Si has jugado The Legend of Zelda: Breath of the Wild, seguramente no hayas olvidado la Piedra Sheikah, la tablet (o incluso smartphone) multiusos con runas que funcionan como apps. Así, cada una activa un efecto físico concreto sobre el entorno, pero va mucho más allá: su mapa se "descarga" al activar torres, casi como si Hyrule tuviera antes que liberan cartografía offline y telemetría del terreno al mismo tiempo.
Esto, a grandes rasgos, conecta la tecnología del universo de Link con la real, ya que se asemeja mucho a cartografía LiDAR, satélite y SLAM, tres funciones que utilizan tanto drones como móviles para mapear sin cobertura. Además, no es la única semejanza con la realidad: la runa Cámara es el equivalente a visión por ordenador. Puedes tomar imágenes para reconocer especies y materiales y crear un compendio, casi como una IA entrenada con fotos etiquetadas.
La línea entre ficción y realidad
El héroe clásico de espada y escudo da paso al héroe de tablet y artefactos
Aunque The Legend of Zelda (evidentemente) sea una historia ficticia, es innegable que se inspira en elementos de nuestro día a día. De hecho, Eiji Aonuma y el resto del equipo de Nintendo optaron por el clásico tropo de la aventura del héroe para dar los primeros pasos de la franquicia, ese basado en tres conceptos: héroe - objetivo - enemigo; Link - salvar a Zelda - Ganondorf.
El paso del tiempo provocó la evolución de la franquicia y la llegada de la tecnología a la misma fue inevitable. Retomando el concepto del compendio, en Breath of the Wild puedes "comprar" entradas del diario que sugieren la existencia de un mercado de datos: pagas por etiquetado y datasets, muy parecido a los bancos de imágenes o documentos.
A su vez, también cuentas con un imán que permite convertir el electromagnetismo en una interfaz: seleccionas un metal del escenario, lo arrastras y lo sueltas. Vamos, justo el tipo de operaciones que realizan las grúas industriales o que han comenzado a practicar los robots de almacén con sensores en los últimos meses. Así, recuerda mucho a un exoesqueleto o un brazo robótico con control por gestos, un aspecto que ya se trabaja en prototipos en laboratorios y fábricas.
La misma tablet (o smartphone, según se quiera ver) permite paralizar el movimiento para "guardar" energía que liberaremos después, un concepto que se asemeja a la simulación física, el control predictivo y la amortiguación inteligente. En el campo de la ingeniería real, esa idea viva en sistemas que absorben y devuelven energía como suspensiones activas o mecanismos de almacenamiento elástico.
Las inspiraciones de la Piedra Sheikah
Otra función estrella del dispositivo de Link permite crear pilares desde el agua como si fuéramos capaces de controlar cambios de fase a voluntad. Hoy, la congelación rápida existe, pero requiere un consumo increíble tanto de energía como de materiales. No se asemeja a lo que consigue Link en cuestión de segundos, ya que la "infraestructura instantánea" en campo se logra a través de impresión 3D móvil o módulos desplegables, pero su mera existencia ya supone un salto gigantesco.
Al mismo tiempo, las bombas remotas se asemejan a la munición recargable, una metáfora que en la realidad encaja con drones, dispositivos teledirigidos o cargas controladas. Como sucede con todos los otros ejemplos, siempre hay un hilo del que tirar en el caso de la Piedra Sheikah, ya que todas sus funciones cuentan con un paralelismo en la vida real.
En líneas generales, la tablet funciona como una llave maestra de terminales, un concepto que recuerda a NFC/UWB y credenciales digitales que abren puertas, coches o permiten pagar desde un solo dispositivo. Así, esto nos lleva al terreno de la ciberseguridad con un solo aparato con acceso total, algo que ya logramos con los smartphones actuales y su capacidad de ser la navaja suiza del siglo XXI.
Además, la Piedra Sheikah cuenta con una interfaz minimalista que prioriza las acciones rápidas. Por ello, su diseño recuerda al que tienen los dispositivos de emergencia, un campo en el que es más importante operar con estrés y precisión que perderse entre múltiples opciones. No obstante, a pesar de los paralelismos y las evidentes diferencias, existe un aspecto que ni siquiera Nintendo puede explicar: la autonomía infinita.
¿Cuánto podría costar una Piedra Sheikah real?
La existencia de la Piedra Sheikah sería un problema sin precedentes
Hoy, el gran "pero" de muchos dispositivos tecnológicos es su autonomía, ya que muchas veces suelen estar ligados a una duración escasa de batería que termina mermando la experiencia. Campos como la realidad aumentada, por ejemplo, no han tenido la evolución ni el alcance esperado. Por ello, aún hoy siguen necesitando baterías grandes o un sistema externo para funcionar, y ni siquiera así consiguen la longevidad eterna.
Para trazar una comparativa, un visor avanzado de realidad mixta suele estar disponible por precios que rondan los 4.000 euros, pero evidentemente no te da control físico sobre el mundo, solo superposición visual. La Piedra Sheikah mezcla sensores, navegación, escaneo y control, cuatro conceptos que viven repartidos entre móvil, reloj, dron y apps especializadas, no en un único "todo en uno".
Así, la mayor lección realista es el enfoque, ya que puede convertir exploración en medición y pruebas con una visión similar a la de un técnico de campo con herramientas digitales y listas de tareas. Evidentemente, como también sucede con el sable láser real de Star Wars, su mera existencia llevaría el debate a la regulación. Un dispositivo capaz de "hackear" infraestructuras antiguas exigiría permisos, auditorías y, sobre todo, límites. Por ello, la Piedra Sheikah siempre estará "encerrada" en los límites del universo Zelda.
Imagen principal de 3DJuegos
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