La inteligencia artificial apunta a convertirse en el principal enemigo de algunos sectores laborales. En los últimos meses, hemos visto análisis relacionados con su impacto en los empleos de cuello blanco y cuello azul, pero la situación va más allá, ya que también existen declaraciones de figuras tan importantes como Mark Zuckerberg o Elon Musk hablando de la forma en la que la IA sustituirá a los programadores. Por ello, a nadie le sorprende que los funcionarios y los empleados públicos estén en el punto de mira.
Según un informe de Roland Berger difundido por la vertiente francesa de Forbes, se estima que alrededor de 472.500 empleados públicos podrían ver su puesto afectado por la automatización de la inteligencia artificial. Así, esta cifra equivale al 8% del total de efectivos del sector, pero hay mucho más: no se trataría de un ajuste superficial, sino de bloques completos de tareas administrativas que pasarían a sistemas automatizados capaces de operar a gran escala prescindiendo de la intervención humana.
A las sustituciones, además, se le suma un cálculo que señala que el 35% de las tareas diarias de los funcionarios franceses sufrirían transformaciones parciales, una cifra alimentada por aspectos como los cambios en el flujo de trabajo, los tiempos de respuesta y los perfiles de competencia. Así, el estudio señala a los empleos de oficina con funciones repetitivas, regladas y documentales como los más expuestos, ya que asegura que el tratamiento de documentos y el control administrativo concentran el mayor potencial de automatización integral.
A diferencia de lo expuesto, campos como la educación, la sanidad o la seguridad presentan una probabilidad más pequeña de automatización al tener un gran componente humano en sus bases. No obstante, ello no implica que la IA hará de las suyas, ya que se estima que podrían llegar a integrar modelos de inteligencia artificial que sirvan de apoyo de cara a mejorar la productividad. Para muchos, esto ha despertado críticas por los fallos de la IA, pero la mayoría creen que se trata de un destino inevitable que no podremos esquivar.
¿Sustitución o transformación del rol público?
El informe, en esencia, subraya que la IA no debería percibirse como una amenaza, sino como un catalizador para rediseñar procesos y, por consiguiente, liberar horas de alto valor para los empleados. No es la primera vez que se plantea esta idea en Europa, ya que muchas administraciones han probado con modelos de IA para agilizar procesos, pero Francia se ha hecho eco del estudio por la magnitud del cambio previsto al dar pie a la sustitución de 472.500 empleados.
El riesgo de choque social es evidente: si no existen planes definidos en campos como la cualificación de los empleados, la adaptación de oposiciones o la movilidad interna, la automatización podría dar pie a numerosos problemas. Entre ellos, por ejemplo, se encuentran la desconfianza de los ciudadanos o la pérdida de legitimidad del proceso. Por ello, el estudio invita a formar a los empleados con el uso de herramientas de IA, ya que consideran que es mejor estar prevenidos que mantener la expectativa pensando qué podría llegar a pasar.
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