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OPINIÓN

Con la marcha de Jeff Kaplan, Blizzard pierde a una leyenda y crecen sus problemas de imagen

Director de Overwatch, es uno de los creativos más queridos del estudio responsable de World of Warcraft y Starcraft.

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Overwatch

Me pregunto cuántas veces habré escuchado eso de "hi, this is Jeff from the Overwatch team". Con más de mil horas de OW a mis espaldas, supongo que unas cuantas. Y claro, al final uno se acostumbra y le coge cariño. Hasta que un día, chof: llega la noticia de que Jeff Kaplan deja Blizzard, así, sin más, y duele un poco. Por una parte, porque es una persona muy carismática que encaraba a la comunidad con el humor sutil que esperas de un profesor de universidad. Probablemente no haya más parodias de dinoflask ni respuestas a comentarios desagradables. Por primera vez en unos cuantos años, no le veremos comer galletas con leche junto a la chimenea por Navidad durante horas y horas, solo para reunir a su comunidad en un lugar de Internet donde pudieran hablar como una familia. Una pena.


Llega la noticia de que Jeff Kaplan deja Blizzard, así, sin más, y duele un pocoY no es que sea una hecatombe ni nada, porque noticias como esta son muy habituales en la industria del videojuego. A medida que unos proyectos terminan y otros comienzan, muchos creativos aprovechan la oportunidad de visitar otros estudios, de cambiar de aires. Unos vuelven a los equipos en los que se sienten como en casa, otros no. Es una industria viva, que respira y se mueve. Eso está bien, porque todos estaremos de acuerdo en que el estancamiento y la creatividad son conceptos que no se llevan bien. El problema es que Jeff Kaplan era una de esas personas que definen al colectivo, la filosofía y la personalidad de la empresa. A Blizzard Entertainment no le faltan talentos en absoluto, nadie duda que Overwatch 2 esté en buenas manos. Pero sin él, se pierde un poco de sentimiento y de personalidad.



De alguna forma, es como si Jeff Kaplan hubiera estado predestinado a acabar trabajando en Blizzard: lo fichó un compañero de su clan de Everquest -el MMO que podríamos considerar predecesor espiritual de WoW- que estaba trabajando en Warcraft III allá por el 2002, tras comprobar el talento que tenía confeccionando ideas y mapas para el juego que por aquel entonces era un simple pasatiempo. Por supuesto, la idea es que pusiese su granito de arena en el ambicioso proyecto clave de la compañía, World of Warcraft. Y en realidad, ese legado está ahí a día de hoy, es palpable. Si tienes un personaje de la Alianza, puedes dirigirte a Vega Tuercespina para jugar a una de sus primeras misiones, "Las verdes colinas de Tuercespina", donde recogemos una serie de cartas que cuentan la historia de un personaje basado en Ernest Hemingway. A nadie le gustó, porque involucraba ciertos elementos de aleatoriedad, pero no deja de ser una anécdota bonita, ¿verdad?


Jeff Kaplan es una de esas personas que definen a la propia compañíaEn cualquier caso, Blizzard encontró en Kaplan un creativo con mano para los MMO. O eso asumimos, porque terminó a cargo de OW y se dice que este nació de las cenizas del cancelado Project Titan, sucesor de WoW. De ese no sabemos gran cosa, claro, y ahora las miras más bien están puestas en Overwatch 2. No sé si ese saldrá bien o mal, ya iremos viendo con el tiempo. A juzgar por lo visto en la BlizzConline, diría que hay más motivos para confiar que para desconfiar. Lo que no me cuadra del todo es que en poco tiempo se nos vaya Ben Brode de Hearthstone, se nos vaya Mike Morhaime, y se nos vayan otros tantos más. Como decía más arriba, Blizzard tiene talentos de sobra, así como IP para subsistir. Le está yendo genial desde una perspectiva comercial, pero todos sabemos que algo falla internamente. Es una cuestión no monetaria, sino de imagen. Veremos.


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