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De genio de los negocios a villano: Bobby Kotick y los escándalos de Activision Blizzard

De genio de los negocios a villano: Bobby Kotick y los escándalos de Activision Blizzard

Por  /  30 de noviembre de 2021       
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Demostró una visión privilegiada para los negocios desde muy joven, se ganó el respeto y la admiración de sus socios llevando su compañía a lo más alto, y mientras tanto, la peor cara de la industria de los videojuegos se escondía tras su compañía. Sueldos astronómicos, políticas de austeridad para sus empleados y la mayor crisis institucional que hayan vivido los videojuegos.

La figura de Robert A. Kotick ha llegado a convertirse en la imagen de directivo de la industria del videojuego que encarna todas esas malas prácticas que durante años se han ido señalando por cada vez más trabajadores y con las que los jugadores no han dejado de verse escandalizados. El CEO de Activision Blizzard ha arrastrado un sinfín de casos terriblemente polémicos, desde una actitud empresarial agresiva para aumentar los beneficios, hasta el reciente torrente de denuncias y acusaciones que lo sitúan en el centro de una cultura laboral hostil y discriminatoria que habría gobernado la compañía durante años. Aunque Kotick lleva meses en boca de todos, no es la primera ocasión en la que ha ocupado las portadas, en algunos casos por llevar a la compañía a unas cifras récord que le han valido la admiración de sus socios, aunque en otros por haber conseguido muchos de estos grandes beneficios a costa de unas prácticas cuestionables con el consumidor y abusivas con sus trabajadores.


Bobby Kotick comienza una temprana carrera cuando se encontraba todavía estudiando historia del arte en la Universidad de Michigan. Kotick funda su propia empresa tecnológica en 1983, llamada Arktronics, y lo hace junto a su amigo y socio Howard Marks. La pareja de entusiastas representaba a la perfección ese ideal tecnológico de jóvenes prometedores creando una gran empresa de la nada, esa imagen que tantas veces nos han contado de jóvenes extraordinarios, emprendiendo en un garaje, aunque en esta ocasión, fue su habitación el lugar donde arrancarían el proyecto. Los comienzos de Arktronics estuvieron centrados en el desarrollo de software para Apple II. Kotick ya apuntaba alto y demostraba grandes dotes de gestión y promoción, habilidades que le llevaron a convencer a su amigo Steve Wynn, magnate hotelero y de casinos de lujo, para invertir 300.000 dólares en su todavía modesta empresa.


De genio de los negocios a villano: Bobby Kotick y los escándalos de Activision Blizzard

Su ambición no se limitaba a las finanzas, buscaba revolucionar el mundo del videojuegoArktronics crecía y su carrera en la industria resultaba prometedora, un sueño que lleva al joven Kotick a abandonar la universidad para centrarse de lleno en su empresa. Kotick se siente con fuerzas para dar este paso gracias a los consejos de Steve Jobs, quien había visto un gran potencial en su proyecto y su carrera, animándolo a romper con todo y perseguir sus sueños. Con Kotick plenamente centrado en el mundo empresarial, sus primeros pasos lo llevaron a buscar fórmulas para crecer como empresa, con un primer intento de adquisición de Commodore International. Su ambición no se limitaba a las finanzas, buscaba revolucionar el mundo del videojuego con conceptos tan interesantes como el que pretendía llevar a cabo con Amiga 500, a la que pretendía convertir en el primer sistema de 16 bits plenamente centrado en los videojuegos, eliminando su convencional teclado. Tras varias inversiones en la industria de los videojuegos, su gran apuesta llegó con Activision.


El nacimiento de Activision

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La historia de Bobby Kotick está íntimamente ligada a la de Activision, la desarrolladora y distribuidora californiana cambió las normas del juego a principio de los 80, cuando se posicionó como la primera desarrolladora de juegos third party para Atari 2600. El valiente camino abierto por Activision llevó a muchas otras desarrolladoras novatas a llenar las tiendas de juegos para consola de muy baja calidad, uno de los principales motivos que llevaron a la famosa crisis de los videojuegos de 1983.


