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Más allá del videojuego: Mass Effect y el Racismo

Más allá del videojuego: Mass Effect y el Racismo

Por  /  27 de julio de 2016       
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Ya sabes de qué va Mass Effect. Una epopeya galáctica inolvidable, una saga donde nuestras decisiones importan y uno de los mejores RPG de acción de todos los tiempos. Pero, ¿te habías fijado en todo lo que se esconde en su interior? Habría espacio para un centenar de Más Allá del Videojuego sobre esta obra de BioWare, pero vamos a centrarnos en el tipo de mensajes que envía sobre la convivencia entre especies.

ADVERTENCIA Este artículo NO contiene spoilers importantes sobre la saga Mass Effect, pero sí algunos menores que no entorpecerán el disfrute de la trilogía.


Una de las cosas más inteligentes que hace Mass Effect como saga es la de colocar a los humanos a un lado. Sí, huelga decir que el protagonista es humano, sin embargo en muchas situaciones de la serie, éste en particular y los hombres en general se encuentran en franca desventaja como pertenecientes a esta especie, y esto condiciona la narrativa de la franquicia de BioWare. La trilogía completa es la historia de un crisol de especies y de cómo su convivencia no sólo es tan dificultosa como la de cualquier conjunto de seres donde hay tantas diferencias sino que, en este caso, tiene una supervivencia que pende de un hilo ante una amenaza mucho mayor. Este desafío de titanes obliga a la creación de un equipo de criaturas muy diferentes y provenientes de sitios muy distintos y que, por supuesto, encabezamos nosotros.


¿Significa esto que esta sea una historia de confraternización entre seres diferentes? Sí, pero esto no es una película de Disney. En nuestra mano, y la de nuestras decisiones, queda que el proceso sea más o menos armonioso, no obstante hay que tener en cuenta que las fricciones siempre van a estar presentes y que a parte de los personajes de moral inmaculada o maligna, hay una escala de grises monumental que es la que de veras enriquece la paleta de la epopeya espacial del Comandante Shepard. Los creadores de marcas tan importantes como Dragon Age, Caballeros de la Antigua República o Baldur’s Gate han destacado siempre por tratar sin tapujos temas espinosos y, en esta ocasión, se han volcado en ofrecer una visión sobre el racismo trasladado a la ciencia ficción como fábula de nuestro tiempo. Ha habido grupos de personajes en la mayor parte de la obra de este estudio canadiense y en todos ellos se han tratado temas en cuanto a la discriminación por las diferencias étnicas o de orientación sexual, pero nunca en el primer campo con la profundidad y las posibilidades que permite una oda a la exploración de otros mundos como la que nos ocupa. Todo un campo virgen para relatos de este perfil.


El del racismo es un tema que ha preocupado siempre a la ciencia ficción y la fantasíaPor ejemplo, esto ya lo han hecho otras franquicias importantes de la ciencia ficción a lo largo del tiempo. Si tenemos en cuenta dos de los buques insignia en este campo, exceptuamos a una saga Star Wars que siempre ha tenido un toque más bien naif en cuanto a temas adultos como estos, tanto Star Trek como Galactica se han volcado en un tratamiento que es fundamental de cara a entender los dilemas a los que se enfrenta Shepard a menudo, y que resultan fundacionales para los Mass Effect. El caleidoscopio de especies que es la primera serie está trufado de desconfianzas y prejuicios por parte de unos y otros con ejemplos como el de los romulanos perpetuamente enfrentados con los vulcanianos, los bajoranos contra los cardasianos… y con un sinfín de pequeñas historias derivadas de estas confrontaciones, en ocasiones intangibles y en otras que se resuelven con el siempre primal "algo más que palabras". La segunda, por su parte, lo ha tratado con sus recelos y confrontaciones constantes entre humanos y cylon, a cuya existencia cibernética los primeros se refieren como “tostadoras”. Ese tipo de discriminaciones despectivas abundan en relatos de este perfil, y basta con recordar que era con el término "pellejudos" como se refería el viscoso, xenófobo (¿androidófobo?) y desagradable comisario Bryant a los replicantes de la imprescindible Blade Runner. Pero el del racismo es un tema que ha preocupado siempre a la ciencia ficción y la fantasía, y así lo demuestran parábolas formidables como El Planeta de los Simios, X-Men y tantas otras.


