El libro que debes leer para dejar de subir fotos a tus redes sociales parece una simple novela de detectives con un toque cyberpunk

El libro que debes leer para dejar de subir fotos a tus redes sociales parece una simple novela de detectives con un toque cyberpunk

Cuanto Vemos o Parecemos crea un universo de ciencia ficción muy real donde sueños, IA y vigilancia se cruzan, y nos obliga a pensar dos veces qué es real

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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

No soy conspiranoico, pero si lo fuera empezaría por las extrañas coincidencias que han hecho que lea este libro durante estos días. Por un lado, soy fan de Ken Liu y tenía Todo lo que Vemos o Parecemos (All That We See or Seem) ya en mi lista de próximas lecturas (sale a la venta el próximo 14 de marzo), pero la editorial ha tenido a bien mandarme, sin previo aviso, un ejemplar. Y como he tenido un buen catarro estos días, he aprovechado las horas de ocioso reposo para darle duro a esta historia de ciencia ficción que, cosas de la vida, debe ser uno de los títulos más zeitgeist de los últimos años.

Mientras arrancaba la reseña del libro, para hablar de inteligencia artificial, verdad, post verdad, política y manipulación, mi feed tuvo a bien mostrarme un vídeo de spanishrevolution15m en Instagram, cuenta que no sigo pero que el algoritmo ha considerado afín a mis intereses. Es interesante, echadle un ojo. El caso es que todas esas casualidades han llevado a esta reseña. Yo no soy conspiranoico, pero a lo mejor tengo razón.

Entre detectives y cyberpunk

Todo lo que Vemos o Parecemos se lee, en primera instancia, como un thriller de detectives de lo más clasicote aderezado con un marcado acento cyberpunk. La protagonista, Julia Z, es una hacker y cazadora de recompensas que intenta pasar desapercibida tras un pasado turbulento. Su anónima rutina se rompe cuando Piers Neri, un abogado desesperado, la contacta para localizar a su esposa desaparecida, Elli Krantz, una famosa creadora de sueños digitales, llamados onirofex, que mezclan arte y tecnología a través de experiencias oníricas compartidas con sus clientes.

Lo que podría parecer un simple caso de secuestro se convierte en un laberinto de algoritmos, vigilancia masiva y poderes corporativos. El antagonista, el enigmático "Príncipe", utiliza su dominio tecnológico para controlar a Elli y convertir su arte en mercancía, planteando un dilema sobre la libertad, la creatividad y la posesión del alma en la era de la inteligencia artificial. Liu consigue que cada escena tecnológica sea a la vez fascinante y aterradora, y aunque el hilo de misterio recuerda a clásicos como El Informe Pelícano, la inmersión en el mundo de los datos y la vigilancia lo eleva a otro nivel.

Cuanto Vemos O Parecemos

La fuerza de la imaginación de Ken Liu

Ken Liu es conocido por su capacidad de inventar mundos convincentes con apenas unas palabras. Desde la trilogía de La Dinastía del Diente de León hasta sus colecciones de relatos, siempre ha demostrado un talento único para combinar ciencia ficción y fantasía con reflexiones profundas sobre la humanidad. En este libro, Liu introduce la idea de los sueños compartidos como espectáculo artístico y herramienta de introspección. La tecnología, lejos de ser simplemente un accesorio futurista, actúa como extensión de la conciencia y medio de control social. La lectura nos plantea preguntas sobre cómo la como un escenario técnico y económico, que empieza ya a ser muy real, podrían redefinir la identidad y la privacidad.

La novela funciona más como exposición de conceptos futuristas que como historia de personajes completos

Durante mi lectura marqué varias frases e ideas que me han gustado mucho. Una de ellas afirma que "los datos eran como la contaminación; cuantos menos genera uno, mejor". Es imposible no relacionarlo con el mercado actual de información personal, cedida voluntariamente o no, que se ha convertido en uno de los pilares económicos del capitalismo moderno. La frase resume con elegancia lo que hoy es evidente: nuestra información vale, y cada clic, cada foto o comentario contribuye a un ecosistema de beneficios económicos, vigilancia y manipulación.

La crítica social detrás de la tecnología

Uno de los pasajes más impactantes del libro describe el fenómeno de las citas virtuales y la pornografía generada por inteligencia artificial El fragmento muestra una realidad escalofriante: personas pagando por interacciones simuladas, conscientes o no de que están siendo manipuladas por sistemas de IA que optimizan cada estímulo emocional para maximizar beneficio económico. Es un reflejo perfecto de cómo la tecnología puede explotar nuestras emociones y deseos en mercados completamente mercantilizados. Es un modelo de negocio que se retroalimenta: los personajes del libro acuden a estos servicios porque se sienten solo, pero su adicción a estas relaciones ilusorias los aíslan cada vez más del resto de la sociedad. 