Para la compañía, los efectos de la crisis fueron llegando años más tarde, derivado de una competencia que nacía en los almacenes, repletos de productos sobrantes de las desarrolladoras en quiebra, que llenaban las tiendas a precios de saldo. Activision terminó sufriendo esta competencia, acabando en una situación crítica y viéndose obligada a reducir su plantilla a una cuarta parte en muy pocos años. Para salir del atolladero, la empresa optó por diversificar sus productos, pasando a trabajar para ordenadores domésticos y adquiriendo Infocom.


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A la crisis económica se sumó una crisis de liderazgo en la compañía, con cambios entre los directivos al mando y expandiendo todavía más sus productos, en una arriesgada apuesta por el desarrollo de programas comerciales con software para empresas. Los distintos grupos dentro de la compañía dieron lugar a Mediagenic, con Bruce Davis al mando, quien no consiguió que la empresa fuera rentable, llevándola a una situación de quiebra y acumulando más de 60 millones de dólares en deuda.


Kotick había realizado varios intentos de introducirse en la industria de los videojuegos y la crisis del videojuego se presentaba como una gran oportunidad. La filosofía de Kotick era la de ahorrarse una gran inversión y reducir el tiempo para cosechar una reputación en la industria gracias a la adquisición de alguna empresa famosa en horas bajas. De esta forma, Mediagenic se presentaba como una gran oportunidad, gracias a los activos que poseían de la marca Activision, donde juegos como Pitfall seguían siendo recordados como grandes éxitos del pasado. En un inteligente movimiento de Kotick, adquirió Mediagenic, junto con un grupo de inversores por aproximadamente medio millón de dólares, un precio muy inferior al que el grupo valoraba la empresa.


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Tras hacerse con Mediagenic, ya como CEO de la empresa, comenzó una agresiva reestructuración que acabó con la mayoría de empleados despedidos. A Kotick no le temblaba el pulso para acabar con la mayoría de su plantilla, algo que seguiría demostrando durante toda su carrera. Los planes de Kotick buscaban aprovechar las licencias de publicación en consolas de Sega y Nintendo, la reedición de antiguos juegos para consola y la recopilación de algunos de los éxitos de Infocom para ordenadores. En apenas un par de años y tras recuperar el nombre de Activision, la empresa se encontraba superando la quiebra, con una fuerte salida en bolsa y para 1997, Kotick había cumplido con todos los objetivos de los inversores y lideraba una empresa rentable.


Paliar el enfriamiento de sus sagas más exitosas, algo que se convirtió en un objetivo prioritarioDesde ese momento, los planes de Kotick pasaban por la expansión y adquisición de nuevos estudios de desarrollo, sumando a Neversoft, Raven Software, Infinity Ward, Treyarch y los artífices de dos de los grandes éxitos de la compañía: RedOctane con Guitar Hero y Toys for Bob con la saga Skylanders. Kotick, aunque satisfecho con los éxitos cosechados, buscaba entrar en el negocio de los juegos online masivos, un modelo de negocio que le resultaba muy interesante, ya que no dependía tanto de las ventas iniciales de un juego que se desarrollaba durante años, sino que permitía un modelo de beneficios constantes y mantenidos en el tiempo. Kotick fijó rápidamente su mirada en Vivendi, el conglomerado propietario de Blizzard y Sierra. Contar en la cartera de Activision con un título como World of Warcraft podía paliar el enfriamiento de algunas de sus sagas hasta ahora más exitosas, algo que se convirtió en un objetivo prioritario para Kotick, llevándolo a aceptar una fusión que, le restaba poder ante un Vivendi que se convertiría en el accionista mayoritario de la nueva empresa. Esta fusión dio lugar a la actual Activision Blizzard, una colosal compañía que llegó a superar en valor a su principal competidor, Electronic Arts.