Porque claro que hay racismo en Mass Effect, y lo hay porque en la vida real también existe. Como decimos, a menudo la ciencia ficción es un reflejo mejor que obras de carácter realista sobre los problemas que asolan la vida contemporánea, y en ese sentido la saga de BioWare aborda muchísimos conceptos importantísimos, pero quizá el de las discriminaciones por las diferencias en la piel sea uno de los más profundos y arraigados. No en vano el universo del videojuego, en sentido literal y figurado, es un auténtico crisol de especies diferentes que actúan a modo de representación del mundo en el que vivimos. Lo bueno del título, de la serie de títulos más bien, es que nos plantea todas estas situaciones para que seamos nosotros quienes deciden cómo van a desarrollarse. ¿Recuerdas que en un momento determinado de la primera entrega se nos presenta la posibilidad de acabar de un plumazo con una especie entera? Así de serio es todo esto.


De hecho, algunos de los mayores horrores xenófobos de Mass Effect los puede pergeñar el propio Shepard bajo nuestras órdenes. Abundan en internet increíbles demostraciones de cinismo y deliciosa vileza virtual con incluso recomendaciones de qué tipo de decisiones ir tomando en los distintos nudos de elecciones que atesora la saga en cuanto a provocar el daño máximo en todos los que nos rodean. Con la verdadera posibilidad de salvar el universo, sí, pero dejando un reguero de canalladas que nos hace dudar si realmente acabar con la amenaza de los Segadores justifica el museo de los horrores que podemos provocar. Algunas de las quejas de los aficionados sobre los distintos finales de Mass Effect llegaban a poner en cuestión si realmente la saga nos daba tanto control sobre lo que estábamos haciendo. Una afirmación sorprendentemente corta de miras e incapaz de entender que el viaje de nuestro comandante es el de una trilogía entera, y no sólo el de esa recta final que BioWare, cediendo ante las presiones, se vio obligada a cambiar. El caso es que nuestro equipo podía ser blanco e inmaculado como el de un grupo de superhéroes de tebeo, gris como los seres humanos del mundo real o, por último, negro como la oscuridad que se cierne sobre la galaxia antes de nuestra intervención.


Y es que incluso en nuestro equipo hay personajes de moral confusa. Ashley es un secundario creado para ser deseable si profundizamos en su psique, incluso protagoniza una de las posibles subtramas románticas del videojuego, sin embargo en términos de relación con otras especies es un personaje muy tajante en sus fobias y que puede provocar rechazo en el jugador sino se entra a fondo a descubrirla. Sería un poco estúpido decir que la coprotagonista es racista, porque al fin y al cabo no hablamos de razas, pero desde luego tiene una opinión muy formada sobre otras especies merced a un legado de su pasado… Y es la de querer tenerlas a todas principalmente lejos de la Normandía de una forma que roza la xenofobia. Si está en lo cierto con algunas de ellas no es objeto de estudio en este momento, básicamente porque se posiciona siempre de una forma muy poco receptiva con todas ellas así que es imposible que con alguna no acierte en sus recelos, pero lo que está claro es que pone en nuestro equipo una opinión confrontada al mensaje de sintonía entre seres diferentes que parece querer enviar el videojuego como conjunto. Su contrapunto es tan fuerte como necesario, puesto que con él BioWare ayuda a que entendamos lo frágil que es la alianza que encabezamos… Incluso a costa de convertir a ojos de muchos en indeseable a un NPC que puede acabar siendo fundamental para la saga si nuestras elecciones lo permiten. Hay también otros acompañantes que tienen una moral cuestionable en cuanto a otras especies, pero sus planes son mucho más enrevesados y a menudo están ocultos, con lo cual no entraremos a describirlos y evitaremos así spoilers.


