Hay algo extraño en el primer tráiler de Armored Trooper Votoms: Die Graue Hexe que cuesta explicar si vienes de Gundam, de Evangelion o de Code Geass. No hay un chaval gritando dentro de una cabina, no hay un robot gigantesco que parta una luna por la mitad, no hay banda sonora épica subiendo in crescendo mientras el mundo se salva en el último momento de una tremenda amenaza. Hay un Scopedog avanzando con su característico balanceo metálico, hay arena, hay polvo, y hay esa sensación de estar viendo algo que no es el típico anime de Mecha. Sunrise y Production I.G. han recuperado una de las franquicias más raras y respetadas del género, y lo han hecho con Mamoru Oshii al mando. Si te suena ese nombre, ya intuyes por dónde van los tiros, y si no, prepárate, porque este estreno de noviembre de 2026 puede ser uno de esos acontecimientos que el aficionado al mecha lleva años esperando sin saberlo.
Lo curioso es que Votoms nunca ha sido una franquicia demasiado conocida en Espeña, ni siquiera entre los aficionados a este género de anime. Aquí pegaron Mazinger, Gundam Wing, Evangelion y Robotech, incluso Eureka Seven, y la franquicia de Ryōsuke Takahashi se quedó con la etiqueta de café para cafeteros y el honor de ser el nicho del nicho. Pero el tráiler de Die Graue Hexe no es solo el regreso de un clásico tras quince años en silencio, es también una oportunidad para entender por qué este anime hace cosas que los demás mecha nunca hicieron.
El mecha como pesadilla industrial, no como sueño heroico
La primera cosa que llamará la atención a quienes vean el tráiler sin conocer est franquicia es el tamaño de los mechas. El Scopedog que aparece en escena mide 3,8 metros de altura y pesa 6,6 toneladas, algo que para los estándares del mecha es prácticamente diminuto. Para que te hagas una idea, el RX-78-2 de Gundam mide 18 metros, el EVA-01 de Evangelion ronda los 40, y los mechas de Code Geass o Eureka Seven se mueven en horquillas similares de ciencia ficción a lo grande. Aquí no. Aquí estamos ante una máquina que apenas duplica la altura de un humano adulto y que parece, en todos los sentidos, un transporte blindado ligero con piernas. Esa decisión de diseño no es estética, es ideológica: cuando el mecha es pequeño, deja de ser una fotaleza móvil y se convierte en lo que realmente quería contar Takahashi, que es una herramienta militar producida en serie, barata, sustituible y casi siempre fatal para quien la pilota.
Mientras Gundam trata a sus mobile suits como protagonistas, Votoms los trata como ataúdes
Esto cambia el planteamiento de Votoms desde su núcleo, y es importante. Mientras Gundam, incluso en sus etapas más realistas, no podía evitar tratar a sus mobile suits como protagonistas con peso narrativo, Votoms los trata como ataúdes. El acrónimo lo dice todo, Vertical One-man Tank for Offense & ManeuverS, un tanque vertical de un solo tripulante, y la palabra clave ahí es tanque. No son armaduras sagradas, no son extensiones del alma del piloto, no son herramientas del destino. Son chatarra funcional movida por un sistema de cilindros musculares que funciona con una solución polímera tan eficiente como inflamable, lo que significa que cualquier impacto bien colocado convierte al Scopedog en una bola de fuego, con su piloto dentro. Si el RX-78-2 era el sueño del ingeniero, el Scopedog es la pesadilla del soldado raso. Y eso, en un género que durante décadas vendió la idea de que pilotar un robot gigante era un acto de gloria, sigue siendo casi una herejía.
Cuando Gundam soñaba con destinos, Votoms te decía que probablemente morirías mañana
La segunda diferencia, y posiblemente la más importante, está en el protagonista. Amuro Ray, en Mobile Suit Gundam, era un adolescente con dudas pero también con destino, alguien tocado por la varita Newtype que iba a cambiar el curso de la guerra. Shinji Ikari, en Evangelion, además de un llorica, era el receptáculo de toda una mitología psicoanalítica que pretendía explicar el dolor humano a través de un robot biomecánico de cuarenta metros. Lelouch, en Code Geass, era un genio estratégico con poderes sobrenaturales y un trauma familiar de proporciones operísticas. Renton, en Eureka Seven, era un crío que descubría el amor y la trascendencia a lomos de una tabla voladora. Y luego está Chirico Cuvie, el protagonista de Votoms, que es un soldado raso, de mirada vacía, que apenas habla, y cuya principal habilidad consiste en sobrevivir a situaciones en las que no debería sobrevivir nadie. No tiene poderes psíquicos en el sentido melodramático del término, no hay diosas que lo miren desde el cielo, no hay profecías. Solo hay un hombre cuyo oficio es matar y sobrevivir para matar otro día.
