Existe un momento determinante que puede cambiar para siempre la historia de una compañía: su salida a bolsa. Hace escasas horas, supimos que los gemelos Winklevoss (conocidos por su juicio contra Mark Zuckerberg por la creación de Facebook) tenían la intención de realizar este movimiento con Gemini, su exchange de criptomonedas que busca hacerse un hueco en un sector cada vez más competido. Sin embargo, su visión es la misma que ya realizaron antes otros gigantes tecnológicos: salir a bolsa con la intención de remontar el vuelo.
Un ejemplo de ello podrían ser Amazon y Uber, dos de las empresas más relevantes de la actualidad. La primera, fundada por Jeff Bezos, avisó en 1997 en su prospecto que tendría pérdidas indefinidas y, por ende, es probable que nunca llegase a ser rentable. A pesar de ello, como señala TechSpot, salió a bolsa con un valor de 16,40 euros por acción, una situación que le permitió recaudar 49 millones de euros para lograr una valoración de 398 millones de euros. Hoy, tal y como hemos visto en numerosas historias protagonizadas por Amazon, es imposible imaginar un mundo sin la presencia del gigante tecnológico.
La salida a bolsa salvó a varias empresas
En 2018, la firma fundada por Jeff Bezos consiguió romper la barrera de los 900.000 millones de euros en capitalización, una situación que le ha servido para colocarse entre las empresas más valiosas del mundo. De hecho, en los últimos años ha decidido direccionar sus negocios, razón por la que pasó de la venta de libros en línea a alquileres de centros de datos, servicios en la nube, creación de dispositivos inteligentes y producción audiovisual. Por suerte para Uber, su historia también se convirtió en el ejemplo de cómo una salida a bolsa puede salvar a tu empresa.
En 2019, la firma siguió los pasos que Amazon trazó más de dos décadas atrás al lanzar el mismo mensaje: "Es probable que nunca seamos rentables". Tras realizar dicha afirmación, la empresa de transporte salió a bolsa con un valor de 41 euros por acción que, a la postre, le permitió obtener una valoración de 74.600 millones de euros. Así, aunque señaló en su prospecto aspectos como altos costes, problemas con regulaciones burocráticas y la existencia de una competencia cada vez más feroz, su modelo incierto para alcanzar beneficios no espantó a los inversores, sino todo lo contrario.
Cuando Uber salió a bolsa, las advertencias de la compañía no frenaron el entusiasmo generalizado, ya que muchos lo vieron como una oportunidad para invertir en una empresa con presencia global en varios países tras haberse convertido en una referente en el campo de la movilidad. Así, no son los únicos ejemplos, dado que también podríamos citar a Snapchat (21.800 millones de euros en su salida a bolsa) o Spotify, otra aplicación que también advirtió sobre la competencia y los altos costes de las regalías. Sin embargo, más allá de sus valores en bolsa, esta misma competencia fue la que llevó a Amazon a convertirse en el tiburón más temido de su sector.
Jeff Bezos "mató" a Toys R Us
Si creciste en los 90, lo más probable es que recuerdes con cariño a Toys R Us, una cadena de tiendas especializada en juguetes que triunfó hace unas décadas. A finales de ese mismo periodo, las páginas webs especializadas en la compra-venta de productos comenzaron a ganar popularidad, una situación que generó un cambio de tendencia en los consumidores: tras años acudiendo a las tiendas para comprar todo aquello que querían, muchos ahora compraban por internet a la espera de recibir el pedido en su domicilio. ¿El culpable? Podríamos nombrar muchos, pero todos pensamos en el mismo: Amazon.
En 1999 (como señala una publicación de X), la web de Toys R Us colapsó en plena época navideña, una situación que les costó una multa de 320.000 euros de la FTC. Tras vivir dicha experiencia, la cadena de juguetes firmó un acuerdo exclusivo con Amazon un año más tarde, una alianza que le reportaría a Jeff Bezos 45,5 millones de euros anuales y un pequeño porcentaje de las ventas. Así, Toys R Us vendería sus juguetes en exclusiva en la plataforma y Amazon sería la encargada de aportar tanto la tecnología como la logística. Como era de esperar, el acuerdo fue un éxito inmediato, pero la situación no tardó en cambiar.
En 2003, Amazon quebrantó el trato y permitió la entrada de competidores como Hasbro o Mattel, una situación que llevó a Toys R Us a realizar una demanda. Tras años de investigaciones y cruces de declaraciones, los tribunales dieron la razón a Toys R Us y, en 2009, Amazon se vio obligada a pagar un acuerdo de 46 millones de euros. Sin embargo, el destino de Toys R Us ya estaba sellado, dado que Bain Capital, KKR y Vornado compraron la franquicia en 2006 por 6.000 millones de euros utilizando deuda masiva.
A pesar de que muchos vieron esta operación como un éxito, el LBO cargó a la empresa un montante que oscilaba entre 364 y 455 millones de euros anuales en intereses, una decisión que drenó toda su liquidez. En 2017, ocho años después de ganar al demanda a Amazon, Toys R Us tenía 2.000 millones de euros en caja reducidos a solo 274 millones de euros, razón por la que reportó pérdidas de 26 millones de euros aunque las ganancias (sin deuda) podrían haber ascendido hasta los 337 millones de euros. De hecho, en ese mismo año quebraron con una deuda de 4.550 millones de euros que cerró 800 tiendas y dejó a 33.000 personas sin trabajo, mientras que Amazon había certificado una jugada maestra para hacerse con su puesto.
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