Y si hablamos de fragilidad, lo hacemos a sabiendas de que en la trilogía hay mil y una balanzas de relación entre especies en un equilibrio perpetuamente quebradizo de las que dependen el destino de muchas otras. Algunas de ellas, eso sí, con representaciones de etnias y nacionalidades de nuestro mundo para fortalecer el impacto de su propuesta. Los Quarianos, por ejemplo, son una especie que guarda ciertas similitudes en su aspecto con los seres humanos, aunque con la cara cubierta y un misterioso look. Su retrato dentro del videojuego es la de una poco sutil representación de los gitanos, exiliados de su país Rannoch, sobreviven de forma nómada desplazándose por la galaxia en gigantescas flotas de navíos como los propios romaníes. Hasta tal punto es así que la actriz que doblaba al personaje, Ash Sroka, explica que en la descripción de lo que se necesitaba para su voz era "un acento parecido al gitano pero inidentificable". Aunque no es el único paralelismo. En cuanto a la voz de Javik se escogió a alguien con acento sudafricano, Ike Amadi, algo que encaja con la idiosincrasia del personaje. Por otra parte, y por quedarnos con un único ejemplo de las decenas que podemos encontrar, la persecución que sufren los monstruosos Krogan, y que desemboca en la humillante genofagia que trata de controlar su natalidad, guarda fuertes similitudes con algunos de los casos más sonrojantes de eugenesia que ha protagonizado el ser humano, esterilizando a etnias a comienzos del siglo XX incluso en países tan avanzados como Suecia.


Es de admirar la valentía de BioWare a la hora de llegar al límite de la confraternización que supone el proponer sexo entre especiesPero, y esto es lo genial de la IP al completo, en todo momento la decisión del destino de muchos de ellos queda en nuestras manos. Cosas tan pequeñas como el secundar o reprender los comentarios racistas de algunos miembros humanos de nuestra tripulación puede obrar pequeños cambios en cómo se comportarán éstos en el futuro, y al final hay decisiones tan importantes que pueden acabar generando tramas románticas con especies alienígenas. En un mundo como es el de los videojuegos en el que parece que los creadores tienen que estar pidiendo disculpas por prácticamente todo lo que hacen en cuanto se sale un poco de lo establecido, especialmente ante clases políticas y medios de comunicación retrógrados, es de admirar la valentía de BioWare a la hora de llegar al límite de la confraternización que supone el proponer sexo entre especies… Cosa que, por supuesto, levantó ampollas.


No obstante, al fin y al cabo son estos pasos los necesarios para la normalización de un universo complejo, profundo y de eminente convivencia entre seres diferentes como el de Mass Effect. No entramos en la forma de presentación de estas secuencias de índole sexual, todavía algo ingenuas y toscas en cuanto a puesta en escena, ni tampoco en si sería razonable que humanos y alienígenas tuvieran relaciones sexuales. Con lo que nos quedamos es que, una vez más, la decisión de la homogeneización de la tripulación de la Normandía, compuesta de muchas especies diferentes, es nuestra. Si queremos puede ser un equipo más o menos bien avenido que funcione como un reloj suizo y en el que haya espacio para la amistad o incluso el amor o, por el contrario, puede ser una versión de ciencia ficción de Los Doce del Patíbulo: Un grupo de canallas que desconfían entre ellos que, en cuanto pueden, buscan hacer la guerra por su cuenta y que destruyen cualquier esperanza futura de cooperación entre especies por sus obcecaciones por unas diferencias interespecies que sólo con nuestra intervención podemos ayudar a superar (de especies en el juego, y raciales para el interés del artículo como alegoría de nuestro tiempo).


Con la ciencia ficción en los videojuegos y, particularmente, en la saga Mass Effect hemos comprobado que ciertas cosas cambian. Algunos problemas de nuestro tiempo se resuelven y otros nuevos surgen en su lugar, mientras otros como los prejuicios y la discriminación hacia el que es diferente, sencillamente, se mantienen. Ojalá sortearlos fuera tan sencillo como elegir la opción de conversación adecuada.


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