Tipos duros con chupas de cuero con escopetas. Tipas duras que hacen artes marciales con el pelo cardado recogido por una bandana. Banda sonora con guitarreo potente. Persecución con motos de cross. Un coche bailando entre las llamas. Y señores de la guerra que gobiernan un futuro distópico. ¿Los 80? No, en realidad se trata de la nueva película de Dave Bautista, acomodado ya en su faceta como gran héroe de acción de la serie B: Afterburn.
El cómic era la excusa, la peli es otra cosa
Afterburn llega firmada por J. J. Perry, un especialista de acción convertido en director tras dejar su huella en rodajes como Day Shift. El guion corre a cargo de Matt Johnson y Nimród Antal, y en el reparto encontramos a Dave Bautista, Samuel L. Jackson, Olga Kurylenko y Kristofer Hivju. El filme se inspira, al menos sobre el papel, en un cómic de Red 5 creado por Scott Chitwood, Paul Ens y Wayne Nichols. Pero conviene dejarlo claro: todo parecido con el material original es pura coincidencia. De hecho, creo que quitando uno o dos momentos y la idea de base para su arranque narrativo, ni lo intenta.
La historia nos lleva a un mundo devastado por una llamarada solar que acabó con la tecnología y el mundo tal y como lo conocemos. Apenas una década después, la civilización se ha convertido en una colección de feudos regidos por líderes violentos. En medio de ese caos aparece Jake (Bautista), un exsoldado convertido en cazador de tesoros para poderosos clientes. Su nuevo encargo: recuperar la mismísima Mona Lisa antes de que caiga en las manos del brutal Volkov (Hivju). En el camino se cruzará con Drea (Kurylenko), luchadora de la resistencia francesa, y con King August (Jackson), un monarca británico tan pintoresco como ambiguo en sus intenciones.
Cuando la cultura se convierte en arma
El pretexto de buscar obras de arte perdidas funciona como chispa para una reflexión sencilla pero efectiva: la cultura como motor de identidad incluso en un mundo roto. No es que la película se detenga demasiado en ello, aquí lo que manda son los mamporros, pero siempre se agradecen esas historias que nos recuerdan que la civilización está a una mala noche de convertirse en barbarie. Anda que no me gusta a mí una distopía…
Afterburn es uno de esos proyectos que parecían condenados a vagar por Hollywood durante décadas
Lo que no se agradece tanto es que, una vez más, los villanos tengan que ser rusos. Volkov y su ejército están retratados como la amenaza definitiva sin demasiada explicación, simplemente porque sí. Es una decisión facilona que responde más a la moda geopolítica del momento que a la lógica interna del guion. Una lástima, porque había margen para ofrecer un antagonista más interesante. Con todo, parece que ha habido suerte porque Afterburn es uno de esos proyectos que parecían condenados a vagar por Hollywood durante décadas. Su desarrollo comenzó en 2008 con Tobey Maguire implicado como coproductor y, en sus primeras etapas, se barajó incluso que fuese él mismo el protagonista. Con el tiempo pasaron por el proyecto nombres como Gerard Butler o directores como Antoine Fuqua y Tommy Wirkola, pero todos fueron abandonando la nave. No fue hasta 2024, casi veinte años después de los primeros anuncios, cuando el filme finalmente tomó forma con J. J. Perry en la dirección y Dave Bautista como protagonista. Tanto ha cambiado el proyecto en todo este tiempo que resulta llamativo pensar que el héroe que iba a ser interpretado por Maguire ha terminado recayendo en los hombros de un veterano como Bautista.
Serie B sin complejos, rodada en descampados
Lo bueno es que Afterburn no pretende engañar a nadie. Bueno, casi, luego os digo por qué. El caso es que es cine de Serie B orgulloso de serlo, filmado en descampados eslovacos, fábricas abandonadas y escombreras que sustituyen a ciudades enteras. Perry exprime su experiencia como especialista y nos entrega peleas cuerpo a cuerpo, persecuciones, coches saltando por los aire gracias a oportunas rampas y algún que otro giro de guion interesante. Lapeli va al grano y no promete otra cosa que lo que puedes imaginar viendo el cartel o el tráiler.
Afterburn es una película que abraza con cariño su ADN de Serie B
La acción, sin ser espectacular, resulta entretenida, la trama avanza sin pausa y el humor rancio de los one-liners de Bautista, ecos de los Schwarzenegger o Stallones más ochenteros, arranca más de una sonrisa. Tiene incluso una sorpresa narrativa que le da un toque extra al conjunto. En definitiva, cumple con lo que promete: pasar un buen rato. Si tratas de sacarle más, y no lo encuentras, es culpa tuya.
En lo tonal, Afterburn me ha recordado a esa mezcla de aventuras a lo Uncharted o las películas de La Búsqueda con Nicolas Cage, solo que aquí se le añade una “salsasita” distópica muy de los 80. Esa capa extra de polvo, cuero y violencia absurda me ha llevado directamente a acordarme de la primera Mad Max, de The Warriors, o siendo justos, incluso de esa joya de serie B ochentera que es 1990: Los Guerreros del Bronx.
Un reparto que funciona con lo justo
Se nota que este es un proyecto alimenticio para todos los implicados. Bautista parece cómodo en su rol de tipo duro de pocas palabras. Samuel L. Jackson, por su parte, está en piloto automático… y quizá algo tocado físicamente, porque cada vez que aparece o está sentado o apenas da dos pasos renqueantes. Cosas que uno piensa mientras ve la película. La que sí merece mención aparte es Olga Kurylenko. Su personaje aporta corazón y esperanza en medio de tanta testosterona, y la actriz tiene carisma y demuestra que sigue teniendo mucho más que ofrecer al cine de acción. Es una pena que Hollywood no la aproveche como merece (sí, lo digo por ti, Marvel).
El gran valor de Afterburn está en su mezcla de tradición y exceso. Bueno, todo el exceso que permiten sus apenas 57 millones de presupuesto. Es un filme que recupera el espíritu de los videoclubs, del cine de acción musculoso y barato, con peleas reales y escenarios tangibles, alejándose del abuso del CGI. Bueno, de hecho, hay un par de explosiones digitales en la peli que son de serie de TV de principios de los 2000… Es mejor no pensar mucho en ello.
Con todo, y a pesar de haber pasado un buen rato con esta peli, hay dos cosas que no le perdono. La primera es que se esfuerce tanto en tratar de convencerme de que Bautista tiene 20 años menos de los que tiene en realidad, porque por mucho que le estiren la cara, si en plano le ves el matojo de canas que tiene en el pecho, de poco sirve que le tiñas la perilla. Bautista tiene 56 años, tenemos que asumirlo. La otra es el final: cuando lo veas me daréis la razón. Unos últimos planos completamente innecesarios.
Una buena ración de barbarie posapocalíptica que es mejor no mirar demasiado
Afterburn es una película que abraza con cariño su ADN de Serie B. No revoluciona nada, no reinventa nada, no pretende ser profunda ni trascendente, ni falta que le hace. Ofrece un espectáculo sencillo y honesto, con acción entretenida y un reparto que cumple sin complicarse demasiado. No hay mucho más que rascar. Si te apetece un viaje al futuro distópico bastante políticamente correcto, lleno de persecuciones imposibles, frases de mercadillo, pirotecnia y villanos caricaturescos, esta es tu película para pasar la tarde. Afterburn llega a los cines mañana, 19 de septiembre.
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