del suelo.
Puede que a día de hoy se parezca poco a lo que tienes en mente al pensar en la festividad de Todos los Santos, pero viene precisamente de ahí. Hacia el año 610 el papa Bonifacio IV eligió el último de esos días, el 13 de mayo, para dar forma a una festividad en la que recordar a nuestros antepasados hasta que, alrededor del año 730, saltó al 1 de noviembre por orden del papa Gregorio III.
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