Con Paul W.S. Anderson siempre sabes lo que vas a encontrar: una película regulera con efectos especiales por todas partes y la sensación de que todo podía haberse explotado mucho más. Seguro que George R.R. Martin, creador de Juego de Tronos y autor del relato original, se debes haber quedado con la misma sensación al ver esta peli (aunque sé que no porque le he visto muy sonriente en las fotos del rodaje, deben ser fotos del día que cobró el cheque). Tierras Perdidas (Into Lost Lands, 2025) tiene un mundo brutal, apocalíptico y lleno de posibilidades narrativas… pero de pronto te topas con Dave Bautista con las cejas teñidas y a Milla Jovovich con mechas, echándose los trastos el uno al otro delante de un croma durante hora y media. Y tú solo puedes preguntarte: ¿por qué?
Tierras perdidas,una peli muy regulera
La película nos sitúa en un mundo postapocalíptico, donde la humanidad sobrevive en una ciudad controlada por un Overlord que está más para el geriátrico que para liderar. Fuera de sus muros, las Tierras Perdidas son un lugar hostil lleno de hechiceras, monstruos y cultos religiosos. Gray Alys (Milla Jovovich) es una bruja perseguida por la todopoderosa inglesa que concede los deseos de sus penitentes y nunca dice que no a un encargo… siempre que haya dinero de por medio.
Cuando la reina Melange (Amara Okereke) le pide la habilidad de transformarse en licántropo, Alys acepta, aunque también ha recibido la orden secreta de impedir que la reina consiga ese poder. No es mal arranque, ¿verdad? Pues a partir e aquí, ya mal: para cumplir la misión, se une a Boyce (Dave Bautista), un cazador de canas teñidas al estilo Giuliani, tipo pistolero del oeste, y juntos recorren un mundo devastado mientras son perseguidos por los fanáticos religiosos liderados por Ash (Arly Jover), el único personaje que merece un poco la pena.
Ideas que funcionan a ratitos
Hay que reconocerlo: Tierras Perdidas tiene momentos visualmente espectaculares. Algunas secuencias de acción que quieren recordar a Mad Max: Fury Road o a The Book of Eli, con cámara lenta bien calculada. "Quiero y no puedo", claro. Paul W.S. Anderson está muy pero que muy lejos de ser George Miller. Los efectos digitales, limitados por un presupuesto de 55 millones de dólares, sorprenden en ciertos instantes. Pero eso en una peli que básicamente es efectos especiales en todo su metraje, resulta decepcionante.
Decepcionante resulta también Bautista, un actor que me cae realmente bien a pesar de sus limitaciones profesional y que aporta algo de simpatía involuntaria a su personaje con alguna que otra frase que intenta arrancarte una sonrisa: su gesto de desconcierto permanente es lo más cercano a humanidad que verás en la película. Con mi querida Milla Jovovich pasa lo mismo que con su marido y habitual compinche cinematográfico: llega hasta donde llega. Pero nos cae bien Milla. Que nadie hable mal de Milla.
Tú también ves que esto no funcion, ¿verdad?
La fotografía consigue transmitir la desolación de las Tierras Perdidas, y el diseño de producción es sólido, con escenarios que podrían haber servido de base para un videojuego de fantasía… si la historia no fuera tan torpe. Hay momentos que, para bien, recuerda alguna de las mejores ideas de Rebel Moon a nivel de diseño, e incluso a Warhammer 40.000. Además, hay pequeños detalles del relato de Martin que funcionan: la sensación de peligro constante, criaturas fantásticas y una magia que amenaza con romperlo todo y que no terminamos de entender muy bien cómo se cuela en este oscuro futuro de la humanidad aunque sospechamos que la radioactividad tiene algo que ver. Todo eso mola. Si la película se hubiera tomado en serio explorar ese universo, habríamos tenido algo realmente interesante.
Hay momentos que, para bien, recuerda alguna de las mejores ideas de Rebel Moon a nivel de diseño, e incluso a Warhammer 40.000
Pero los problemas superan a los aciertos. El guion es torpe, los personajes no tienen química y la historia termina enquistando un viaje muy aburrido: avanzar, matar, avanzar, matar… Sin ninguna tensión real. Jovovich y Bautista parecen completamente desganados por momentos, sin que ninguna interacción entre ellos funcione. Las escenas de acción pierden impacto por la edición apresurada y el abuso del croma. Desde desfiladeros imposibles en ciudades en ruinas a hordas de mutantes, todo es absurdo y ridículo, y la película no se molesta en hacer que tenga sentido.
Al final, Tierras Perdidas termina en el catálogo de Prime Video, un lugar que hoy es equivalente a los lanzamientos directos a DVD de antaño. Tierras Perdidas es un producto que nadie pidió y que seguramente olvidarás al día siguiente. Si eres valiente y no tienes nada mejor que hacer, que lo dudo, Tierras Perdidas puede ofrecerte un par de momentos entretenidos: un mundo postapocalíptico con hechicería, alguna pelea muy bien resulta (hay una realmente buena, hay que ser justos) y alguna idea interesante de universo. Pero tendrás que aguantar una trama torpe, protagonistas que no conectan, y la sensación de que todo podría haber sido mucho mejor.
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