Este año he visto tres versiones diferentes de la misma historia de samuráis y demonios, y no sé cuál me gusta más porque son todas estupendas

Este año he visto tres versiones diferentes de la misma historia de samuráis y demonios, y no sé cuál me gusta más porque son todas estupendas

De los demonios del periodo Sengoku a los androides del ciberpunk: Dororo es un clásicos que acumula versiones que combinan acción, drama y reflexión

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Dororo
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Si no eres de los que creen en la numerología, las alineaciones planetarias o las conspiraciones, y simplemente aceptas que algunas veces las cosas van de la mano, entonces quizá entiendas cómo me siento. No hace mucho me tropecé en redes sociales con un manga que me llamó la atención: Search and Destroy, de Atsushi Kaneko. A pesar de que permanece inédito en España, no me pude resistir: a la saca. Qué sorpresa cuando al empezar a leerlo descubrí que se trataba de una reinterpretación cyberpunk de un manga clásico del maestro Osamu Tezuka. Así que después de leerlo, me puse a buscar el original. Bien, hasta ahí mi vida normal de lector. Ahora, qué posibilidades hay de que de casualidad me encuentre en el catálogo de Prime video con una versión anime moderna de Dororo y que a la semana siguiente, sin saber nada de esto, Alberto Pastor me pase una imagen de la serie pensando que era de Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba? Pues no necesito más para escribir un tema sobre ellos para recomendaros anime y manga.

Genealogía de la Desposesión: De Tezuka a Kaneko

Seguir el rastro de Dororo, concebida originalmente por Tezuka en 1967, ofrece una perspectiva privilegiada de la evolución del manga y el anime como vehículos de crítica social, exploración filosófica y vanguardia estética. La historia trata de un joven samurái que busca recuperar su cuerpo fragmentado de las garras de entidades demoníacas no es solo una historia de aventuras en el periodo Sengoku, sino también una alegoría persistente sobre la autonomía, la identidad y el coste humano del poder político. A lo largo de más de cinco décadas, esta premisa ha sido reinterpretada a través de distintos puntos de vista, destacando la adaptación televisiva de 1969 dirigida por Gisaburō Sugii y la radical reinvención ciberpunk de Atsushi Kaneko en Search and Destroy de 2018.

Hyakkimaru nace desposeído de órganos y extremidades por el pacto de su padre con demonios

Para comprender la génesis de Dororo, es imprescindible situar a Osamu Tezuka en el Japón de finales de los años sesenta. Tras el éxito mundial de Astro Boy, Tezuka se encontraba en una encrucijada creativa. El mercado del manga estaba siendo transformado por el movimiento Gekiga, que exigía narrativas más oscuras, violentas y orientadas a un público adulto, alejándose del estilo "Disneyesco" que Tezuka había popularizado. Frente a esto, su obra buscaba encontrar un equilibrio entre aventura y reflexión profunda sobre la sociedad, el individuo y la violencia inherente al poder.

Dororo Tezuka El Dororo de Tezuka

La creación de Dororo también respondió al auge de los yokai promovido por otro maestro del manga, Mizuki Shigeru. Durante los años 60, GeGeGe no Kitarō había desatado un fenómeno cultural que invitaba al público japonés a redescubrir su folclore. Tezuka, movido por una mezcla de rivalidad profesional y curiosidad creativa, decidió lanzarse a la fantasía oscura, usando el folklore no como un fin nostálgico, sino como una herramienta para explorar la crueldad humana y los efectos devastadores de la guerra. La elección del nombre "Dororo", derivado de un error infantil al pronunciar "dorobō" (ladrón), subraya el enfoque de la obra en la infancia marginada y en la supervivencia en los estratos más bajos de la sociedad. Si os parece que el trabajo de Hayao Miyazaki es el no va más del trauma en el manga y el anime, fijamos bien en lo que ya hacía Tezuka unos antes.

La historia de Dororo demuestra que la humanidad no es un derecho otorgado al nacer, sino algo por lo que hay que luchar constantemente

El trasfondo de Tezuka como doctor y superviviente de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial influyó directamente en la historia. Hyakkimaru nace desposeído de órganos y extremidades por el pacto de su padre con demonios a cambio de prosperidad para su feudo. Telita. Esta mutilación simboliza no solo la alienación del individuo sino también una crítica a los líderes que sacrifican vidas humanas por ambición y poder. Las prótesis creadas por el doctor Jukai, hechas con madera y alquimia, introducen una fascinante dualidad entre lo humano y lo artificial, anticipando la figura del proto-ciborg en la narrativa moderna.