La política de austeridad de Kotick

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Las políticas para limitar el gasto de Kotick siempre le han llevado a estar en el centro de la polémica. Como recoge Kotaku, a finales de 2009, Kotick declaraba sentirse orgulloso de "quitarle toda la diversión a la creación de videojuegos" consiguiendo cultivar una "cultura del ahorro" en Activision Blizzard. Por supuesto, esta política de austeridad no ha afectado a Kotick, llegando a tener un salario base de más de 200.000 dólares de 2008 a 2009. Este funcionamiento se ha mantenido en Activision Blizzard hasta la actualidad, con Kotick embolsándose grandes sumas de dinero en bonus mientras en la plantilla se realizaban recortes en base a esa política de ahorro. Quizá el caso más sangrante lo vivimos en 2019, en el informe de Kotick para los accionistas, el CEO presentó unos resultados financieros récord para Activision Blizzard, consiguiendo hacer de 2018 el mejor año de la historia de la compañía. Pero aquello que debía ser un motivo de celebración, se convirtió en un drama cuando el CEO confesó que estas cifras récord irían acompañadas de un masivo recorte de plantilla, con casi 800 personas despedidas en un ajuste del 8% del personal total.


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Aunque los despidos no acabarían aquí, ni tampoco las ganancias estratosféricas de Bobby Kotick. Este mismo año, Activision Blizzard volvía a realizar ajustes en su plantilla, con más de 50 empleados despedidos, en una restructuración que buscaba de nuevo reducir costes tras una pandemia que les había permitido depender menos de los eventos en vivo. Mientras tanto, los beneficios de la compañía derivados de la pandemia impulsaban las acciones de Activision Blizzard un 66% en 2020, llevando a Kotick a percibir un total de 200 millones de dólares en recompensas acumuladas desde 2017.


Los elevados bonus de Kotick han sido duramente criticados por buena parte de los accionistas de la compañía, reclamando medidas para limitar las recompensas del CEO, a las que según The CtW Investment Group, tendría acceso independientemente de si realmente llega a conseguir los objetivos marcados. Además de los vacíos legales en las cláusulas de contrato de Kotick, el CEO también se beneficia de situaciones ajenas a su desempeño, tal y como se dio en el ejemplo de la pandemia, cuando el interés por los videojuegos aumentó sin que ello tuviese que ver directamente con una buena gestión de Kotick.


De genio de los negocios a villano: Bobby Kotick y los escándalos de Activision Blizzard

Los ingresos de Activision Blizzard crecían cada año y con ellos, los de su CEOLos despidos en la compañía no han dejado de sucederse en años de beneficios récord, así como el cierre de algunas de sus sedes en distintos países, mientras Kotick se convirtió en uno de los directivos mejor pagados no solo en el mundo de los videojuegos, sino de la industria del entretenimiento. Las políticas de austeridad de Kotick han provocado un descontento generalizado entre los empleados de la compañía, con constantes protestas por una dramática situación salarial. Algunos de los empleados de Blizzard veían como su salario se había ido reduciendo a lo largo de los años, conforme Kotick conseguía más poder en la compañía. En documentos presentados por los trabajadores, hablaban de problemas para llegar a fin de mes, mientras veían como los ingresos de Activision Blizzard crecían cada año y junto a ellos, los de su CEO, Bobby Kotick. La situación llegó a ser tan grave para buena parte de la plantilla, que desde 2018, algunos empleados confesaban tener que saltarse las comidas al no poder permitirse un almuerzo en la cafetería de la compañía. Las prácticas de Kotick con los trabajadores de Activision Blizzard le han llevado a ser señalado por distintos grupos y organizaciones.


Uno de los más contundentes llegó de Game Workers Unite, el colectivo internacional de desarrolladores de videojuegos, que movilizó una petición de despido para Bobby Kotick, mientras acusaban al CEO de "robar, en lugar de liderar", en referencia a las abultadas recompensas económicas percibidas tras el despido masivo de 2019.


