Durante los últimos días la casi saturación de Pedro Pascal en el mundo del cine ha catapultado al actor de Los 4 Fantásticos a un debate en el que gran parte del público parece haber encontrado un resquicio desde el que atacarle. Sus continuas muestras de cariño con Vanessa Kirby han puesto en duda hasta qué punto sus acercamientos frente a una mujer casada y embarazada son o no aceptables.
Apoyados en la aparente necesidad de calmar su ansiedad frente a las cámaras y la prensa, lo que algunos ven como una forma de tratar sus nervios, para otros suponen cruzar varias líneas rojas que han hecho ver otros casos similares con diversas actrices desde el mismo prisma. Entre lo creepy y el aprovechamiento, la realidad resulta bastante más complicada que eso.
La perfección de Pedro Pascal
A finales de 2024 The New Yorker recogía el fenómeno Pedro Pascal de la mejor forma posible. Con una tira cómica en la que una persona cualquiera acudía al terapeuta, el texto citaba: "No es extraño en absoluto. Últimamente mucha gente explica que su fe en la humanidad radica en si Pedro Pascal es o no tan majo como parece". La idea de que un actor de Hollywood no puede ser perfecto, apoyada en los múltiples casos en los que se destapa una realidad que va mucho más allá de lo que captan las cámaras, ha empujado a muchos a creer que Pedro Pascal esconde algo.
Las muestras en las que Pedro Pascal está abrazado, de la mano o incluso con actitud cariñosa hacia Kirby se han convertido para muchos en la rendija que destapa esa supuesta realidad. Dicen que, de la mano de ese problema de ansiedad, se acerca a las mujeres con las que trabaja con una intención oculta mediante las que se aprovecha de esa condición, colocando así a buena parte de los hombres frente a un discurso que destapa cómo ellos no permitirían una actitud así, y a cierto sector de mujeres reclamando que se está pasando de la raya y que sólo le ocurre junto a compañeras atractivas.
La realidad es que no hay ninguna entrevista en la que Pedro Pascal haya hablado abiertamente de esa supuesta ansiedad y la necesidad de tocar. La idea parte de una conversación junto a Bella Ramsey, compañera en la serie The Last of Us, en la que el actor se tocaba el pecho explicándole: "Yo pongo mi ansiedad aquí". Repetido hasta la saciedad, el clip ha dado forma a la narrativa sobre cómo el actor de Los 4 Fantásticos necesita el contacto físico, ya sea propio o de un tercero, para calmar esa ansiedad.
Apoyándose en esa citada narrativa, las muestras de cariño hacia su compañera en la película de Marvel, recíprocas en todo momento, se sirven del buenismo de Pascal y la necesidad de calmar sus nervios para crear el mensaje que ha dado forma al debate. Junto a su imagen de vulnerabilidad y calidez, el discurso de la ansiedad frente a mujeres atractivas corre como la pólvora sin que nadie se pregunte hasta qué punto es cierto.
Entre el estrés y la propiedad afectiva
La realidad, en cambio, es que esa narrativa sobre la ansiedad no se ha hablado nunca de forma pública, y sólo se reproduce a base de clips virales sin una fuente fiable que certifique esa necesidad de contacto físico de Pedro Pascal para calmar su ansiedad. Frente al hipotético caso de que fuese completamente cierto, la psicología le daría la razón.
Estudios y ensayos controlados demuestran que el autocontacto, de la mano de cruces de brazos para autoabrazarse o acariciarse la piel, puede servir para reducir el cortisol y rebajar el nivel de estrés. De forma similar, el contacto cálido de una pareja en forma de abrazos o caricias, se ha demostrado como una forma de activar respuestas similares reduciendo la presión arterial y frecuencia cardiaca motivando la relajación. Un efecto que, frente a grupos de control en los que la otra persona era un completo desconocido, no se producía.
Sin embargo, frente a la falta de evidencia de que Pedro Pascal necesite de esa regulación, la realidad es que esa adoración se ha convertido en escrutinio, buscando así la legitimidad de todas sus acciones o, por el contrario, buscando una excusa para atacarle. Es en esa lectura morbosa, en la que va más allá de lo que la realidad ha demostrado en forma de entrevistas o comentarios públicos, donde radica realmente el problema.
Ante escenarios ambiguos o en los que nos falta contexto, tendemos a interpretar un interés amoroso u oculto en situaciones como las vividas entre Pedro Pascal y Vanessa Kirby, buscando una culminación que la sociedad y la cultura nos han empujado a ver como el guión perfecto.
Sumando además el drama y el escándalo, la interpretación más moralizante o extrema se convierte en el mejor clavo al que agarrarse, sin percatarnos de hasta qué punto estamos elevando discursos de propiedad afectiva, dobles raseros y puritanismo, frente a los que, como posibilidad, nunca anteponemos que simplemente pueden ser dos amigos con un nivel de confianza mutua que poco o nada tenga que ver con una atracción heternormativa. La realidad es que desconocemos si Pascal tiene ese tipo de ansiedad o si se siente atraído por Kirby, pero lo que podría ser simplemente una muestra de cariño y confianza se convierte irremediablemente en algo más porque, a grandes rasgos, la sociedad nos empuja a creer que esa es la única salida viable.
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