Dororo 4 El dororo de Mappa

La adaptación animada de 1969, dirigida por Gisaburō Sugii y producida por Mushi Production, supuso un hito en la historia de la animación japonesa. Aunque el manga original fue cancelado y concluyó de forma abrupta, el anime logró extender la narrativa creando episodios originales que profundizaban en la relación entre Hyakkimaru y su joven compañero de aventuras, el huérfano Dororo. La estética en blanco y negro, impuesta por limitaciones presupuestarias, se convirtió en un acierto artístico, creando atmósferas inquietantes donde las sombras realzaban la desolación y la violencia de los demonios. En 2019, Kazuhiro Furuhashi, dirigió una nueva reinterpretación moderna del clásico de Osamu Tezuka en la mano del incombustible estudio Mappa en una actualización espectacular.

Décadas después, Atsushi Kaneko reinterpreta a Dororo en Search and Destroy para la revista Tezucomi Recopilado también Fantagraphics), enmarcada en un contexto cyberpunk. La esencia de la historia persiste: una joven mutilada lucha por sustituir las piezas cibernéticas (y letales) que forman su nuevo cuerpo por sus órganos y miembros originales, pero ahora los demonios son robots y los samuráis se transforman en una élite fascista. La búsqueda de esta nueva protagonista, Hyaku, es un acto de reivindicación frente a un sistema que la considera desechable, incorporando una dimensión política y social propia del siglo XXI.

Dororo 3 Search and Destroy

El estilo visual de Kaneko, con líneas gruesas y alto contraste, refleja la crudeza urbana y el grafismo underground occidental, pero sin perder unos códigos y una estética reconociblemente japonesa. La relación con Doro, su acompañante, transforma el relato en una fábula de supervivencia urbana, donde la recuperación del cuerpo es también un acto de empoderamiento y autonomía frente a la opresión tecnológica y social. La obra no solo mantiene la esencia de Tezuka, sino que la magnifica y actualiza, trasladando el horror y la violencia a una metrópolis distópica cargada de crítica social.

A pesar de los cambios de contexto y estilo, las tres versiones comparten una constante: la recuperación del cuerpo como metáfora de la agencia personal. Hyakkimaru lucha por reclamar su existencia frente a un sistema que lo deshumaniza, y Hyaku hace lo mismo en un entorno futurista que también fragmenta la dignidad humana. Las prótesis, ya sean de madera o biónicas, representan la búsqueda de la identidad y autodefinición. El papel de Dororo y Doro también es central. No os quiero estropear la sorpresa, pero su historia no es tanto de búsqueda de una identidad como de reafirmación de la que ya tiene.

El legado de un guerrero sin cuerpo

Dororo ha dejado una huella imborrable en la fantasía oscura y la ciencia ficción japonesa y ha dado lugar a novelas, una peli de acción real y videojuegos, como el Blood Will Tell de PS2. Obras como Berserk de Kentarou Miura reflejan claramente su influencia: guerreros marcados, prótesis que se convierten en armas, y la lucha contra fuerzas sobrenaturales son elementos heredados del universo de Hyakkimaru. Lo mismo puede decirse de otro de mis mangas preferidos, La Espada del Inmortal, que toma muchas ideas de esta historia. Y claro, Sekiro: Shadows Die Twice que también bebe de esta fuente, incorporando la tensión entre cuerpos incompletos y la moralidad de los protagonistas.

La historia de Dororo demuestra que la humanidad no es un derecho otorgado al nacer, sino algo por lo que hay que luchar constantemente. Esta historia ha trascendido generaciones y medios, consolidando un legado de resistencia, introspección y justicia que sigue inspirando a creadores contemporáneos. Después de haberme sumergido en estas tres versiones, el manga clásico de Tezuka, el anime de 2029 (que puedes ver hoy mismo en Prime Video) y la reinterpretación de Kaneko, confieso que no sé cuál me gusta más. Cada una brilla por méritos propios: Tezuka por su capacidad de combinar aventura y crítica social; Furuhashi y Mappa por transformar la animación en un vehículo de horror y reflexión; Kaneko por convertir la narrativa en un grito contemporáneo de justicia y autonomía. Lo que sí tengo claro es que, gracias a ellas, comprendí que una misma historia puede reinventarse sin perder su alma, y que el viaje de Hyakkimaru sigue siendo un espejo donde se refleja nuestra lucha por ser completos en un mundo que intenta fragmentarnos.

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