La crisis de los abusos y la cultura tóxica en Activision Blizzard

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Los primeros problemas legales de Kotick relacionados con el acoso sexual llegaron en 2007, cuando el CEO, junto a Andrew Gordon de Goldman Sachs, formaron Cove Management, una compañía creada para administrar un jet privado del que la pareja era copropietaria. Contrataron al piloto Phil Berg y a la actriz Cynthia Madvig como azafata de vuelo. Madvig denunció varios episodios de acoso sexual a la que Berg la habría sometido y Kotick respondió despidiéndola bajo el supuesto pretexto de haber provocado un ambiente hostil entre ellos. Este despido derivó en una larga batalla legal en la que Kotick se negaba a compensar de ninguna forma a Madvig, mientras la factura de su defensa en la corte disparaba la cuenta de los abogados, algo que provocaría un segundo conflicto legal para el CEO. Finalmente, Kotick zanjó el asunto llegando a un acuerdo con Madvig, mientras perdía la batalla frente a su antiguo abogado por más de 1,42 millones de dólares en honorarios legales adeudados.


Sin embargo, la bomba explotaría en julio de este mismo año, con la demanda del Departamento de Vivienda y Empleo Justo de California, que apuntaba a una cultura laboral discriminatoria y tóxica hacia las mujeres de la empresa. La demanda llegaba tras dos años de investigación que documentaba reiterados casos de vejaciones y acoso hacia las mujeres de Activision Blizzard, en un marco de desigualdad de género. La demanda apuntaba hacia una discriminación salarial y por embarazo, en una compañía donde ascender resultaba mucho más complicado para las mujeres que para sus compañeros varones. Entre las muchas acusaciones realizadas por el Estado de California, se hablaba de una "cultura de fraternidad", que describiría algo similar a lo que hemos podido ver en películas americanas, donde jóvenes universitarios forman parte de una hermandad, se emborrachan y realizan abusos bajo una cultura tóxica y protectora para los agresores.


Esta filosofía habría estado presuntamente instaurada en Activision Blizzard desde hace años, con miembros masculinos de la compañía emborrachándose para después gatear entre los cubículos donde trabajaban sus compañeras, teniendo que soportar numerosas conductas inadecuadas. Estos comportamientos estaban acompañados de insinuaciones, tocamientos y toda clase de episodios de acoso sexual.


J. Allen Brack. Foto: Activison Blizzard.J. Allen Brack. Foto: Activison Blizzard.

Lejos de implicar a unas pocas manzanas podridas, la demanda señalaba un problema sistémico que llevaría a muchos de los empleados masculinos a depositar la mayor carga de trabajo en sus compañeras femeninas, mientras ellos llegaban al trabajo con fuertes resacas o pasaban las horas jugando a videojuegos. El documento también recogía situaciones tan trágicas como la de una empleada que se quitó la vida durante un viaje de la compañía. Esta habría mantenido una relación con uno de sus superiores de la compañía que, tal y como recogía la fiscalía, habría terminado con fotos privadas circulando entre los trabajadores y un acoso sexual reiterado durante una de las fiestas de Activision Blizzard.


La demanda señalaba un problema sistémicoLa primera respuesta de la compañía ante las acusaciones fue la de negar los hechos, por medio de una carta firmada por Fran Townsend. Una reacción que los trabajadores tomaron como un insulto, organizándose para reunir cerca de mil firmas de empleados de Activision Blizzard en una carta en respuesta a la compañía para reafirmar los abusos. Mientras tanto, Kotick, junto al presidente de Blizzard, J. Allen Brack, intentaban reforzar su posición ante los empleados prometiendo cambios profundos en la compañía que sirvieran para acabar con los comportamientos inadecuados. Días más tarde, Kotick escribiría una segunda carta hacia sus empleados, intentando rebajar las críticas, mientras cargaba contra la primera respuesta firmada por Townsend, a la que tildaba de insensible y fuera de lugar. Este movimiento de Kotick reforzaba su figura como el líder que debía resolver los problemas de la compañía, mientras servía para apagar algunos fuegos que se extendían a través de revueltas entre sus empleados y llamadas a la huelga.


