Disney ha tirado a la basura el trabajo de toda una leyenda del cine. No exagero si digo que es uno de los mayores crímenes contra Star Wars

Disney ha tirado a la basura el trabajo de toda una leyenda del cine. No exagero si digo que es uno de los mayores crímenes contra Star Wars

Toda una leyenda del cine como Steven Soderbergh trabajó tres años en una película que nunca veremos

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Star Wars Pelicula Kylo Ren Soderbergh
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Steven Soderbergh no es un director cualquiera, y tenerle al frente de un proyecto de la franquicia Star Wars es tan peculiar como amante del cine como extraordinario para el fan de La Guerra de la Galaxias. Sus declaraciones recientes sobre el fallido proyecto The Hunt for Ben Solo han dejado a más de uno con la boca abierta. En entrevistas recientes en Variety, el cineasta explicó cómo él, Adam Driver y la guionista Rebecca Blunt invirtieron dos años y medio de trabajo casi completamente gratuito desarrollando un guion que Disney decidió cancelar sin siquiera discutir presupuestos o otros detalles prácticos. Y eso que la propio Lucasfilm, bajo la supervisión de Kathleen Kennedy, Dave Filoni y Carrie Beck, había aprobado la historia, e incluso llamó al guionista Scott Z. Burns para finalizar el texto. Pero algo no salió bien y al final el proyecto quedó en nada. Una lástima.

Soderbergh no está solo: Proyectos como la prometedora Rogue Squadron de Patty Jenkins parecen haber caído en un limbo creativo del que no parece haber salida, y otras historias que los fans han esperado con ilusión, como los centrados en Lando Calrissian, no terminan de concretarse. ¿Es que nadie se acuerda ya de Lando? La frustración no solo afecta a los seguidores; también hiere a los profesionales que ponen su pasión, talento y tiempo en estas propuestas que, finalmente, nunca verán la luz. Y con todo, no son casos aislados en esta saga galáctica.

Soderbergh 1

La ilusión de crear algo grande que nunca se estrena

El caso de The Hunt for Ben Solo ilustra con crudeza lo que significa trabajar en Hollywood en proyectos que pueden terminar olvidados sin llegar nunca a estrenarse. Adam Driver explicó en 2025 que había querido continuar la historia de Ben Solo tras su muerte en Star Wars: El Ascenso de Skywalker, y que la colaboración con Soderbergh y Blunt dio lugar a un guion que él calificó como "uno de los más geniales" en los que había participado. Pero la respuesta de Disney fue tajante: no podían aceptar que Ben Solo estuviera vivo, y el proyecto se canceló de raíz.

Soderbergh y Driver forman parte de un club de cineastas que han invertido años en proyectos que nunca llegaron a producirse

Soderbergh confesó sentirse dolido y frustrado, no solo por la cancelación, sino porque él ya había "hecho la película en su cabeza" y sentía que nadie más tendría la oportunidad de verla. La situación no solo afectó a los creadores; la comunidad de fans reaccionó de inmediato, lanzando campañas para salvar la película, incluso pagando carteles en Nueva York y aviones con mensajes sobre Disney. Esta dinámica de entusiasmo y frustración es, en realidad, más común de lo que podría parecer.

A su pesar, Soderbergh y Driver forman parte de un club de cineastas que han invertido años en proyectos que nunca llegaron a producirse. Tomemos como ejemplo a George Miller, el creador de Mad Max. Antes de sus películas de acción postapocalípticas, trabajó durante años en proyectos como una película de la JLA, décadas antes de la llegada de Zack Snyder, que finalmente fue cancelado por Warner Bros. Quentin Tarantino también tiene un historial similar. Proyectos como Double V Vega (que reunía a los personajes de Travolta y Michael Madsen de Pulp Fiction y Kill Bill), una adaptación de Modesty Blaise, o su versión de Asesinos Natos (Natural Born Killers) pelí que terminará dirigiendo William Oliver Stone y de la que Tarantino todavía reniega a día de hoy. Proyectos muy interesantes que nunca se concretaron. Incluso cuando vendió guiones, trabajos en diferentes reescrituras y enfoques o fueron adaptados por parte de otros directores resultando en películas muy distintas a su visión original. Guillermo del Toro, por su parte, pasó años desarrollando En las Montañas de la Locura, un proyecto de Universal que nunca vio la luz.