Este escenario es ya una realidad: hay mucha gente que mantiene relaciones emocionales con chatbots tratando de suplir sus carencias afectivas reales. Pero además no he podido evitar relacionar el pasaje directamente con otra noticia reciente, como la aparición de la red social Moltbook, donde agentes de IA han creado espontáneamente y al parecer (ya veremos) de manera autónoma una religión llamada Crustafarianismo. Lo que parecía ciencia ficción se convierte en metáfora viva: seres artificiales capaces de organizar, influir y crear estructuras culturales independientes, mientras los humanos observan pasivamente.

El caso es que esta tecnología genera en mí cierta incertidumbre, cuando no algo de preocupación. No ya por el efecto que puede tener en la economía y el mercado laboral, done ya estamos empezando a ver las primeras consecuencias con oleadas constantes de despidos. Se trata de una sensación de alerta frente al uso de la tecnología y la manipulación digital. Retomo el videó de Instagram del que os hable al principio y que comienza con una cita de Hannah Arendt:

"Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras."

Esto ya no es una teoría o una idea relacionada con la propaganda, si no algo que en los últimos años se ha visto maximizado de lo previsto: vivimos en un presente donde herramientas poderosísimas como la IA se usan para manipular, crear identidades falsas y distorsionar la realidad compartida. Deepfakes, perfiles clonados y relatos diseñados para manipular emocionalmente convierten la interacción online en un juego de engaños, mientras el avance tecnológico, espectacular pero descontrolado.

El video señala que en apenas dos años y medio, la IA ha avanzado de un modo realmente increíble, pero han sido dos años y medio donde "nadie ha podido justificar la cantidad de recursos económicos, energéticos y humanos invertidos en esta burbuja sin precedentes, sin hablar de su componente político y social". Esta idea va dela mano, si no de la trama, sí del escenario que Liu para desarrollarla: una sociedad donde la saturación de información y la manipulación algorítmica están erosionando cualquier noción de realidad compartida

La vigencia de Liu en tiempos de IA

Si algo destaca en Todo lo que Vemos o Parecemos es la combinación de entretenimiento y reflexión social. La novela es trepidante, con un ritmo que mantiene al lector enganchado, y logra un equilibrio notable entre acción y mundo futurista. El libro es exigente, especialmente al principio, debido a la gran cantidad de jerga digital que usa, o que directamente se inventa para dar forma al mundo digital de su protagonista. El esfuerzo merece la pena: la construcción del universo de Liu es tan convincente que la inteligencia artificial deja de ser una herramienta para convertirse en personaje, cultura y conflicto.

La novela funciona mejor como exposición de conceptos futuristas que como historia de personajes completos

Julia Z es un personaje complejo y atractivo, cuya vulnerabilidad física y psicológica genera tensión genuina. La mezcla de investigación, persecuciones y hackeos verosímiles hacen que la historia se lea con la intensidad de un thriller, pero con la riqueza conceptual de la mejor ciencia ficción. Las ideas de los sueños compartidos, de los egolets, de las experiencias personalizadas mediadas por IA, resultan extraordinarias, pero por desgracia no creo que el libro sobreviva como un gran clásico, aunque sí recomiendo su lectura para encontrar en él un reflejo de nuestra sociedad actual.

Por desgracia la historia es tan anecdótica, con un ritmo algo desigual y algunas lagunas argumentales, que hacen que al final la historia destaque más por su worldbuilding que por lo que realmente le pasa a los protagonistas. Y aquí tengo que señalar al villano, el Príncipe,  que peca de unidimensionalidad dolorosa: arrogante y manipulador, pero carente de profundidad psicológica. Un malo de opereta que contrasta con su lugarteniente Victor, quien tiene más matices, pero su desarrollo se ve limitado por los cambios de ritmo y el enfoque de Liu en el misterio de la historia sobre la coherencia de la misma. La sensación es que, en ocasiones, la novela funciona mejor como exposición de conceptos futuristas que como historia de personajes completos.

A pesar de estos defectos, lo que hace Todo lo que Vemos o Parecemos relevante no es solo su trama, sino cómo refleja nuestro presente y posible futuro. Liu anticipa debates sobre la propiedad de la creatividad, la manipulación de datos, la soledad inducida por la tecnología y el poder de las grandes corporaciones sobre nuestras identidades digitales. Digo anticipa, pero tal vez sería mejor decir que señala, porque son ya una realidad. El libro se vuelve zeitgeist (el conjunto de ideas, valores, tendencias culturales y clima intelectual predominante que define la mentalidad de una época específica) en un momento en que la inteligencia artificial se infiltra en nuestra vida cotidiana, desde contenido de redes sociales hasta automatizaciones de rutinas diarias en el terreno laboral o personal, pasando por avatares virtuales que suplantan a personas reales. Liu dialoga con realidades como control, desinformación y alienación emocional masiva, pero por desgracia no les saca partido.

Liu nos recuerda que cada foto que subimos, cada dato que compartimos y cada interacción digital contribuye a un ecosistema donde la realidad se fragmenta y la libertad se negocia en términos de información. Y mientras el mundo mira con fascinación cómo los agentes de IA fundan religiones y crean narrativas propias, la novela nos invita a reflexionar sobre quién controla nuestra identidad y qué queda de nuestro yo cuando todo puede ser simulado y luego vendido.

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