La diferencia se nota incluso en el breve tráiler, donde la atmósfera no transmite épica sino esa clase de tensión que reconoces si has visto Apocalypse Now
Esta diferencia se nota incluso en el breve tráiler de Die Graue Hexe, donde la atmósfera no transmite épica sino tensión, esa clase de tensión que reconoces si has visto Apocalypse Now o si has leído cualquier cosa de Vietnam contada por quien estuvo allí. Es un mecha que respira ciencia ficción militar dura, a lo Joe Haldeman o Robert A. Heinlein, donde la guerra no se gana, se padece. Y aquí entra Oshii, porque Mamoru Oshii lleva toda su carrera tratando la tecnología militar con esa misma desconfianza melancólica. Patlabor 2: The Movie ya era una reflexión sobre el ejército y la paz armada, Ghost in the Shell desmontaba la idea del cuerpo como territorio inviolable, y Jin-Roh exploraba la moral del soldado de élite con una crudeza que pocos directores se atreven a tocar. Que él sea quien dirija el regreso de Votoms no es una casualidad, es la elección más lógica que podía haber hecho Sunrise. Es como cuando Denis Villeneuve aceptó la saga Dune, sabías que iba a entender el material porque ya llevaba media vida pensando en esos mismos temas.
Oshii, Kawai y el regreso de una franquicia desconocida
El equipo que ha montado Sunrise para Die Graue Hexe tiene una pinta estupenda. Mamoru Oshii dirige, Ryōsuke Takahashi vuelve como supervisor (es decir, el creador original de 1983 está vigilando que nadie traicione la esencia de la saga), Kenji Kawai compone la música, y Yoshihiro Sono y Shinobu Tsuneki firman el diseño mecánico. Permitidme el fanboyismo en este punto: Si has visto Psycho-Pass y Kaiju No. 8, sabes lo que estos dos artistas pueden hacer con un diseño industrial que parezca funcional sin perder belleza. Es dream team del mecha adulto.
Votoms es una declaración cultural sobre la posguerra económica, el capitalismo y la deshumanización del trabajador industrial nipón
Aquí conviene pararse a recordar algo que se nos olvida con frecuencia cuando hablamos del género, y es que el real robot no nació por capricho estético sino por contexto histórico. El mecha realista emerge en el Japón de finales de los setenta y principios de los ochenta, en plena resaca de las crisis del petróleo del 73 y el 79, cuando el país está reinventando su identidad económica e industrial. Es la misma época en que Hayao Miyazaki crea Nausicaä pensando en Minamata y en los daños ecológicos del milagro japonés, en que el cine de Akira Kurosawa se vuelve más sombrío con Kagemusha y Ran, y en que la sociedad nipona empieza a mirar la tecnología no como salvación sino con cierta sospecha de que supondrá un costé tremendo para el futuro de Japón. Que un anime de robots gigantes decidiera en 1983 que sus máquinas serían pequeñas, baratas, producidas en series, en realidad, una declaración cultural sobre la posguerra económica, el capitalismo y la deshumanización del trabajador industrial nipón. Votoms hablaba de soldados desechables porque Japón llevaba dos décadas transformando a sus jóvenes en trabajadores desechables. Esa es la capa que el tráiler de Die Graue Hexe recupera, y es la razón de que el regreso parezca tan oportuno en 2026, cuando el mundo entero vuelve a discutir sobre la precariedad laboral, los conflictos armados y las tecnologías que sustituyen a personas.
La franquicia que España nunca llegó a ver bien y que llegó tarde a casi todo
Que Armored Trooper Votoms haya permanecido durante décadas como una obra muy menor en España responde a cómo llegó el anime mecha a nuestro país en los noventa, dominado por series más accesibles y comerciales como Robotech o Neon Genesis Evangelion, mientras propuestas más adultas y duras quedaban relegadas al circuito de fans y cintas VHS importadas (o pirateadas). Ahora, con el auge del streaming, la madurez del público y el interés creciente por el manga y anime adulto, Votoms tiene una nueva oportunidad gracias a Die Graue Hexe, cuyo estreno podría convertir a Chirico Cuvie en una referencia también para el público español. Más que un regreso nostálgico, la serie se presenta como una reivindicación de un anime de mechas más humano, serio y bélico, donde el peso real no está en los robots, sino en las personas atrapadas dentro.
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