Soy bipolar nostálgico por culpa de Las Tortugas Ninja

Soy bipolar nostálgico por culpa de Las Tortugas Ninja

Ahora las pelis me parecen terribles, pero volver a verlas me ha hecho recordar una época más feliz

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Tortugas Ninja Peli 1990 Opinion
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Seguro que te ha pasado: sábado, las 3 de la mañana, acabas de ver Sueños en Oslo en Filmin y te dices: "no tengo sueño, ¿qué hago?". Pues te pones a escarbar en el catálogo a ver si encuentras alguna casposidad cinematográfica de la que escribir el lunes para 3DJuegos y te topas con esa joya que es Las Tortugas Ninja de 1990. Pues "cowabunga", vamos al lío. Bueno, a lo mejor no ha pasado eso, es comprensible. Así que tal vez tampoco te ha pasado que, al ver la peli con la mantita hasta la barbilla y entre caretas de goma y patadas voladoras, te acuerdas de cuando tenías 10 años y andabas a tope de poder tortugoso. Y sí, la película es terrible, pero te dices que a pesar de ello las Tortugas Ninja siempre molan mucho… o al menos, molaban cuando no estaban de por medio Jonathan Liebesman y Michael Bay, que son más de tener los dientes apretados.

Puede ser contradictorio, pero ver las pelis de las Tortugas Ninja como adulto es de lo más disfrutable. También un poco contradictorio: son horribles, pero he divertido como un loco a pesar de que evidencian una personal bipolaridad afectiva enorme por la franquicia. Y es que, por un lado, me gustan las coloridas y desenfadadas aventuras de las Tortugas Ninja que los juguetes y los dibujos animados popularizaron, de las que beben estas primeras películas (y la olvidable serie de acción real); por otro, me encantan los cómics punkis y oscuros que son el verdadero origen de la franquicia. Un origen humilde porque pocos apostaron, y alguno incluso aventuró que sería garantía de fracaso para la licencia. Creo que ese señor trabaja ahora en el mismo sitio que el señor que rechazó los libros de Harry Potter.

De cómic independiente a icono global

Para entender las Tortugas Ninja, hay que retroceder a 1984, cuando Kevin Eastman y Peter Laird decidieron lanzar su propio cómic independiente. La historia de cuatro tortugas antropomórficas mutadas por un accidente químico y entrenadas en ninjitsu por una rata sabia llamada Splinter surgió como un homenaje a las historias de Frank Miller en Daredevil y al repunte de artes marciales que dominaba la cultura pop de la época. Las primeras aventuras de las Tortugas no eran el producto familiar que conocemos hoy; estaban impregnadas de un humor negro, violencia callejera y un tono urbano muy cercano al Nueva York punk de los Ramones y Richard Hell.

Tortuga Sninja 1990 1

El cómic original tenía un espíritu claramente contracultural. Eastman y Laird dibujaban calles sucias, desagües rebosantes de desperdicios y héroes que crecían en un entorno de caos y decadencia. Esa crudeza urbana contrastaba radicalmente con la imagen colorida y accesible que las Tortugas adoptarían más tarde para el público infantil. En lugar de parodia pura, los cómics tenían una autenticidad punk que capturaba la esencia de Nueva York en los ochenta y la ponía al servicio de un relato de acción y ninjitsu sorprendentemente fresco y original. ¿Como se pasa del CBGB a Vanilla Ice?

Juguetes, animación y la "turtlemania"

El éxito de los cómics abrió la puerta a un fenómeno transmedia que, a mediados de los ochenta, explotó la licencia hasta niveles insospechados. Gracias a acuerdos con Playmates Toys, los personajes pasaron de las páginas a los juguetes, con antifaces de colores individuales para diferenciar cada figura y maximizar la colección infantil. La serie animada de 1987, producida por Murakami-Wolf-Swenson, transformó a los personajes en iconos globales, consolidando arquetipos de hermandad, humor y rebeldía juvenil, y generando un torrente de productos derivados: ropa, videojuegos, sábanas y todo tipo de merchandising que convirtió a las Tortugas en referentes culturales de los niños de los noventa.

Tortugas Ninja Peli 1990 Juguete Sin duda, uno de mis juguetes preferidos de las tortugas Ninja

Esta ola, conocida como "Turtlemania - Tortugamanía", tuvo un impacto emocional enorme. Los niños no solo compraban juguetes; aprendían a jugar en grupo, a imitar movimientos de ninjitsu en el parque y a interiorizar códigos de hermandad y humor entre hermanos. Era una socialización gamificada, donde la ficción animada y la acción en la vida real se entrelazan para crear recuerdos duraderos. Vamos, yo recuerdo con un cariño tremendo aquellos años, aquellos juguetes y aquellos dibujos animados. Esa mezcla de diversión, riesgo fingido y pizza como combustible supo capturar el espíritu de toda una generación tal vez demasiado joven como para haber podido subirse al tren de Nirvana y Kurt Cobain.

