Estos días he estado muy atento a los comentarios en Reddit sobre Star Trek: Starfleet Academy. Me interesaba descubrir qué piensan realmente los seguidores de la saga de ciencia ficción, más allá de las polémicas de turno en X (Twitter), y debo decir que me ha sorprendido encontrar a mucha gente reivindicando todavía hoy a The Orville, de Seth MacFarlane, como el mejor producto "vinculado" al universo de Gene Roddenberry realizado en los últimos años. Es una opinión que comparto en parte, pero que resulta bastante llamativa considerando que la serie se concibió originalmente como una parodia.
¿Qué otra cosa podría ser una space opera creada por el autor de Padre de familia y Ted sino eso? De entrada, la ficción disponible en España a través de Disney+ nos presentaba a un capitán que había pillado a su esposa en la cama con un alienígena de piel azul y aspecto algo desternillante. Tras el divorcio, la Unión Planetaria —el equivalente a la Federación Unida de Planetas en este universo— decide asignarla a ella como primera oficial de su nueva nave. En definitiva, una premisa narrativa ideal para buscar la risa fácil y poco más, redondeada con un grupo de personajes que claramente parecían pensados para ese fin.
No tardamos en darnos cuenta de que lo que Seth MacFarlane pretendía hacer no era burlarse de Star Trek y sus muchos y a veces reiterativos tropos, sino algo más profundo: una carta de amor a la franquicia de CBS & Paramount. A medida que avanzaban los episodios, la serie empezó a despojarse de su disfraz de sátira irreverente para revelar un respeto reverencial por la ciencia ficción humanista. El guionista estadounidense, junto a su equipo, supo aprovechar las ventajas de trabajar sobre un producto totalmente original —un lienzo en blanco— para construir un nuevo Star Trek o, mejor dicho, lo que podría haber sido la serie original de haberse rodado en 2017 con buena parte de sus ideas intactas.
No solo nos hace reír, también nos hace pensar
Mientras Star Trek: Discovery y Star Trek: Picard apostaban por grandes y sombrías epopeyas donde el destino de la galaxia estaba en juego en cada temporada —dejando poco espacio para el desarrollo de los secundarios—, The Orville prefirió rescatar el espíritu de The Next Generation o Voyager, dando al espectador justo lo que quería. Así, apostó por ofrecernos capítulos bastante autoconclusivos donde la tripulación del capitán Ed Mercer (MacFarlane) debía hacer frente a un misterio o a un dilema ético, casi siempre con la diplomacia como primera opción y recurriendo a la empatía para comprender la postura del "otro". Aunque eso no quiere decir, ni mucho menos, que faltara la acción.
Por ejemplo —prometo no daros muchos spoilers—, hay un personaje en la nave que pertenece a una raza alienígena donde todos son hombres y ponen huevos. Aunque al principio parece una curiosidad para introducir algún gag habitual en los títulos de MacFarlane, pronto el asunto se torna mucho más peliagudo al revelarse que esto no es un rasgo natural de su especie, sino una imposición social. Cualquier recién nacido de sexo femenino es sometido a una cirugía de reasignación forzosa, lo que da paso a un episodio reflexivo de carácter judicial que a más de uno podrían recordar a "La medida de un hombre" (The Measure of a Man) de TNG, donde se debatía si Data poseía consciencia y libre albedrío.
Otra entrega que me impactó fue aquel en el que el mejor amigo del capitán, y también uno de los recursos cómicos más habituales, el teniente Gordon Malloy, se queda atrapado en el pasado: nuestra actualidad. Tras creerse abandonado por las circunstancias, decide romper la Directriz Principal de la Unión y formar una familia, a pesar del riesgo de alterar la línea temporal. Con el tiempo, sus compañeros encuentran una solución pero, ¿sería capaz Malloy de renunciar a lo que había creado? Es decir, ¿podrías borrar una vida con esposa e hijos por pura lealtad institucional? Y no sería esto un poco, ¿cometer un crimen a lo Tuvix?
Puede que MacFarlane creara su tripulación para que nos riéramos, pero les dio desarrollo y trasfondos más que interesantes
Además, tenía personajes muy bien pensados a lo que era fácil cogerle el cariño. Repitiendo la jugada de producciones anteriores de Star Trek donde teníamos a un androide, o un doctor holográfico, aquí también teníamos una forma de vida artificial con un trasfondo narrativo que cogía importancia en el programa, estaba el alienígena moclano antes mencionado, y también apuestas arriesgadas como un cachondo ser gelatinoso, o una chica perteneciente a un mundo cuya gravedad la hacia ser muy fuerte. Todos, unidos, funcionaban bastante bien, eran variados, y te gustaba verles interactuar. MacFarlane puede que diseñara alguno de ellos para hacernos reír, pero luego los desarrollo de auténtica fábula.
El lienzo en blanco al que hacíamos alusión también facilitaba un nuevo juego geopolítico que a Star Trek, con todas sus potencias dispuestas sobre el tablero, ya le cuesta presentar sin generar inconvenientes en el canon. En definitiva, The Orville es un reboot que reimagina, sin enfurecer a los puristas, cómo podría ser un futuro utópico donde la humanidad viaja a estrellas lejanas y teje alianzas con civilizaciones diversas mientras lidia con pueblos de idiosincrasia compleja.
Igual no hacía falta reinventar la rueda
Y todo ello, además, con un presupuesto bastante ajustado. Se ha hablado mucho sobre cómo Starfleet Academy ha necesitado un gran desembolso por parte de Paramount+ que podría hacer inviable su continuidad a largo plazo. Sin embargo, The Orville, antes de dar el salto al streaming donde elevó su factura técnica, demostró que no hace falta tanto para recuperar esa televisión que nos mantenía pegados a la pantalla en los años 80 y 90 (aunque yo crecí en los 2000). El creador de Padre de Familia, en su intento de parodiar la saga, se impregnó tanto del espíritu social y optimista de Roddenberry que nos entregó el producto más fiel a la esencia original de lo que llevamos de siglo.
¿La pega? Solo hay tres temporadas. MacFarlane afirma tener los guiones escritos para una cuarta, pero tendrá que negociar con una Disney que no parece del todo interesada. Una pena, aunque hay que reconocer que el éxito de The Orville entre los fans propició, en cierta manera, un regreso a las raíces de Star Trek, primero con Strange New Worlds, y ahora con Starfleet Academy. Sí, porque este show puede ser lo más Star Trek que se haya hecho aunque algunos episodios y/o personajes puedan pecar de ser aburridos o estar mejor escritos.
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