El chronoworking se ha convertido en tendencia en el teletrabajo, pero lleva desde la Edad Media mejorando la productividad con los ritmos circadianos

  • Los ritmos biológicos de las personas se separan en cuatro tipos muy distintos

  • El cronotrabajo plantea que el trabajo debería atarse a esos picos de productividad

Cronotrabajo
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Si la apertura hacía los modelos híbridos y de teletrabajo ha demostrado que puede mejorar nuestra productividad de forma sustancial, el chronoworking o cronotrabajo es la tendencia que se pregunta qué pasaría si, además, sumamos la posibilidad de organizar nuestro horario laboral como queramos en base a nuestros ritmos biológicos.

Aspectos como el multitrabajo, potenciados por el trabajo en remoto y la rebelión contra volver a la oficina, parecen haber demostrado que el hecho de trabajar por el mero hecho de justificar que lo estás haciendo va en detrimento de la productividad y de la felicidad de los trabajadores. El cronotrabajo le da la vuelta esa situación para que nos ciñamos a los objetivos a cumplir en vez de cubrir horarios por el mero hecho de hacerlo.

La clave de la productividad del chronoworking

La idea de ofrecer la posibilidad de que sea el empleado el que se organice en base a las necesidades de su día a día y la carga de trabajo que lleve acumulada, más que una cuestión de capricho, es una fórmula destinada a que podamos adaptarnos a los horarios en los que somos más productivos. Es algo que, con sueños partidos y repartiendo la jornada laboral en distintos tramos, ya se hacía en la Edad Media antes de que la jornada de ocho horas tomase el control de nuestras vidas.

Como los ritmos de cada persona son diferentes, están quienes se benefician de un pico de esfuerzo por la mañana mientras que otros apuestan más por trabajar durante la noche, o incluso hay quienes, por su vida privada, se verían beneficiados de horarios partidos en los que poder trabajar de forma más cómoda. Sin tener que preocuparse de si van a llegar a tiempo a otra tarea o necesidad de su día a día, su concentración crece.

Según recoge la asociación americana de psicología, el 55% de las personas alcanza su máxima productividad entre las 10:00h de la mañana y las 14:00h del mediodía, hay otro 15% que prefiere comenzar a trabajar antes incluso de esa hora, otro 15% que se considera más productivo durante la tarde noche, y un 10% que posee un ritmo circadiano más errático. Según la teoría del cronotrabajo, las horas que van a invertir en cubrir sus objetivos van a ser las mismas, pero van a separarlas como mejor les convenga para mejorar ese rendimiento.

Si abrazamos la idea de que un trabajador feliz y sin distracciones resulta más productivo que otro que no goce de esa situación, y todos sabemos muy bien hasta qué punto lo de estar ocho horas ante una pantalla es lo más improductivo que te puedes echar a la cara, ofrecerle un modelo de cronotrabajo puede llevarle a mejorar su rendimiento y, además, eliminar cualquier atisbo de duda frente a posibles ofertas más atractivas en lo que a sueldo se refiere. Entre el más dinero y el más cómodo, en muchos casos empieza a ganar lo segundo.

Imagen | Joelbrown1709 en Midjourney

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