La película de 1990: oscuro espectáculo familiar

Y entonces llegó la primera película de acción real en 1990, dirigida por Steve Barron, un proyecto con un presupuesto modesto de 13,5 millones de dólares que recaudó más de 202 millones a nivel mundial (una locura de aproximadamente 495,9 millones de dólares a día de hoy, ajustando la inflacción) confirmando que la Turtlemania podía funcionar también en cine. A alguien de la distribuidora se le ocurrió ponerse a repartir entradas para el preestreno de esta peli en la puerta de mi colegio y la consecuencia fue en establecimiento de un de menudeo en régimen penitenciario en el recreo durante aquel día: no os digo las cosas que tuve que hacer a los más kie del patio para conseguir una. Todavía me avergüenzo…

Tortuga Sninja 1990 4

La película conservó elementos oscuros de los cómics originales: peleas en callejones mal iluminados llenos de orines de borracho, escenas nocturnas y una ciudad de Nueva York que parecía siempre al borde del caos. Pero al mismo tiempo, equilibraba la crudeza con un tono familiar y humorístico, incorporando chistes tontos sobre pizza y momentos de pura comedia física que hacían accesible la historia a los más pequeños. Esta mezcla de lo urbano y lo infantil convirtió a la película en un curioso híbrido recomendada para mayores de 13 años, capaz de satisfacer tanto a los fans de los cómics punk de Eastman y Laird como a los niños que solo conocían a las Tortugas por la serie animada y los juguetes.

Uno de los aspectos más fascinantes de la producción fue la colaboración con Jim Henson's Creature Shop, los papás de los Teleñecos, y aquí responsables de los trajes animatrónicos que dieron vida a Leonardo, Michelangelo, Donatello y Raphael. a día de hoy me resultan todavía fascinantes, pero en el momento de ver la peli en el cine me voló la cabeza porque me parecían completamente reales. Cada tortuga requería varios operadores: uno para la cabeza y animación facial, otro para los brazos y movimientos dentro del traje. Según las notas del rodaje, las escenas de pelea eran extremadamente complicadas, ya que los trajes pesaban más de 45 kilos y los actores debían coordinarse con precisión para que los movimientos parecieran naturales. Los ensayos podían durar horas, y era habitual que los actores terminaran empapados de sudor y con moretones, pero el resultado en pantalla justificaba cada esfuerzo. Lo que sea por la sonrisa de los niños…

El impacto emocional de la película fue inmediato. Ver a los personajes cobrar vida y moverse con personalidad propia, manteniendo las peculiaridades que los fans adorábamos, produjo una sensación de asombro y fascinación difícil de replicar. Los guiños a la mitología, como el Clan del Pie como villanos o la reimaginación de la relación de Splinter con el Maestro Despedazador (Triturador en España y Destructor en Hispanoamérica), o la de April y Casey Jones,, reforzaban la conexión con el material original, mientras que las los chistes tontos permitían que los niños disfrutaran sin sentirse intimidados. Podían más las ganas de ver a las tortugas como si fueran reales que el exponerse a una película que se alejaba mucho de los coloridos dibujos animados. Evidentemente la película no era perfecta, pero fue un primer vistazo de éxito a las licencias juguetes después de tropiezos como el de Masters del Universo, consolidando la franquicia en la memoria colectiva.

Tortuga Sninja 1990 2 Imagen de Las Tortugas Ninja III

El éxito de la película fue inmediato y abrió la puerta a secuelas, merchandising intensivo 8e insistente) y consolidación de la marca en la cultura popular. Las Tortugas Ninja II: El Secreto de los Mocos Verdes (1991) y Las Tortugas Ninja III (1993) continuaron la historia, aunque suavizando el tono para un público aún más joven y priorizando la venta de productos relacionados. Personalmente, creo que tienen mucho menos encanto, y que al rebajar el tono y arrimarse más a los dibujos animados (y la venta de mercha) perdieron ese equilibrio entre las tortugas originales del cómic y su reinterpretación juguetera que os destacaba antes. Para muchos, la mezcla de acción, humor y tono oscuro, aunque limitado, seguía siendo potente,pero es evidente la gradual pérdida de calidad y entusiasmo.

Tmnt: la pelicula original. especial 35 aniversario (TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES)

Disociación afectiva

Hoy en día mantengo una especie de disociación afectiva con la franquicia. Por un lado, disfruto muchísimo de las Tortugas Ninja coloridas y chistosas, como las de Caos Mutantes, mi peli favorita de la licencia, y su estupenda secuela animada en Netflix, auténticas joyas de la animación que respetan el espíritu aventurero y divertido de las Tortugas. Por otro lado, sigo deseando que se concrete un plan real para llevar al cine El Último Ronin, la historia más siniestra de los cómics, que ha servido para reavivar a los personajes en la viñeta. ¿Y qué decir de los ñecos? Todavía no he ahorrado lo suficiente para completar las figuras de NECA que me flipan, y ahora Mattel anuncia que explotará la licencia. Ser fan de las Tortugas Ninja es muy duro. Pero lo es un poco menos cuando recuerdas que la peli de Las Tortugas Ninja de 1990 está disponible en Filmin junto a El secreto de los mocos verdes.

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