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Los escándalos no dejaron de sucederse, con episodios como el de la Comic Con de 2013, donde la habitación de Alex Afrasiabi, director de World of Warcraft, habría servido para que otros empleados intentaran llevarse allí a mujeres ebrias. Este episodio fue bautizado como la "Cosby Suite" por las fotos que los empleados se hicieron en la habitación junto a un retrato de Bill Cosby, el antiguo humorista que fue condenado por drogar y abusar de varias mujeres. Cuando estos casos salieron a la luz, la compañía confirmó el despido de Afrasiabi, que habría tenido lugar en 2020 a propósito de esta clase de comportamientos.


Mientras Bobby Kotick se reafirmaba en su intención de limpiar la compañía y tomar medidas contra todo el que obstaculizase la investigación por los casos de abusos, el Estado de California volvía a acusar a Activision Blizzard, esta vez por destruir pruebas e interferir en la investigación, unas acusaciones que se mantendrían durante meses, y donde el Departamento de Vivienda y Empleo Justo de California señalaría directamente a acuerdos con la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo de Estados Unidos que permitirían a la compañía destruir pruebas en su contra en los casos de abusos.


Jen Oneal. Foto: kuaippy.comJen Oneal. Foto: kuaippy.com

Activision Blizzard pasó a renovar algunos cargos importantes implicados en los escándalos, sustituyendo a J. Allen Brack como presidente de Blizzard y poniendo en su lugar a Jen Oneal y Mike Ybarra como codirectores de la compañía. El cerco se estaba cerrando alrededor de Kotick, con la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos iniciando su propia investigación sobre la compañía y su cultura tóxica, citando a Kotick para aclarar su responsabilidad en la crisis, para así resolver si el CEO conocía los casos de acoso y si falló a la hora de informar a sus inversores.


Las demandas continuaban llegando, con una tercera proveniente de un organismo oficial estadounidense, la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo. Esta llegó a imponer una sanción de 18 millones de dólares para crear un fondo en el que se compensará a los trabajadores afectados por los casos de abusos, una sanción que levantaría polémica al compararse con las astronómicas cifras que Kotick y Activision se estaban embolsando anualmente. En medio de este clima convulso, la recientemente ascendida, Jen Oneal, abandonaba la compañía con un comunicado en el que hablaba de nuevos proyectos y donde descarta cualquier relación con la crisis dentro de la compañía, mientras, Bobby Kotick ponía en marcha una campaña para mejorar la imagen de la compañía, estableciendo un completo plan de tolerancia cero con el acoso, cambiando buena parte del contenido de algunos juegos para evitar cualquier relación con los implicados en los casos de abusos y comenzando una ola de despidos disciplinarios que afectarían a más de 20 empleados acusados de mala conducta. Por otro lado, la compañía se esforzaba por acabar con el juicio por acoso presentando numerosos recursos legales.


La última polémica en Activision Blizzard

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La investigación de The Wall Street Journal recogía testimonios de mujeres que acusaban al propio Bobby KotickPese a que los sucesos en Activision Blizzard acechaban a Kotick, el CEO había conseguido situarse como una palanca de cambio para la "nueva Activision Blizzard", con toda una batería de nuevas medidas para impedir que estos casos volviesen a ocurrir, unas renovadas sensibilidades dentro de la compañía y una disculpa pública en forma de renuncia a sus bonus. Sin embargo, todo cambiaría tras un rotundo artículo de The Wall Street Journal, donde aseguraban que Kotick no sólo conocía los casos de abusos, sino que contribuyó a que perduraran. La investigación de The Wall Street Journal recogía testimonios de mujeres que acusaban al propio Bobby Kotick de malos tratos, tanto en el trabajo como fuera de él. Kotick era famoso por resolver las situaciones comprometidas de forma rápida y discreta, llegando incluso a amenazar de muerte a una empleada.


