Cada vez se está volviendo más común que un juego llegue por sorpresa a las tiendas, y es justo lo que ha ocurrido con Venice After Dark durante el Find Your Next Game. Se trata de una aventura que nos hace viajar a una Venecia surrealista, tanto que nos encontraremos con monjas fantasmales, gigantes y enanos como si de cualquier otra cosa se tratara. El mundo de Venice After Dark es extrañísimo, y orbita entre el realismo mágico y el cómic europeo más psicodélico. En este contexto, aparece la IA generativa encarnada por una pantalla flotante que acompaña en todo momento a nuestra protagonista. Thea, que así se llama, aparece mezclada en todo ese universo de personajes variopintos como si fuera uno más. Es decir, el juego la contextualiza como un ser tan extraño como un pescador que mide cinco metros o una agente de policia que apenas levanta dos palmos del suelo. Esta es la gran gracia de Venice After Dark. ¿Esto es una crítica o una defensa de esta tecnología?
El videojuego es una aventura point and click a caballo entre la novela visual y la aventura gráfica. La protagonista llega a Venecia para tomarse un descanso de tanto trabajo. En poco tiempo su empresa presentará a Thea a todo el mundo para comercializarla, pero ella decide llevársela de paseo por la ciudad a medio sumergir. Sin más, al poco de llegar al hotel, comienza una aventura de investigación que conducirá a Aiko y a Thea a charlar con un montón de gente, a intentar descubrir información sobre los fundadores de la ciudad y a solucionar un caso con tintes paranormales. A medida que avanzamos por la trama iremos viendo cómo lo surrealista, lo que ocurre a día de hoy en nuestra sociedad, la tecnología y la humanidad se entremezclan para ofrecernos una romántica reflexión sobre lo que somos como personas.
Venice After Dark es un videojuego extraño, no os voy a engañar, y juega a propósito la carta de serlo
Venice After Dark es un videojuego extraño, no os voy a engañar, y juega a propósito la carta de serlo. Su estilo artístico es raro. Los cuerpos de los protagonistas se deforman y cuesta mucho entender las reglas estéticas de su mundo. La narrativa es un desastrito. Aiko y Thea avanzan y descubren cosas por casualidad, con conversaciones que van desde lo autorreferencial a lo excesivamente expositivo, y los puzles del juego se acaban solucionando encontrando cosas que no tienen sentido que sean atractivas sin un contexto previo y luego usándolas en otro sitio, o intercambiándolas. Es decir, llegan a Venecia, ven brillando algo en un contenedor de basura y lo cogen… No tiene mucho sentido, pero es que el tono general de juego es ese, ser raro. A veces es como leer a un escritor lationamericano del surrealismo mágico.
Flojea como aventura gráfica, pero su mensaje es interesante
El juego te pide que te dejes llevar e ir viendo a dónde te quiere guiar sin hacer demasiadas preguntas, pero aunque lo he comprendido y entiendo que quiere hacer esto, no soporto las historias detectivescas en la que todo ocurre casi por casualidad. Me explico. Las pesquisas de Aiko comienzan porque ve a un señor misterioso pintado en un cuadro y luego en un periódico. Se encuentra a un pescador porque sí y este le dice que vaya a ver a otro amigo porque asá, y este amigo, obvio, es experto en lo que tanto le preocupa a Aiko. Entiendo que hay un mensaje detrás de todo esto, que es muy bonito hablar de las conexiones que se forman entre las personas por casualidad, pero no se sostiene un videojuego a golpe solo de buenas intenciones y de rollito cozy, porque cuesta saber cuál es tu motivación para avanzar. Para más inri, Venice After Dark está en inglés. No está traducido al español.
Lo que sí que resulta interesante, y para mí es el gran misterio de la aventura, es Thea. Muchos de los venecianos tienen una opinión muy fuerte sobre ella, y Aiko defiende a su IA explicando que hará del mundo un lugar mejor. Los habitantes de Venecia, la ciudad que más parece una maqueta hecha a mano y sin ninguna cabeza (sé que la hay, soy arquitecto, pero ya me entendéis), tienen una opinión que suele ir en contra de ella, se ve que no son muy gamers, y Aiko va reflexionando sobre ello. Thea se hace a veces extremadamente pesada, pero otras consigue acertar con un chiste que hace cierta gracia. Se esfuerza mucho en hacer comentarios autorreferenciales para que Aiko se ría, pero como jugador se te harán muy forzados.
Venice After Dark hace esto a propósito, porque te salta un logro cada vez que Thea hace una mención a Los Cazafantasmas, a Robocop o a The Monkey Island. Es decir, se le acaba teniendo piedad a la IA generativa por lo mucho que se esfuerza en ser graciosa y humana, como si se estuviera sudando por ser querida, pero los humanos la rechazamos porque creemos que es mala. A mí esto es lo que me ha tenido más enganchado al juego, porque se aprecia una cierta defensa de esta tecnología desde la empatia, y no lo había visto antes.
Es complicado recomendar Venice After Dark desde la perspectiva de que sea una buena visual novel, una buena aventura en general o de investigación o aventura gráfica, porque creo que el juego no sale bien parado desde un análisis con ese enfoque. Sin embargo, sí que es un título muy a tener en cuenta por el mundo tan raro que plantea, por cómo compara a la IA con una criatura mítica que nadie tiene muy claro qué hace ahí y también por hacia dónde te quiere llevar con su reflexión. Ahí es cuando el juego brilla y cuando su estilo artístico cobra sentido. ¿Pensaremos en la IA generativa en el futuro como pensamos hoy de los unicornios y de los pegasos? Tiempo al tiempo.
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