Y, por supuesto, no podemos olvidar a Alejandro Jodorowsky con su épica adaptación de Dune en los años 70. Jodorowsky invirtió años en conceptualizar la película, trabajando en storyboards, diseños de producción y casting, pero el proyecto se vino abajo por razones financieras y creativas. Su visión, no obstante, ha inspirado a generaciones de cineastas. Todos estos ejemplos muestran que la pasión de los cineastas y actores por contar historias puede chocar frontalmente con la realidad de los estudios, donde los riesgos financieros y las decisiones corporativas dictan el destino de cualquier proyecto.

Aunque doloroso, este tipo de experiencias también revela el compromiso personal que los profesionales sienten hacia sus historias. Soderbergh no estaba únicamente desarrollando un producto comercial; él y Driver querían honrar la complejidad de Ben Solo, y el guion reflejaba un enfoque más profundo y centrado en los personajes, comparado por Driver con el tono "artesanal y orientado a los personajes" de El Imperio contraataca. Trabajar en un proyecto de esta envergadura, aunque no llegue a estrenarse, proporciona experiencia, aprendizaje y exposición a grandes equipos de producción, así como la posibilidad de influir en la cultura pop de manera indirecta. El guion de Soderbergh y Driver, aunque rechazado por Disney, reaviva un debate sobre la dirección creativa de la franquicia y del Hollywood en general. En ese sentido, el impacto de un proyecto no siempre se mide por su estreno en cines. No viene mal recordar que en su momento el estudio no confiaba en George Lucas y su primera peli de Star Wars.

Soderbergh 2

¿Vale la pena invertir años en algo que nadie verá?

La pregunta que surge tras estos casos es inevitable: ¿merece la pena dedicar tres años de trabajo a una película que al final nadie verá en pantalla? Para los fans, la decepción es evidente; para los creadores, la sensación es doble: por un lado, orgullo por la calidad del guion y el trabajo realizado; por otro, frustración por la imposibilidad de compartirlo con el mundo. Es inevitable preguntarse qué habría ocurrido si The Hunt for Ben Solo, la película de Soderbergh y Driver, hubiera recibido finalmente luz verde. Disney y Lucasfilm habían dado un giro de 180 grados a sus planes originales de cerrar la trilogía de secuelas con un proyecto mucho más oscuro y diferente al Episodio IX que finalmente llegó a los cines. La idea era tratar de contentar a un público más amplio que no recibió con agrado los cambios que estas nuevas películas introducían en la mitología de Star Wars, en una maniobra que buscaba apagar un incendio de opiniones negativas que, en muchos casos, parecía tener más que ver con el clima social y político contemporáneo que con la calidad real de las películas. 

Disney y Lucasfilm dieron un giro de 180 grados a sus planes originales de cerrar la trilogía de secuelas con un proyecto mucho más oscuro y diferente al Episodio IX que finalmente vimos

Este enfoque conservador afectó a The Hunt for Ben Solo, que bien podría haber resultado en un éxito espectacular, ofreciendo un relato más profundo, con el tono artesanal y centrado en los personajes que tanto ansiaban los fans más exigentes. Por otro lado, también existía el riesgo de un fracaso monumental, claro, con la película chocando contra las expectativas del gran público y las decisiones corporativas de Disney, convirtiéndose en un ejemplo de cómo incluso los talentos más reconocidos no siempre logran equilibrar visión artística y aceptación masiva. Esta dicotomía entre triunfo y decepciones parte del riesgo inherente de la industria y afecta constantemente a proyectos ambiciosos, y refleja por qué muchos guiones nunca llegan a ver la luz: la industria no quiere correr riesgos.

Lo que demuestra la experiencia de estos directores es que en Hollywood el trabajo creativo y la producción de grandes proyectos rara vez es lineal ni garantizada. Cada guion rechazado, cada proyecto cancelado, forma parte de la carrera del cineasta y puede abrir puertas a otros trabajos, como ocurrió con Soderbergh, quien escribió cuatro nuevos guiones tras el cierre de The Hunt for Ben Solo. The Hunt for Ben Solo representa el lado más humano de Hollywood: historias apasionantes, años de trabajo invertidos y la certeza de que a veces la visión de los creadores no coincide con la de los ejecutivos. La saga de Star Wars, con su complejidad corporativa y su fandom exigente, lo ejemplifica a la perfección. Mientras los fans continúan soñando con que un día vean la película, los creadores pueden llevarse la satisfacción de haber dado lo mejor de sí mismos, aunque solo algunos logren formar parte de la historia de una saga tan importante como Star Wars. Al final, invertir años en un proyecto que no se producirá es doloroso, pero forma parte del precio que muchos profesionales pagan por trabajar en mundos que aman. Es la otra cara de la magia del cine: no siempre se ve en pantalla, pero siempre deja su huella en quienes lo crean y en quienes sueñan con verlo hecho realidad algún día.

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