Las acusaciones hacia Kotick recogidas en el artículo contaban cómo uno de los responsables de Treyarch, Dan Bunting, habría sido denunciado por acoso sexual por una empleada en 2017. El departamento de recursos humanos de Activision, además de diferentes supervisores de la empresa habrían iniciado una investigación interna en 2019 que acabaría en una recomendación de despido para Bunting, recomendación que sería desoída por Kotick, quien intervino para proteger el puesto de trabajo del responsable de uno de los estudios tras numerosos Call of Duty.


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Junto a los casos de malos tratos y de protección de los acosadores, The Wall Street Journal expondría dos de los puntos más controvertidos desde el comienzo de la crisis de Activision Blizzard: la primera e insensible respuesta de la compañía, firmada por Fran Townsend y las acusaciones de discriminación salarial hacia las mujeres. El artículo de The Wall Street Journal mantenía que la primera respuesta de Activision Blizzard, donde la compañía negaba todas las acusaciones, había sido en realidad escrita por Bobby Kotick, estampando la firma de Fran Townsend como cara visible de una de las pocas mujeres en altos cargos de la compañía. Esta carta, escrita por el propio Kotick, habría servido para beneficiarse de una mirada más amable por parte de los trabajadores y del público, cuando posteriormente renegó de ella con una segunda carta, esta vez sí, asumiendo las acusaciones y firmada por él.


Mientras la junta de Activision Blizzard cerraba filas la compañía mantenía una fuerte caída en bolsaSobre la discriminación salarial, el artículo describía una cultura tóxica contra las mujeres que vendría fomentada por la propia compañía, destapando situaciones tan flagrantes como la de Jen Oneal, que habría estado percibiendo un salario inferior al de su compañero por realizar el mismo trabajo, algo que, al parecer, era una situación habitual dentro de la empresa. Tras la publicación del artículo, Kotick preparó un vídeo para sus empleados en el que apelaba a su convicción para con la tarea de hacer de Activision Blizzard un lugar inclusivo y saludable. La presión recaía sobre Bobby Kotick y las miradas habían pasado a centrarse en su figura como la de quien había hecho posible esta situación que no sólo avergonzaba a la compañía, sino a toda una industria. Las tres grandes compañías de videoconsolas, PlayStation, Xbox y Nintendo se pronunciaban sobre el caso, mostrándose tan preocupadas como consternadas.


Estos tres nuevos actores se encontraban arrinconando a Kotick, mientras la junta de Activision Blizzard cerraba filas con el CEO a la vez que la compañía se mantenía en una fuerte caída en bolsa, algo que, poco a poco, conseguía alzar voces discordantes entre sus accionistas, que comenzaban a compartir las exigencias para sacar a Kotick de la compañía, sumando más presión a la que ya se encontraban ejerciendo los empleados.


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La realidad es que, pese a las pruebas, acusaciones y presiones, Bobby Kotick se ha encontrado muy bien protegido por unas cláusulas en su contrato que convertirían su despido en una millonaria indemnización, un riesgo demasiado alto ante unas pruebas que podrían no ser suficiente en un largo y costoso litigio por despido, de este modo, Kotick sigue en su puesto con unas promesas vacías sobre una supuesta voluntad de cambio para las políticas de la compañía que no convencen ni a los empleados ni a los mercados, habiendo realizado un turbulento viaje de genio de los negocios a villano de la industria del videojuego, que deja un inevitable sabor tan triste como amargo.


La figura de Bobby Kotick, aunque siempre había sido polémica ante los jugadores a causa de muchas de sus políticas económicas en los juegos, también había conseguido dar pasos en una dirección en la que todos los jugadores podían sentirse parte de la misma comunidad, donde la inclusión y la representación de distintas sensibilidades servían para darnos esperanzas sobre un futuro más amigable, un futuro donde los videojuegos eran de todos y para todos. Sin embargo, la actualidad ha conseguido romper un espejismo de amabilidad que ha destapado la peor cara de esta industria, y cómo algunos de nuestros juegos favoritos han sido desarrollados sobre el dolor y el sufrimiento de personas que han sido abandonadas y repudiadas. Un estigma que acompañará la carrera del ambicioso empresario y que quedará grabado en la historia de los videojuegos.


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